SALTO CUÁNTICO: Benemérito o desmérito

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Nada de contemporizaciones con los hombres viciados y con los que se han acostumbrado a hacer su voluntad como moros sin señor.”

Benito Juárez

Vivir decorosamente no significa vivir opulentamente, modificar leyes para conveniencia del que ostenta el poder no es reformar.

José Luis Treviño Flores/ A los 4 Vientos/Toledo*

En un análisis de Carlos Monsiváis, donde ajusta la personalidad y ejercicio del Benemérito de las Américas, menciona: “Un estadista es lo opuesto al dictador, no concibe el país de un solo hombre sino la acción de una minoría calificada que propone, proyecta y pone en marcha un esquema de país. No inaugura, consolida.”  Este principio es requisito infalible para evitar no solo el culto a la personalidad sino la  imposibilidad de que el caudillismo impida el logro de la democracia republicana, porque un estadista en plenitud asume la responsabilidad compartida por el bien de la nación.

 Benito Juárez lo dijo muy claro durante su discurso ante la X Legislatura del Congreso de Oaxaca el 2 de julio de 1852: “Bajo el sistema federativo los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad; no pueden gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes; no pueden improvisar fortunas ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, resignándose a vivir en la honrosa medianía que proporciona la retribución que la ley haya señalado.”

Antes como ahora, la clase conservadora desde la ocupación francesa y su obsesiva fijación por menoscabar cada intento de democratización, ha satanizado y degradado la figura de Juárez.

Francisco Bulnes, otro conservador de su época, acusaba a Juárez de “lento, oportunista y no muy inteligente, que había llegado al poder al cobijo de Ignacio Comonfort y bajo una serie de casualidades”.

A Benito Juárez se le acusó de traición a la patria y de permitir que un general yanqui viniera a mandar al ejército mexicano , se dijo que ofreció territorio nacional a Estados Unidos a cambio de ayuda para luchar contra la intervención francesa. Se le atacó con calumnias y se le acusó de autoritario.

“Juárez sentado con la muerte y un coyote”, obra del artista plástico mexicano Francisco Toledo, publicada en internet en Masiosare, suplemento del periódico La Jornada.

Al respecto, Carlos Monsiváis escribió:

“Sí, fue autoritario (¿podía evitar serlo en sus circunstancias?); sí, se enamoró del poder; sí, fue a la vez riguroso y rígido. Estas características no intervienen a la hora del juicio histórico: ¿A quién otro se le ha aplicado en gran escala lo de pinche indio? Después de 1867 ser racista a costa de Juárez fue la estrategia predilecta de la derecha ansiosa de resucitar a Maximiliano”.

Incluso Vicente Fox, arrogante cual más (el nuevo Francisco Bulnes) se atrevió a declarar: “todo mundo tiene a Juárez en un pedestal yo fui mejor presidente y me los llevo de calle…Ah, también a él”.

Sin duda los conservadores reaccionarios están al día y antes como hoy se jactan, bajo un neoliberalismo voraz, de tener las “mejores fórmulas” para gobernar, así como trajeron a Maximiliano en su momento, así han acercado a la economía extranjera para apropiarse de nuestro territorio, nuestra mano de obra y nuestra soberanía. Lo que no han entendido ni entenderán jamás, es cuánto Juárez amaba a su país y que de no ser por él y su férrea y adusta personalidad, los conservadores de su momento hubiesen convertido a México en una colonia otra vez.

Hoy, desde Carlos Salinas hasta Enrique Peña se han encargado de pisotear la tumba del Benemérito de las Américas con cada reforma estructural que ha puesto de rodillas el sueño republicano de Juárez, quien también dijo: “… los hombres que no pueden soportar el yugo suave de la ley, tampoco pueden conformarse con ese orden de cosas, y de aquí procede ese constante empeño de destruir el sistema federativo, substituyéndolo con el poder absoluto.”

Juárez conocía muy bien a la clase conservadora y sabía cuán ambiciosos, como hienas, se arrojarían a desmembrar a la patria apenas tuviesen otra vez oportunidad.

Benito Juárez, presidente de México

Hoy, entre aquel 2 de julio de hace 166 años cuando Juárez pronunció su histórico discurso en Oaxaca ante la legislatura, y el próximo 1 de julio de 2018, cuando se celebren las elecciones presidenciales en México y la renovación del Congreso, se encuentra ahora nuestra conciencia y nuestra responsabilidad ciudadana. ¿Permitiremos los mexicanos que la clase conservadora neoliberal continúe masacrando a la patria o seremos capaces de honrar al Benemérito, quien en su tiempo así conminó a nuestros compatriotas: “Debéis también dictar esas medidas para consolidar y defender el sistema federativo, hoy que los partidarios del despotismo hacen los últimos esfuerzos para destruirlo y restablecer el poder arbitrario que inundó de sangre y de lágrimas a la nación, debilitándola y empobreciéndola, para que en el conflicto nacional tuviera la deshonra de sucumbir a la ley del vencedor, como sucedió, sin que valieran a librarla de su infortunio los esfuerzos aislados de muchos de sus valientes y leales defensores.”

Cada gota de sangre derramada en aras de la democracia por hombres y mujeres antes y hoy, merece la decidida voluntad de los ciudadanos,  y honrarlos es no permitir que continúen su régimen asesino. Existe la esperanza, conquistémosla.

*Imagen de portada: Obra del artista plástico mexicano Francisco Toledo, titulada “Juárez en la Mar de Santa Teresa”, publicada en la versión de internet de Masiosare, suplemento del periódico La Jornada el 26 de febrero de 2006

“El primer gobernante de una sociedad no debe tener más bandera que la ley; la felicidad común debe ser su norte, e iguales los hombres ante su presencia, como lo son ante la ley; sólo debe distinguir el mérito y la virtud para recompensarlos; al vicio y al crimen para procurar su castigo.”

Benito Juárez


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