¡Viva México! Movimiento que hace vibrar la sangre

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Comunicarte es una acción complicada y compleja. Si hablas un idioma distinto a tu receptor la situación se convierte en un juego de caras y gestos, un desafío, y si hablas el mismo idioma eso no resuelve las cosas porque llegar a un consenso puede tomar años, y ese proceso puede terminar en catástrofes con símil atómico. Pero la danza es otra historia, es una acción con idioma universal que no se rige por fronteras geográficas, sino por sentimientos.

Ana Paula Cortés*/ A los 4 vientos

 CEARTE, padeciendo de una contagiosa fiebre causada por el orgullo de ser mexicano, trajo a los ensenadences una presentación de danzas regionales interpretadas por el grandioso Ballet Folklórico del municipio a cargo de Octavio Gutiérrez. La presentación fue realizado al aire libre, con un clima delicioso que hizo a la tertulia un evento aún más especial.

Y como cualquier catarro, el contagio comenzó poco a poco, primero con melodías clásicas de nuestra cultura que hicieron al corazón comenzar a temblar, para luego seguir con el show, el cual fue más colorido que una salsa bandera y con una pasión por parte de los bailarines que se podía sentir hasta el público.

Robos de novias durante zapateados, pantomima en su estado puro, cuchillos voladores, hurto de besos, balance de botellas de alcohol en la cabeza y faldas con vuelos que hacían los números musicales llenarse de remolinos de colores, pero el espectáculo no se detuvo en arte corporal.

Entre baile y baile, tiempo donde los artistas aprovechaban para cambiarse de ajuar, Jacky “la voz de Ensenada” deleitó a todos con canciones regionales, causando en el público la necesidad de aplaudir, cantar y emocionarse aún más para la re-entrada del ballet folklórico cuyo talento los ha llevado a presentarse en Europa y Asia en el 2016.

El mexicano, si bien apasionado, suele ser olvidadizo de sus raíces y amante del arte extranjero. Todos sabemos de la increíble fuerza y belleza de los bailarines rusos, del fenómeno que el riverdance resulta al ojo, del talento de los griegos para dar un espectáculo de lanzamiento de platos, y del ingenio de los coreanos al bailar con abanicos.

Mas nada puede compararse al golpe en el pecho que causa el ver los bailes de nuestros antepasados, de los fuego pirotécnicos que se sienten dentro y, como dice Octavio Paz en El laberinto de la soledad: estos como los “cohetes que tanto nos gustan, suben hasta el cielo, estallan en una explosión verde, roja, azul y blanca y cae vertiginoso dejando una cauda de chispas doradas.”

El sol y su calor se ocultaron tras el horizonte de cerros y matorrales de Ensenada pero con nosotros se quedó el calor en el alma, cortesía de Octavio Gutiérrez y su equipo de bailarines que cada año nos otorgan una razón más para celebrar el hecho de pertenecer a esta cultura con matices más variadas que un atardecer mexicano.

¡Viva México una vez más, cabrones!

 

* Ana Paula Cortés Ruiz es estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Baja California, actual practicante en 4vientos. Ganó tercer lugar en el concurso anual “El joven y el mar” en el 2010 y aspira a ser una escritor publicada. Ha colaborado en medios periodísticos como La Gaceta UABC y  escrito para Caracol: museo de ciencias y acuario cuentos inspirados tanto en la fauna y flora de la Baja California, como en la cultura y costumbres de la península.

 


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