SERVICIO PÚBLICO: El periodismo de investigación asfixiado en la telaraña de los likes y del poder

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Las telarañas de la comunicación social tendidas sobre reporteros y reporteras, en cantidad suficiente para mantenerlos ocupados, funcionan como una bóveda en la que queda poco oxígeno para hacer periodismo.

Carlos Omar Barranco Aguirre /A los 4 Vientos

Las agendas de los trabajadores de los medios están casi por completo ocupadas con ruedas de prensa y eventos oficiales, convocadas desde cualquiera de los ámbitos del servicio público.

Además deben sumarse las invitaciones de las organizaciones no gubernamentales que también necesitan exponer sus planteamientos ante la opinión pública, y no encuentran una mejor manera de lograrlo, que acudiendo a los representantes de los medios para venderles la idea de que sus anuncios o planteamientos son lo suficientemente interesantes para ser tomados en cuenta en las emisiones de noticias.

Cada uno se imagina su tema puesto a ocho columnas en el periódico del día siguiente o como nota principal en la emisión principal del telediario.

Ante un itinerario tan ocupado para los periodistas ¿quién tiene tiempo para investigar temas duros, posibles casos de corrupción política -tan de moda el término en el diccionario del Nuevo Amanecer- o para viajar a comunidades que están siendo asoladas por la delincuencia, entrevistar a sus pobladores y exponer su realidad ante los ojos el mundo?

Las oficinas de prensa envían boletines, fotos, archivos de audio y hasta vídeos de lo que hacen diputados, senadores, secretarios, directores, y por supuesto, gobernadores y el alcaldes.

Agobio. Imagen de internet

Es el mundo ideal para los políticos, hombres y mujeres del poder, hambrientos de likes, locos por el rating y la cobertura mediática.

Han olvidado el servicio al pueblo por la ambición del poder, y en el circo de la opinión pública, periódicos, sitios de internet, radiodifusoras y televisoras, les siguen el juego.

Ahí están los dueños de los medios a quienes el periodismo les importa un carajo, vendiendo publicidad oficial, enriqueciéndose a costa de mantener un modelo oficialista que no perturba a nadie, manteniendo condiciones laborales de hambre a sus reporteros. Ciegos de ambición, no ven la trampa detrás de la zanahoria.

Pero la función de difundir el discurso oficial, está siendo cubierta cada vez en mayor medida por las redes sociales.

Los medios tradicionales pronto se convertirán en chatarra inservible en las tareas comunicantes oficiales y no habrá clientes que los necesiten para posicionar su marca.

Cuando eso ocurra, el gran público ya no necesitará intermediarios y los políticos tampoco.

Sociedad y gobierno, representantes legislativos y votantes, están entrando a una nueva era de interlocución directa, en la que el engaño y la manipulación podrán hacerse en vivo y en directo, sin tener que pagar un solo peso.

Para asegurar el éxito de la encomienda, cada uno cuenta con su propio equipo de soldados computarizados, adoctrinados en las finas artes del Twitter y el Facebook, para multiplicar el mensaje.

Si los medios no cambian sus contenidos hacia el análisis y la investigación, se quedarán solos, sin público, sin likes, sin tinta, sin papel.

Foto de portada: internet (zenscribbles.wordpress.com)

* Carlos Omar Barranco Aguirre. Periodista. Licenciado en Comunicación Universidad Veracruzana. Diplomado en Nuevo Periodismo Iberoamericano ITESM y diplomado en Marketing Político en la Universidad Autónoma de Chihuahua. www.periodismodeverdad.wordpress.com


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