SALTO CUÁNTICO: Vivir para trabajar, trabajar para mendingar

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“Los ricos no trabajan por dinero, hacen lo que les gusta hacer. Se dedican a un trabajo que aman y no viven esperando un merecido descanso o retiro pero trabajan apasionadamente hasta el final de sus vidas.”

Sunday Adelaja

Cuando estas viejo, ya no tienes fuerzas para pelear, cuando eres medianamente joven, piensas que tendrás fuerzas para trabajar toda la vida… Ellos lo saben.

José Luis Flores Treviño

Solamente cuando te encuentras en el ocaso laboral piensas en el tiempo trabajado y consideras que es muy justo retirarse a disfrutar de los años dorados; el problema es que tu dinero, aquel que se supone ahorraste, no existe o no existe mucho.

Te dicen que la edad de jubilación se extendió a casi 70 años porque según las expectativas de vida de los mexicanos, ésta es de 76 años, si bien te va. El punto no es llegar a poco más de 7 décadas; el punto es no cumplir 13 quinquenios y tener la angustia de no poder jubilarte porque no te va a alcanzar el dinero para una vejez digna, con salud y con la oportunidad de usar la sabiduría ganada y compartirla porque estarás más ocupado en sobrevivir que en vivir.

En el esquema global, los países desarrollados tienen una expectativa de vida, por ejemplo en Canadá, de 82 años. Pero la edad de jubilación es de 60, aun cuando puede comenzar antes y no esto es obligatorio. Amén de que los habitantes de esas naciones cuentan con un excelente plan de salud, poder adquisitivo y un sinfín de opciones recreativas, de ocio y la oportunidad de contribuir socialmente sin preocuparse por sobrevivir, ya que las necesidades básicas las tienen cubiertas.

Los programas sociales en México no están enfocados en la salud de la sociedad, están direccionados como muletas electorales cada periodo sexenal y cumplen objetivos de manipulación y abuso ante las necesidades básicas como si fuese una limosna del Estado para con los más desprotegidos.

Jubilados y pensionados, la humillación (Foto: Agencia MVT / Hernán Vázquez).

Un etnógrafo del cual no recuerdo su nombre, aseguraba que en la Sierra de Juárez, es decir los cerros alejados de la metrópoli fronteriza donde habitan personas que se encuentran en pobreza extrema, viven en casas de cartón y su única fuente de agua es un chorrito que se filtra entre las piedras y proviene de un extraño y pobre manantial, los niños con los que platicó le hablaban con asombro de “las luces de abajo” y le preguntaban qué había en ese lugar tan iluminado ya que nunca habían bajado a la ciudad.

De eso ya hace unos 20 años, cuando el PRI era amo y señor del país, sin muchas cortapisas y con un enorme control de los medios.

Lo menciono porque ha costado muchas vidas de comunicadores e investigadores evidenciar la horrible y cruda realidad de nuestro país. Hablo de que denunciar, exponer la injusticia social no ha sido tarea fácil para muchos periodistas o columnistas como éste humilde servidor. Estamos en hombros de gigantes que han abierto brecha en las redes y las plataformas para buscar la transformación de fondo y definitiva.

Ningún mexicano debiera llegar a la tercera edad y tener enfrente la incertidumbre de haber vivido, servido y no tener la certeza, la oportunidad de llegar a ser un anciano en plenitud.

Los años que debieran ser dorados, son humillados por un sistema conformado por políticos asesinos que han mantenido en las montañas, las selvas, los valles, los pueblos y las ciudades a niños como los de la Sierra de Juárez que no muy difícilmente llegarán a ser hombres y mujeres; muchos ni siquiera pasarán la adolescencia y por ello nunca vivirán en la vejez.

Mujeres pensionadas; la protesta (Foto. Revista Magisterio).

Víctor Hugo Rascón Banda, dramaturgo chihuahuense, planteaba la idea de enseñar en las escuelas el valor del tiempo y la edad; que los niños tuviesen la oportunidad de visionar el futuro para valorar su construcción; que obtuvieran las herramientas cognitivas para que exigieran mejores alternativas al llegar a la vida adulta.

Dijo: “Nos deben enseñar que la vida es breve. Cuando uno está a punto de irse se pregunta: ¿Cómo? ¿Esto es todo? ¿Cómo que la vida es un suspiro, una flor que se marchita? ¿Porque no me lo dijeron? Hubiera hecho todo lo que he soñado.”

En esta disyuntiva humana, inherente a nuestra propia condición, transitamos y es muy justo tener plena conciencia de la misma para encontrar los mecanismos adecuados; primero como individuos y después como entes sociales que estamos inmersos en un país que debiera tener un proyecto de nación, donde quepa la posibilidad de envejecer con dignidad y habiendo cumplido sueños y anhelos.

Finalmente, el ser humano como especie que tiene la capacidad de ser feliz, persigue siempre imaginarios de trascendencia. El problema es que un grupo de ladrones y mercenarios que promulgan leyes desde un congreso y un poder ejecutivo ruin, han convertido los imaginarios en pesadillas sociales que culminan en uno de los peores ocasos de vida humana, desechada e inmersa en una violencia sin precedentes, en un olvido mezquino sin posibilidades, con hambre, sin techo, sin salud, sin nada.

A diario mueren ancianos en los cruceros pidiendo limosna, debajo de puentes, “estorbando”, porque las nuevas generaciones formadas en un sistema egoísta e individualista neoliberal, asume que en la depredación está el futuro. No entienden que se trata de un plan maquiavélico desde el nuevo orden mundial de la utilización y el descarte del semejante.

“Y también los ancianos son abandonados, y no solo en la precariedad material. Son abandonados en la egoísta incapacidad de aceptar sus limitaciones que reflejan las nuestras, en los numerosos escollos que hoy deben superar para sobrevivir en una civilización que no los deja participar, opinar ni ser referentes según el modelo consumista de solo la juventud es aprovechable y puede gozar”

Papa Francisco

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