SALTO CUÁNTICO: Los Cuatro Fantásticos (Meade, Anaya, Margarita y El Bronco)

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“Sin elecciones generales, sin libertad de prensa, sin libertad de expresión y reunión, sin la lucha libre de opiniones, la vida en todas las instituciones públicas se extingue, se convierte en una caricatura de sí misma en la que sólo queda la burocracia”

Rosa Luxemburgo.

Por supuesto que no iba a tardar mucho en salir del “closet público”, y es que es como el chiste del cómplice ignorante, todo mundo sabe que es cómplice, menos él. La reciente declaración de Ricardo Anaya donde expresa que “Lo que resta de la campaña no se ocupará en andar peleando con el PRI, estar abierto a construir una alianza con quien haya que construir para ganar está elección”

José Luis Treviño Flores/ A los 4 Vientos

Así o más claro, jamás de los jamases el muchachito pretencioso estuvo fuera del clan mafioso, nunca y como él mismo dice y reitera con su palabra favorita, ‘absolutamente’,  para toda afirmación recurre a dicho adverbio y es que en su ‘absoluto’ ego, tal como expresa reiteradamente en cada discurso, indica una desesperada actitud de aprobación constante a sus posicionamientos.

Los absolutos no existen en materia política, a cada paso devienen acuerdos, concertaciones y factores cambiantes en lo social, económico o cultural, absolutizar cada afirmación, promesa o intención, evidencia una marcada manía por el control. Y si de Anaya se trata, su carrera hacia la candidatura se cimentó en sus absolutos no, a cada allegado que fue desplazado sin dar tregua alguna. “Absolutamente nadie, ningún candidato tiene mejor propuesta que la mía, absolutamente no, absolutamente jamás lo haría, absolutamente sí, absolutamente, absolutamente.”

Cada vez que salga de su boca dicho adverbio hay que poner cuidado en los adjetivos que siguen, seguramente no habrá excepciones ni espacio a réplicas.

Ricardo Anaya, el panista y Antonio Meade, el candidato priista, aliados de facto junto con sus partidos sátelite de sus respectivas coaliciones electorales. Foto: internet/SDPnoticias

Meade por su parte en cada aparición dice: “Soy Antonio Meade, candidato a la presidencia”, o no lo puede creer o quiere convencerse del hecho, tal vez piensa que si no lo dice se esfuma. También recurre a retrospectivas abstractas, dado que su paso por la función pública es fantasmal, debe recurrir constantemente a “sus logros en materia económica” puesto que no se perciben.

Hagamos de cuenta que el oficinista se la pasó haciendo cuentas para el patrón, cuentas que nadie puede interpretar puesto que sólo benefician a alguien en particular, luego le piden al oficinista que explique el reflejo de alguna cuenta en concreto. No podrá porque nunca hubo aplicación tangible. Así Meade, no puede explicar ni justificar, mucho menos encontrar los miles de millones desviados hacia individuos ocultos en prestanombres, empresas fantasma o cuentas en paraísos fiscales.

Al oficinista le dijeron: ten tu parte y si las cosas salen bien, administrarás la oficina mayor y ya no tendrás que explicar nada.

El problema es que Antonio Meade es, (y recurriendo a la máxima de Anaya) absolutamente tecnócrata y como tal compulsivamente tiene la necesidad de explicar cada paso dado con su lista de instrucciones precisas, equivocadas, pero precisas. Por lo cual, al desangelado candidato le es imposible pretender ser quien no es. Toda su carrera esta basada en justificar y justificar el saqueo, entonces debe decir: “Soy Antonio Meade “ porque si no lo dice, olvidará las instrucciones de candidato.

Foto: internet/ Rubén Luengas

Margarita Zavala, pese a que cada caballero se abstiene de decir lo que realmente piensa de ella, por respeto dicen, porque es una dama. Dama o no, es candidata y como tal merece su tratamiento. Margarita no sabe lo que dice, ella piensa que de llegar a la presidencia administrará una casa con hijos y un marido borracho, a los que habrá de meter en cintura con buenos ejemplos moralizantes, yendo a misa y pedirles que ayuden a sacar la basura. Zavala nunca ha sido ama de casa aunque pretenda serlo, nunca ha sabido decir no, ella está casada con la moral católica de hasta que la muerte nos separe aunque me peguen. ¿Qué mujer progresista, liberada, emancipada, permite que su marido asesine, de órdenes de masacrar al pueblo y permanecer a su lado como si nada? Ella.

Así como vivió el rol de primera dama sumisa y ponle parche a cada atrocidad del marido, así gobernaría. No, ella es transparente y no representa a los millones de mujeres que están muy por encima de usos y costumbres que estigmatizan el rol femenino encarnados en Margarita. Las mujeres hoy, ya no se humillan ni aceptan como definitivos los designios divinos. El conservadurismo recalcitrante es un ancla social que no permite evolucionar y el sexo femenino debe caminar a la par del masculino con equidad y certeza de roles. Así que “Mague”, con todo el respeto que merece es como si quisiéramos que gobernara “la chimoltrufia” porque así con dice una cosa dice otra.

Jaime Rodríguez el llamado “bronco”, ni siquiera merece tanta atención, pero hay que darle su lugar en el clan de los “cuatro fantásticos de ultraderecha”. Jaime es “La Mole” pura fuerza bruta sin cerebro y mocha manos. Margarita la Candidata Invisible, Anaya la “Antorcha incendiaria absoluta”, (de petate) y claro, Meade es el “Señor Tecnócrata”.

Todos contra el insospechado Amo de las Encuestas, que les está fastidiando su laboratorio de fraude electoral.

Muy obvios, fáciles de caricaturizar y absolutamente ridículos y maniqueos.

“Esta es la vida real, y en la vida real, no siempre puedes ganar”.
Ralph el demoledor

Imagen de portada: Los cuatro fantásticos (internet: Academia C10)


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