TRABAJAR A 45 GRADOS CENTÍGRADOS: EL INFIERNO EN LOS CAMPOS AGRÍCOLAS DE SAN JOAQUÍN

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En un campo cerca de Arvin, en el extremo sur del Valle de San Joaquín de California, docenas de trabajadores llegan a las 5:30 de la mañana. Ya supera los 80 grados Fahrenheit (26.6 centígrados), y a media tarde la temperatura superará los 114 grados (45.5), según mi iPhone.

 

 

Foto reportaje de David Bacon*

¿Es este calor normal? El sur de San Joaquín es una sartén desértica entre las altas Sierras y las cordilleras de la costa del Pacífico, cuyos ríos han sido desviados hacia proyectos de riego gigantes. Las altas temperaturas son la norma. En 1933 el termómetro alcanzó los 116 grados (46.6) el 27 de julio. El máximo de julio pasado fue de 112 (44.4 centígrados).

En el verano, los automóviles bordean los caminos rurales y las carreteras del valle, junto a campo tras campo. Incluso antes del amanecer, la gente fluye desde sus vehículos hacia las filas y las vides. Al comenzar temprano, los trabajadores agrícolas pueden obtener siete u ocho horas antes de que el calor alcance su punto máximo. La mayoría se dirigen a casa entonces, pero algunos continúan, a pesar de la temperatura.

Los trabajadores agrícolas en el Valle de San Joaquín no tienen otra opción que tratar el calor de una manera de hecho: trabajar durante el verano significa la supervivencia en el resto del año. El verano es la temporada con mayor demanda de mano de obra de campo, por lo que las personas se meten en las horas que pueden con la esperanza de ahorrar suficiente dinero para capear los meses en que el trabajo es escaso.

Es fácil recoger una bolsa de delicados pimientos pequeños en el supermercado, o levantar una sandía pesada de la papelera, sin pensar en lo que debe haber sido llevarlos del campo a la ciudad en el calor de este verano. Pero en California, los trabajadores solían morir a causa de ello.

En 2005, después de que cuatro trabajadores murieran por exposición al calor, California comenzó a exigir a los productores que proporcionaran agua, sombra y descanso adecuados. Pero en 2008, María Isabel Vásquez Jiménez, de 17 años, murió de trabajar en la cosecha de uva con un calor de 95 grados Fahrenheit (35 Centígrados). Eso condujo a normas más estrictas y a una mayor aplicación. Sin embargo, al menos 14 trabajadores agrícolas de California murieron de enfermedades relacionadas con el calor entre 2005 y 2015.

Un informe reciente del Centro de Agricultura y Sistemas Alimentarios de la Facultad de Derecho de Vermont, “Esencialmente desprotegido”, señala que solo California, Minnesota, Washington y, más recientemente, Oregón tienen requisitos que exigen protección contra el calor para los trabajadores agrícolas. No hay un estándar federal de calor, aunque los sindicatos han luchado por uno.

 

Un artículo de este año en el Journal of Occupational and Environmental Medicine advirtió: “Los trabajadores agrícolas inmigrantes a menudo sufrirán a través de [enfermedades relacionadas con el calor] en lugar de informarlo, ya que no quieren ser despedidos por ser percibidos como un mal trabajador, perder ingresos o defraudar a sus compañeros de trabajo, especialmente si se les paga por pieza en lugar de por tiempo”.

 

Sin embargo, a pesar del calor, los trabajadores inmigrantes en estas fotografías estaban en el campo, trabajando para proporcionar la comida para Los Ángeles, San Francisco y el resto de las ciudades de este país, con su sudor ganando el dinero que sus propias familias necesitan para vivir.

 

*Escritor y fotógrafo originario de California, Estados Unidos. Se ha dedicado a documentar las condiciones cambiantes en la fuerza laboral, el impacto en la economía global, la guerra, la migración y la lucha por los derechos humanos. Para ello, viaja con frecuencia a México, Filipinas, Europa e Irak. Además de defender los derechos de los migrantes, ha tenido parte activa en la creación de sindicatos en Estados Unidos. Fue presidente del consejo del Northern California Coallition for Immigrant Rights, fundador del Labor Immigrant Organizers Network y ahora es parte de Dignity Campaign. Ha trabajado también para la United Farm Workers, la United Electrical Workers y el International Ladies’ Garment Workers Unions. Pertenece al Pacific Media Workers Guild, CWA, y fue organizador del Bay Area Free South Africa Movement. Es autor de El derecho a quedarse en casa, así como de How Globalization Creates Migration and Criminalizes Immigrants, The Children of NAFTA y Communities Without Borders. Ha recibido numerosos premios por sus publicaciones y por sus fotografías.

Ensenada, B.C., México, miércoles 4 de agosto del 2021.

 


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Un comentario en "TRABAJAR A 45 GRADOS CENTÍGRADOS: EL INFIERNO EN LOS CAMPOS AGRÍCOLAS DE SAN JOAQUÍN"

  1. Gracias por la información. Desafortunadamente es la triste realidad de un sistema capitalista abusivo y disparejo. La contribución de cualquier fuerza laboral es muy importante para nuestra economía y sin esa mano de obra que la mayoría de las veces es ignorada, mal pagada y mal atendida, es la fuerza laboral que contribuye a qué millones de familias tengan comida fresca en sus mesas.
    Se debería de implementar un mecanismo económico para beneficiar a toda esa fuerza laboral escencial para nuestras vidas, deberíamos de pagar una pequeña contribución por cada libra o kilo que consumamos para el beneficio de toda esa gente que bajo mí punto de vista se lo merece. Nuestro sistema capitalista es bueno; lo malo de este sistema es el alto nivel de desigualdad para accesarlo.

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