¿Usted le cree a Lozoya?.. ¡Yo no!

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En nuestro país puede pasar todo y suceder nada. La pregunta obligada es saber si Emilio Lozoya forma parte de la selecta pandilla de cuates de la Presidencia, que junto a la nueva generación de jóvenes gobernadores,  resultaron los peores ladrones de la historia.

Álvaro de Lachica y Bonilla / A los 4 Vientos

Desde diciembre de 2016 una investigación realizada por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, sobre una red de sobornos instaurada en la empresa Odebrecht con sede en Brasil y que habría actuado de manera ilegal en doce países, por supuesto México incluido, ubicó a Emilio Lozoya como el receptor de un soborno de varios millones de dólares, en 2012 cuando aún era parte del equipo de campaña de Enrique Peña Nieto.

En Perú es encarcelado el pesidente Ollanta Humala, ucuasdo de corrupción vinculada a la petrolera Obedrech. Foto: youtube

Con esta investigación iniciada hace siete meses, se acreditó que la empresa había realizado sobornos a funcionarios públicos de 12 países, además de participar ilegalmente en procesos electorales con el fin de obtener contratos de gobierno. Estamos hablando de Angola, Mozambique, Colombia, Panamá, Guatemala, República Dominicana, Perú, Argentina, Venezuela, Ecuador, Estados Unidos y  México. En la gran mayoría de los países se realizaron investigaciones puntuales para esclarecer el caso. En Perú fue encarcelado el ex presidente Ollanta Humala, en Colombia, Ecuador y República Dominicana fueron procesados senadores y ex ministros, por solo mencionar algunos casos.

El ex director de Pemex, un junior de la política, llegó a los altos cargos de ahora porque, con dinero de sus padres, pudo estudiar en el extranjero, creció en las comodidades de los neoporfiristas y hasta su padre del mismo nombre figuró como presidenciable.

Nadie cree que este ex funcionario es inocente de haber recibido recursos de la empresa brasileña Odebrecht cuando era el organizador de las relaciones internacionales en la campaña presidencial del Revolucionario Institucional. Son contados con los dedos los que metan las manos al fuego por él. Pero debe haber más historia en esas entregas pues en el sexenio que vivimos los empresarios brasileños recibieron muchos contratos y sabían dejar encantados a presidentes de varios países latinos,  algunos con fama de honestos y hasta de izquierdistas, con mayor razón poner a bailar un tango a un junior que creció entre las costumbres negras de la alta burguesía.

Pero con todo y las acusaciones, la PGR lo cita y Lozoya y éste, más bien los regaña, ya que sólo  lo involucran en la publicación de un diario brasileño, pero no indagan cómo pagó al contado una residencia de más de treinta millones de pesos cuando empezaba el presente sexenio. Y apenas dejó la dirección de Pemex organizó varias empresas relacionadas con el petróleo.

El 14 de noviembre de 2012, cuando Odebrecht le habría entregado un primer pago de 40 mdp, el exfuncionario compró de contado una residencia en 38.1 mdp. Foto: Internet

Ya dejen de picarle los ojos a los mexicanos. Deben de existir muchos “loyolas” enriquecidos en Pemex y en otras obras públicas por las que se pagaron moches sustanciosos.

Nadie creemos  en la inocencia de Lozoya, pero entre tanto funcionario corrupto ahora parece un chivo expiatorio para no atacar la numerosa lista de deshonestos que en los últimos cinco años son muchos los mencionados y casi nadie los castigados.

Pero más allá de estos detalles y el amplio campo jurídico y judicial del asunto, el daño más grave es político. La cantidad de preguntas sin respuesta, son un  golpe directo a la cabeza del proyecto moralizante de un  gobierno acribillado desde hace mucho tiempo con acusaciones de corrupción generalizada.

La corrupción e impunidad se da en todos los niveles gubernamentales y estratos sociales: tanto el obispo como el gobernador, el empresario y el líder sindical, el policía y el hampón… En fin, un país sin justicia.

¿Cómo cambiar a México para ser un país de leyes? No es empresa fácil. Los ciudadanos exigimos a  los gobiernos acabar con la impunidad, alejarse de la corrupción, seguridad, eficiencia. En mi opinión, el cambio debe de venir de abajo hacia arriba: del ciudadano al gobierno. Más ciudadanía, más participación ciudadana en la cosa pública, de modo que haya una  restauración desde los cimientos mismos. 

El actor del cambio en México debe aparecer ya, de manera urgente, y éste será la sociedad, sus ciudadanos, no el gobierno. La corrupción se produce debido a un desequilibrio entre la habilidad y la capacidad de las organizaciones sociales para criticar, denunciar e influir sobre el comportamiento político de los gobiernos; y, por otro lado, la habilidad que estos tienen para esquivar la opinión pública y comprar conciencias y necesidades.

Los mexicanos estamos ofendidos, enojados, alzamos la voz para exigir un “¡Ya Basta al cinismo e impunidad!”: desde, ¡sí robé, pero nomás poquito!, hasta la lista de Odebrecht. Ni a Layín, autor de la frase ni a Lozoya, les ha pasado nada ni seguramente les pasará. 

Es urgente, porque es una demanda generalizada, que el Gobierno empiece por controlarse a sí mismo como fuente de ilegalidad, corrupción e impunidad, tarea sin la cual su legitimidad para exigir a otros nunca será reconocida ni verdadera.

Imagen de portada: Emilio Lozoya, negocios desde el poder. Foto. Apro (semanario Proceso)

ALVARO DE LACHICA* Álvaro de Lachica y Bonilla. Representante en Ensenada de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, A.C.

andale94@gmail.com

 


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