SALTO CUÁNTICO: “Oye Bartola, hay te dejo esos dos pesos…”

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“No hablamos solo de asegurar a todos la comida o un decoroso sustento, sino de que tengan prosperidad sin exceptuar bien alguno. Esto implica educación, acceso al cuidado de la salud y especialmente trabajo, porque en el trabajo libre, creativo, participativo y solidario el ser humano expresa y acrecienta la dignidad de su vida. El salario justo permite el acceso adecuado a los demás bienes que están destinados al uso común”

Papa Francisco

Sergio Ochoa Muñoz,  presidente de Desarrollo Económico del Estado de Chihuahua A.C. (DESECH), asegura que “no existen condiciones ni hay una plataforma industrial para incrementar los salarios mínimos”, dice también que por parte de la Coparmex, ve una ‘buena intención’  para subir de $80.04 a  $95.00 pesos diarios el minisalario de los trabajadores. [1]

José Luis Treviño Flores* / A los 4 Vientos

Para comprender bien el porqué los empresarios y el Estado mexicano comparten la misma opinión acerca de no subir los salarios mínimos más allá de una irrisoria cantidad que además de insuficiente es absurda, debemos echarnos un clavado (explicado de manera sencilla) a un concepto vigente pero sepultado en el mismísimo centro de la tierra: la plusvalía.

Antes de abordar el concepto en sí, aclarar: aunque Karl Marx acuñó el término en su máxima obra El Capital, el que no se utilice la palabra principalmente por intereses de índole político, económico o sindical no significa que la plusvalía haya dejado de existir, hoy más que nunca la plusvalía se encuentra inmersa en cada escondrijo legal de los procesos productivos capitalistas.

La plusvalía es, sin tanto rodeo, la ganancia que obtiene el capitalista con la venta de las mercancías producidas por el trabajador.

Tomando en cuenta que dichas mercancías se basan en la oferta y la demanda, sean éstas productos acabados, insumos, componentes, alimentos, etc., son también productos que los trabajadores consumen.

Ahora bien, como el trabajador no posee ningún medio de producción, su fuerza de trabajo también es una mercancía que al igual que los productos, deja una ganancia al patrón y quizás sea el producto que mayor plusvalía genera puesto que está sujeta a un régimen estándar de salario que ‘no puede subir’ a menos que las juntas patronales, léase Canaco, Coparmex y Canacintra, por mencionar algunas, junto a la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, que según la zona económica variaba la cantidad.

En la zona A, en 1993 el salario era de 14.27 pesos diarios; en el mismo año en las zonas B y C, 13.26 y 12.05 respectivamente. En 2017 la zona única es de 80.04 pesos al día. Apegándonos a la zona actual con la zona A de 1993, el salario mínimo ha subido tan sólo 65.77 pesos en 24 años.

Pongamos en la balanza otro ‘beneficio’ con el que cuentan los trabajadores además de su salario mínimo: las utilidades.

Cada año las empresas están obligadas al reparto ‘equitativo’ de dichas utilidades,  según la Ley Federal del Trabajo, una parte de las ganancias (plusvalía) deben llegar al trabajador.

En la industria maquiladora, al año, un obrero debe recibir una cantidad que, según las ganancias ‘reportadas’, oscila entre $1,500 a $2,500 pesos por trabajador, esto según la empresa donde labore. Tomemos la cantidad más grande, $2,500 dividido en un año son $208.33 pesos mensuales. Una empresa maquiladora llega a tener unos 1000 trabajadores, esto significa que debería repartir “utilidades” a sus empleados por 2 millones 500 mil pesos en un año de porcentaje ‘proporcional’ ; obviamente, ese monto nada representa para la empresa comparado con la  plusvalía real archimillonaria con la cual se queda el patrón.

¿Porqué es tan ‘complicado’ subir los salarios mínimos? ¿Por qué parece imposible que el poder adquisitivo de los trabajadores sea proporcional a las necesidades, no básicas, sino necesarias para un nivel de vida óptimo? ¿Cuál es la principal traba que impide una justa retribución al trabajo desempeñado?

Según Karl Marx:

“La alienación económica hace que el objeto producido no le pertenezca al trabajador sino a otro, creando con ello una escisión en la sociedad, dando lugar a dos grupos o clases sociales antagónicas: la clase oprimida que realmente produce las mercancías y la clase opresora que se apropia de ellas.”

Entonces, por muchas interpretaciones y justificaciones, que actualmente usan los economistas neoliberales para embonar a fuerza de conceptos macroeconómicos globales que ‘impiden’ incrementar los salarios argumentando una inflación galopante y burbujas económicas que a fin de cuentas queda todo en la simple y llena especulación.

Nada ha cambiado. La explotación sigue siendo explotación. Y los salarios sí pueden incrementarse, siendo el único ‘riesgo’ el que la clase trabajadora tenga acceso a una mejor salud, alimentación, calidad de vida, mejor educación, utilidades reales y equitativas.  Si esto sucediera, sin enmarcarnos (como algunos pueden pensar)  en un discurso encaminado hacia un estado socialista pero sí a un gobierno basado en justicia social, pondría en jaque a una oligarquía abusiva con riqueza obscena y a una clase política que se beneficia de los acuerdos salariales mínimos que siguen dejando a la clase trabajadora en una ignominiosa situación  y de fácil transporte a la extrema pobreza cuando se endurecen los precios de los alimentos y los energéticos,  también por culpa de reformas enfocadas a privilegiar a unos cuantos.

No se habla de quitar a los empresarios sus empresas, no se afirma que los bienes obtenidos mediante esfuerzo y trabajo de muchos años sean fragmentados en cooperativas, no, se habla de invertir en el capital humano de manera justa, porque en una sociedad donde la plusvalía se administra a través de programas y proyectos no sólo de salarios justos que permitan ciudadanos felices, productivos, enfocados en el engrandecimiento de su nación y sus empresas, sino de acceso a capital cultural que también fortalecería el mercado interno y la dignificación de México como un país  soberano, competitivo.

¿Se pueden subir los salarios? , siempre y cuando nuestra honorable oligarquía y nuestra corrupta clase política entiendan que ningún país ha dejado de estar en vías de desarrollo para alcanzar un nivel superior, si mantiene empobrecida a su población. Y por más que le apuesten a mantener un estatus basado en la completa desigualdad, llegan irremediablemente las condiciones precisas para estallidos sociales, empoderamiento de la delincuencia organizada, crecimiento de delitos del fuero común, asesinatos y una completa  descomposición social.

Apostarle a este esquema basado en la máxima explotación de los asalariados, termina siempre en la confrontación de clases antagónicas y el abismo de desigualdad conlleva a otra respuesta absurda: la represión, que los Estados fallidos ejercen cuando la ciudadanía comienza a organizarse y a exigir el irrestricto respeto a sus derechos y el trato humano que merece.

“Manifestación obrera”, de Ignacio Nuñez Soler (1960) Publicado en internet por el portal: Guarani.

“El derecho del obrero no puede ser nunca el odio al capital; es la armonía, la conciliación, el acercamiento común de uno y del otro.”

José Martí

[1] Extracto de entrevista publicada en el Diario de Juárez.

Portada: ilustración de Natalia Rizzo (publicada en internet/ La Izquierda Diario

* José Luis Treviño Flores, Coordinador Académico en el subsistema de secundarias.


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