“Soy Magdalena…la pecadora”, me dijo al oído

Comparte en redes sociales

Soy Magdalena, “la pecadora”, me dijo al oído mientras me daba un sendo abrazo. La conocí en un camión y le pregunté por la terminal Salitre de Bogotá, donde salen los buses para Cali. Platicamos unos minutos y al saber que soy mexicano mostró un interés descomunal y declaró que ella amaba a México y a los mexicanos. Fue entonces que se abalanzó cariñosamente. Yo me dejé apapachar y continuamos platicando hasta llegar a la parada. Se bajó con nosotros y nos guió por un par de puentes peatonales hasta la entrada de la Terminal. Se despidió de Yupanqui y se volvió a fundir conmigo en un abrazo, esta vez con más fuerza y cachondez. Antes de irse prometió ir a la función de “Insomnes” que daríamos el viernes en el teatro Barajas de Bogotá. Cuando se alejó, Yupanqui me reprochó mi pasividad y se burló durante todo el regreso hasta llegar al teatro. Toda la tarde no me la acabé con la cábula de Yupanqui.

Ricardo Hech Rivas /A los 4 Vientos

Al día siguiente la función fue un éxito. Fluyó, como dicen los del medio, “orgánicamente”. La calidez de los aplausos dieron pie a un debate maravilloso sobre la guerra y la paz en Colombia y se hizo un análisis profundo sobre los posibles escenarios de la coyuntura que hoy vive este país a propósito de la firma de la paz entre las FARC y el gobierno colombiano.

La parte de nuestra obra que habla de la historia de Ulises y su experiencia con la “guerra sucia” en México impactó a los colombianos por su similitud con su propia realidad.

Un sindicalista “metalero” (tiene su banda de metal) de la industria agroalimentaria, un viejo negrón luchador social de toda la vida y de una sabiduría profunda, un estudiante y dos mujeres nos dieron muestra de que no solo los cubanos tienen una capacidad retórica ilimitada, pues los colombianos no se quedan atrás en la profundidad y la vehemencia en el discurso. De repente un hombre que sobresalía por su atuendo negro de piel y sombrero norteño, también negro, de cuero, al estilo gatillero setentero de las películas de Mario Almada, pidió la palabra y dijo más o menos esto: “A mi me invitaron a una obra de teatro, no a hablar de la revolución y esas tonterías. Si me hubieran hablado para tomar las armas tal vez las hubiera sacado, pero creo que es mejor que nos dejemos de tonterías y hablemos de la obra”. Parecía que este personaje salido de un western mexicano iba sacar la fusca para plomearnos a todos. Al menos eso decían sus ojos.

Escena de Insomnes. Foto: muro de facebook de Hech Rivas

Finalmente optamos por no caer en la provocación y concluir el “conversatorio” (debate en colombiano) y mi querida Ligia me abrazó, el sindicalista, el luchador social afrodescendiente veterano de mil batallas, las mujeres… De reojo vi cómo el tipo de negro jaló con fuerza el brazo de una mujer que venía con él con un vestido negro y bajaron del escenario. La mujer se retrasó un paso, giró la cabeza y me hizo un guiño con el ojo derecho. De pronto la reconocí, ¡era Magdalena “la pecadora”! Iba muy elegante de modo que no la había reconocido. Yo me quedé un minuto helado. Yupanqui se acercó y me dijo: -¿Viste a la pecadora?-. Sí -le contesté-. Cumplió su promesa y no era mentira que amaba a “lo mexicano”, aunque fuera a través de uno de sus peores estereotipos, pues su hombre era una estampa estilo retro del norteño mexicano macho y gandalla.

Se veía hermosa, mucho más joven. Sus 72 años parecían a lo mucho 66. Así es la vida, la única mujer colombiana que posó sus ojos en mí se alejó arrastrada por su destino.

Imagen de portada: la actriz Mónica Belluci. Foto/internet- Vogue de España

Ricardo Hech Rivas Olivas. Estudió Historia en la UNAM y Teatro en el Centro Universitario de Teatro (CUT-UNAM). Es actor, escritor y se dedica a conseguir para sus clientes libros interesantes de todas las ramas de las ciencias y las artes, en ediciones originales, extrañas y hermosas. Radica en la CDMX


Comparte en redes sociales