SALTO CUÁNTICO: De ladrones y salteadores.

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“Contra el salteador, el cuatrero y el ratero hay la acción criminal. Contra el ladrón literario no hay nada y, además, el robado costea el precio de la magnesia para pagar la bilis que produce el despojo”

Ignacio Manuel Altamirano

Había en mi infancia un conocido ladrón, todo el barrio sabía que él era quien se robaba los tanques de gas, los perros, la ropa de los tendederos, los baldes para el agua que llenábamos en la pila comunitaria, pelotas, juguetes y lo que veía según él mal puesto.

José Luis Treviño Flores* /A los 4 Vientos

No es que se le tolerara, es que se normalizó su actividad delincuencial, también es porque pocos lo veían cometiendo el robo y cuando era pescado en el ilícito arrojaba lo robado y salía corriendo.

Nunca fue preso, nunca tuvo una denuncia interpuesta, jamás se le golpeó, mucho menos se le increpó. Él podía departir en la tienda de abarrotes tomando un refresco y un lonche de salchichón con chile curtido y güinis, nadie le decía algo, saludaba como si nada y lo peor, comía en la tienda misma de la que sustraía artículos diversos en un descuido del abarrotero o se iba sin pagar el lonche diciendo que a la vuelta.

Se sabía que era hijo de una conocida vecina que se beneficiaba de los robos, una señora malacarienta que bufaba al paso en lugar de saludar.

En éste país, nuestro barrio grande, sabemos igual quiénes son la pandilla que nos roba; sabemos dónde viven, salen en la tele y en las redes sociales. También sabemos qué se roban y cuánto. pero salvo rara excepción tampoco han sido llevados a la justicia. Son hijos de reconocidas figuras de ladrones igual y también le han puesto mala cara a sus conciudadanos.

Caricatura publicada en el Blog de Lerolico

Antes se escuchaba decir que “el PRI roba pero deja robar o comparte”, un dicho popular que se generalizó con la llegada de los gobiernos panistas, de los que a su vez se  dice que “todo fiscalizan como si fuera suyo y nomás ellos roban, nada comparten”. Ambas prácticas emanan de posturas populistas de campaña, donde el discurso asumido sataniza la repartición de “regalitos y sobornos populacheros” de uno y la “intachable moral, rectitud y vigilancia excesiva” del otro. Finalmente ninguno responde a las necesidades del desarrollo social y cada uno arremete a los recursos públicos desfalcos de dimensiones bíblicas, siendo los ciudadanos los únicos ignorados de la herencia y nunca nombrados en el testamento.

La rendición de cuentas no garantiza que al final de un mandato la rendición inicial se rinda a la última, por lo muy general, los funcionarios terminan enriquecidos y como propietarios de negocios y tierras o asociados con empresas extranjeras.

El ladrón de mi barrio murió ahí, nunca se fue y jamás visitó una cárcel, su hijo continuó con el legado y recientemente lo mataron. A diferencia de la clase política, salvo algunos que pagan el pato por robar poquito, por negociación o porque cayeron de la gracia del “espíritu santo”, pero la mayoría mueren felices, ricos y heredan la trayectoria de saqueo.

Caricatura de “Matador”, publicada en internet

Normalizar tan aberrantes prácticas conlleva a aceptar un vasallaje humillante. Al ladrón del barrio no se le temía, era incluso motivo de mofa, no había memes pero el imaginario popular chismeaba y reía de sus andanzas: ¡Ah que el “Tripas” ya se robó el tanque de Jesusita!

¡Ah que Raúl Salinas, ya salió y no devolvió lo que se robó!

Si continuamos así, Javier Duarte hará lo mismo y sus cuentas secretas lo estarán esperando. Corremos el riesgo de que César Duarte termine como el caco de mi barrio, nunca atrapado, jamás buscado; la diferencia es que no se robó el tanque de Jesusita.

Para cuando traten de destapar el fraude de Odebrecht, ya los políticos participantes estarán en Dublín o en otro país sin tratado de extradición, como cuando se nos peló Carlos Salinas De Gortari.

Si los vecinos nos hubiéramos organizado para no permitir que el “Tripas” actuará con impunidad por tantos años, en lugar de hacer mofa de su conducta, yo conservaría mi camión Tonka y lo habría heredado a mi hijo, doña Jesusita y todos los demás no habrían perdido sus pertenencias.

“Lo malo del después son los despojos que embalsaman los pájaros del sueño, los móviles que insultan con los ojos”

Joaquín Sabina

* José Luis Treviño Flores, Coordinador Académico en el subsistema de secundarias.

 

 


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