Solo queda el 10% de los peces grandes que había hace 50 años

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Llaman a ciudadanos a emprender acciones para evitar extinción de la vaquita marina, convocatoria que en Ensenada, Baja California, se concretó en la instalación de piezas escultóricas relativas al grave riesgo de extinción que enfrenta la marsopa endémica del Mar de Cortez.

Pueden exigir a las autoridades que las personas que sean partícipes de la pesca, tráfico y comercio ilegal de la totoaba vayan a la cárcel, y con ello, evitar que entre las redes vaya atrapada la vaquita marina, dijo el investigador Rodrigo Medellín.

“Si pretendemos ser la voz de la vaquita marina, lo que ésta necesita son relaciones de respeto, de entendimiento, que son las que sostienen toda la vida, incluyendo la de los seres humanos”: presidente de The Wild Foundation.

Academia Mexicana de Ciencias / 4 Vientos / Foto principal: Activistas portaron la calavera de una vaquita marina para protestar por el fracaso del programa oficial de conservación de la marsopa bajacaliforniana (Cuartoscuro).

La obra “Vaquita Marina” que se instaló frente al histórico Ex Hotel Riviera de Ensenada, el pasado sábado 17 de febrero (Cortesía).

El mamífero marino más pequeño del mundo se encuentra hoy, más que nunca, en grave riesgo de desaparecer de nuestro planeta. Se estima que hay menos de 30 ejemplares habitando en el mar del Alto Golfo de California, México, cuando hace 20 años la población era de más de 800 ejemplares.

Ante este escenario, el pasado sábado 17 de febrero se realizó en la Ciudad de México una procesión, un recorrido en silencio para mostrar de manera simbólica respeto por toda la naturaleza.

En Ensenada, Baja California, con la misma meta y el mismo día de la marcha en la capital del país, el escultor Jorge Soto y un grupo de activistas a favor del ambiente y los recursos naturales de la península, entregaron a la ciudad la obra plástica “Vaquita Marina”, que representa dos de estas marsopas (madre y cría) en grave peligro de extinción.

Las piezas quedaron instaladas en el camellón central del bulevar costero de la ciudad de Ensenada, frente al edificio del Ex Hotel Riviera del Pacífico que es un inmueble patrimonio cultural de Baja California.

Destaca que la elaboración de la obra escultórica se logró gracias al apoyo económico de particulares, entre ellos la profesora jubilada Raquel Esther Manríquez quien anunció asimismo la terminación del mural del Ave “Playero Rojizo” y la reciente entrega a la ciudad de esculturas del borrego cimarrón, otro animal en peligro de extinción, y los murales El Oso Polar, El Hogar del Murciélago  y La Totoaba, en edificios de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), campus Valle Dorado y El Sauzal.

Mural “El Playero Rojo”, listo en Ensenada (Cortesía)

Rodrigo Medellín Legorreta, investigador del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y miembro de la Academia Mexicana de Ciencias, habló en la capital del país sobre las acciones que los ciudadanos pueden emprender para participar en la conservación de la biodiversidad.

Lo primero es considerar que todas y cada una de las formas de consumo de cada individuo cuentan, desde  un cóctel de camarón, hospedarse en un hotel, hasta el agua que cae de la regadera a la hora de bañarse. Todo tiene un impacto medioambiental.

La principal amenaza que enfrenta la vaquita marina es por su tamaño, por lo que cae fácilmente en las redes de los pescadores, a lo que se añade que en los últimos años ha aumentado la pesca ilegal de la totoaba, un pez endémico de México que también se encuentra en peligro de extinción debido a la alta demanda del consumo en Hong Kong y China de su vejiga natatoria, pues se cree —sin evidencia— que tiene propiedades medicinales.

Medellín Legorreta destacó que en este escenario “debemos exigir a las autoridades que pongan reglas claras y que cualquier persona que esté vinculada con su pesca ilegal, el comercio o tráfico de ambas especies vaya a la cárcel. Llevamos diciendo esto seis años y no lo hemos logrado”.

El alto costo de los mariscos en los mercados se debe a que solo queda el 10% de los peces grandes del mar de lo que había hace 50 años, y esto se debe en gran medida a que las formas de pescar no son las adecuadas; por ejemplo, por cada kilo de camarón se extraen 40 kilos de especies marinas que son devueltas al mar muertas, lamentó el investigador.

Vance Martin, presidente de The Wild Foundation, comentó sobre la posibilidad de perder especies en un corto periodo de tiempo.

“Trabajo alrededor del mundo y veo algo que es muy obvio y que los científicos llaman la sexta crisis de la extinción; está en todas partes, nuestra pregunta es ¿qué vamos a hacer?, ¿nos vamos a dejar llevar por una visión catastrofista o vamos a aprender de casos como la vaquita marina?”

Tímida, pequeña y evasiva, la vaquita marina es una marsopa endémica de México, cuyo nombre científico es Phocoena sinus. Esta especie que llega a medir 1.5 metros y pesar 48 kilos, está en peligro de extinción y para hacer conciencia de su valor en la vida del planeta se realizó una procesión en la Ciudad de México (Imagen: Pintura acrílica del artista William Sheperd).

Agregó: “El mensaje me parece es muy sencillo: faltan las relaciones, de la ecología hemos aprendido que todo está relacionado; si pretendemos ser la voz de la vaquita, lo que ésta necesita son relaciones de respeto, de entendimiento, que son las que sostienen toda la vida, incluyendo la de los seres humanos. La vaquita es una llamada a la acción, la llamada al corazón”.

En un manifiesto, publicado en la página procesionvaquita.org, y firmado por mexicanos y extranjeros, integrantes de la comunidad científica, académica y humanista, así como empresarios, representantes de asociaciones civiles, artistas y ciudadanos, se expresaron los objetivos de esta procesión: evitar la extinción de la vaquita marina y hacer un llamado para cambiar lo que como humanidad estamos haciendo mal con el planeta y para asumir la misión de proteger a las especies.

“Una criatura que ha vivido desde hace millones de años en el mar del Alto Golfo de California desaparecerá para siempre como resultado de la indiferencia y la ignorancia; la pesca y el tráfico ilegales; y la ambición del ser humano”, señalan los firmantes en el documento.

Entre los firmantes del Manifiesto están Miguel León-Portilla (Historiador), Guillermo Arriaga (Escritor, cineasta), José Sarukhán (Científico), Vance Martin (The Wild Foundation, Estados Unidos), Marínela Servitje (Promotora de espacios públicos), Manuel Arango (Empresario, filántropo), Federico Reyes Heroles (Escritor, politólogo) y Eduardo Matos Moctezuma (Arqueólogo).

Igualmente, George Schaller (Biólogo, conservacionista), Kristine Mcdivitt Tompkins (Conservacionista), Diego Prieto (Antropólogo), Lidia Camacho (Politóloga), Tanya Müller (Medioambientalista), Daniel Servitje (Empresario, conservacionista), Exequiel Ezcurra (Ecólogo, conservacionista), Ofelia Medina (Actriz, activista), Gerardo Ceballos (Ecólogo, conservacionista), y David Fernández Dávalos (académico).

Otros son Vicente Rojo (Artista plástico), Bárbara Jacobs (Escritora), Mario Lavista (Compositor), Manuel Felguérez (Artista plástico), Nuria Sanz (UNESCO), Viktor Elbling (Embajador de Alemania en México), Tania Libertad (Cantante), Ángeles Mastretta (Escritora), Patricia Rojo (Cirujano plástico), Lorenzo Rojas (Científico), Lorenzo Rosenzweig (Conservacionista), Vicente Quirarte (Poeta) y muchos más.

La extinción de la vaquita marina sucederá por la indiferencia, la ignorancia, la pesca y el tráfico ilegales (Cuartoscuro).

En la procesión, que partió del Museo Tamayo a las 10:00 horas del sábado 17 de febrero, los participantes caminaron por el Bosque de Chapultepec, a través de vallas conformadas por niños que resguardaron el recorrido, “en protesta simbólica por el mundo que los adultos les están heredando”.

La marcha terminó en el Museo Nacional de Antropología e Historia en donde se presentó Patricio Robles Gil, quien creó una escultura alusiva; un fragmento de la pieza se condujo durante la procesión para ser apreciada por los asistentes.

Para esta ceremonia se convocó desde un mes antes a crear altares en todo el mundo y ofrendas en honor a la marsopa endémica de México, cuyo nombre científico es Phocoena sinus, especie que llega a medir 1.5 metros y pesar 48 kilos.


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