SALTO CUÁNTICO: Walking Dead

Hacer hasta lo imposible por tener el control de todo, asesinar y masacrar bajo la premisa de asegurar tener la mejor organización, la mejor estructura social y por supuesto, el mejor aparato de seguridad.

Imagen: VIX

José Luis Treviño Flores/ 4Vientos / Foto principal: Forbes

Los caminantes vagan por ahí, esperando devorar un poco de los vivos, no piensan, solo se rigen por impulsos básicos de locomoción y hambre. No ser zombi, es tan difícil como pretender no morir y resucitar como uno. Escapar de una horda hambrienta no significa nada cuando tu propia especie te arrebata toda posibilidad de salvación. La serie televisiva no está para nada alejada de la realidad, dependiendo del punto de vista del observador, cada grupo social dará a los muertos vivientes una connotación diversa. Exterminar no es posible, son millones de seres sin voluntad que no se detendrán ni para salvar su propio pellejo.

La moral ha dejado de ser el baluarte de cualquier conducta, observar cuerpos regados y masacrados por doquier, es tan normal y cotidiano como extorsionar, violar, vejar, mentir, robar. Aquellos que pretenden un rasgo humano ante la emergencia apocalíptica, son vistos como débiles e ineptos. Entre más sanguinario se es, mayor respeto se obtiene, el ojo por ojo y la ley del talión rigen toda decisión.

Muy parecidos (Imagen: Internet)

El ser humano al borde de la extinción, se niega a perecer sin dejar de depredar. Racionar, es tan complejo como pedir abandonar toda área de confort, perder todo no saca lo mejor de las personas, todo lo contrario. Dios deja de ser un punto de referencia y de apoyo espiritual, no hay espacio para el alma, la trascendencia de la misma se agota al revivir como un ente sin voluntad.

Imagina un minuteman estadounidense, apostado en una loma desértica al resguardo de matorrales apuntando con un rifle automático a migrantes latinos cruzando la frontera, él no observará personas, vera “zombis” invadiendo su territorio, entonces, armado y peligroso, tratará de exterminar lo que considera una invasión a su estilo de vida. No se detendrá, no entenderá razón alguna, ni siquiera intentará justificar sus acciones, para el minuteman es tan normal como pisar cucarachas.

Imagina una comunidad como la de San Salvador Atenco, cuando salió a exigir su derecho a coexistir, fue relegada a “una horda, una masa agresiva y absurda”, para Enrique Peña Nieto, Vicente Fox y la clase en el poder, los campesinos fueron sus “zombis”, jamás importaron sus vidas ni sus derechos.

Cada masacre justificada por intereses de cualquier índole, rebaja a los seres humanos a cosas, objetos sin valor, estorbos. La masa de migrantes cruzando por México, son muertos vivos para Donald Trump, no significan nada; y un López Obrador, que trata de enfocar un rasgo de humanidad en tan desesperadas acciones de personas que se desplazan por no poseer nada y haber perdido toda esperanza de vida, es criticado cual mandatario sin “cojones” por no contener, ignorar, reprimir.

Negan Trumpo. nada insólito (Imagen: CBR).

Donald Trump es el perfecto Negan, su discurso xenofóbico es su Lucille, en el cual se ampara cual frenético psicópata. No necesita un bate de baseball impregnado de púas para lastimar pueblos enteros con tan solo decidir poner barreras arancelarias, amenazar con intervención militar y por supuesto, el control de los recursos naturales de comunidades latinoamericanas que tratan de sobrevivir. Poner en jaque mediante el asesinato de personajes clave que han luchado por la emancipación de sus pueblos, como Cesar Augusto Sandino, Che Guevara y otros en su momento histórico. El vecino del norte asume el rol de Los Salvadores a través de la intimidación y el saqueo.

 En la exitosa serie existe un grupo denominado Los Carroñeros, la desesperante traición de éstos para con la comunidad de Alexandria es exactamente igual como cuando las oligarquías nacionales de ultraderecha, se unen para devastar todo intento de democratización aliándose con oligarquías superiores ante el temor de perder privilegios. Se agrupan, engañan, ponen imagen de tiernos corderitos y se visten con harapos de diseñador, mientras apuñalan por la espalda.

Ya algunos grupos conservadores iniciaron organizaciones de choque social para golpear a los migrantes y lograr rebajarlos a condición de muertos vivientes para deshumanizar su justo desplazamiento ante tanta miseria generada por un imperio cruel que ha exterminado los recursos naturales de los países de donde provienen, México no se queda atrás.

El personaje de Gregory, triste, gris, con una depurada demagogia, líder oscuro de Hilltop. Emula perfectamente al gobernador de Chihuahua Javier Corral, capaz de lamer la bota de quien lo llevó al poder, mientras permite muerte y devastación en su Estado. Hay muchos Gregorys, por todo el país, dispuestos a hacer lo que sea con tal de tener privilegios, poder no, seres así no ostentan poder alguno, ejecutan órdenes oscuras y son capaces de vender su propia dignidad a cambio de hacer perdurar regímenes neoliberales.

Carl y Rick (Imagen: El Mercioco).

El último aliento de Carl, hijo de Rick, protagonistas de la serie, estuvo dedicado a escribir cartas de reconciliación, reconciliación que no podría llegar sin más muerte y traiciones. El profundo deseo de todo ser humano de trascender pese a morir, queda en el testimonio de nuestras acciones. Aun con todo en contra, exige a su padre que perdone al más cruel de sus enemigos y trate de encontrar un punto de coincidencia en pro de la vida. Sublimar el más profundo odio en aras de un pueblo que se resiste a perecer bajo el yugo de Los Salvadores no será posible sin sacrificio.

México todo se encuentra en un Estado de posibilidad, con sus propios Carroñeros y Salvadores, los escritos y memorándums de reconciliación, la Cartilla Moral y las buenas intenciones del actual mandatario pueden quedar en el camino estéril si continuamos rindiendo tributo a quienes nos han humillado por décadas. Aun con todo en contra, si no logramos sacudirnos el vasallaje y el servilismo, daremos las armas necesarias a la ultraderecha para nuestra propia extinción.

La frustración y el coraje deben trastocarse en acciones inteligentes para una real emancipación. El amor por el otro, el humano por, sobre todo, la piedad sobre la ira.

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