Ricardo Anaya. De que se puede, se puede

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Hablar de la riqueza de un político que crece exponencialmente a la par de su carrera, es exponer una coincidencia que acompaña virtualmente a todos los servidores públicos de alto nivel. Las evidencias no son difíciles de encontrar si atendemos el hecho de que todos esos hijos predilectos de la fortuna presumen sus bienaventuranzas a través de las casas que habitan, las fiestas a las que acuden, los amigos con los que se rozan, los clubes en los que departen, los autos con los que se desplazan.

Alfredo García Galindo* / A los 4 Vientos

Gobernantes todos de un país que no habitan. Señores feudales que a fuerza de cinismo han sacralizado el adagio del profesor Carlos Hank González: “Un político pobre, es un pobre político”. Malquerientes de la virtud republicana de la sobriedad que obliga a los políticos a distanciarse de las tentaciones del mundo material.

Ahí está Ricardo Anaya. Renuente caradura que sólo hasta que el escándalo rebasó el límite de lo inocultable sale a rasgarse sus costosas vestiduras (traje Hermenegildo Zegna, en este caso) para gritar que está siendo víctima de una canallada del gobierno federal y que su suegro es un hombre honesto y no un vividor que medra gracias a sus mañas como presidente de un partido casi tan corrompido como el PRI.

Y decimos caradura porque ante aquellos señalamientos sobre la holgada vida de su familia en Atlanta, a Ricardo Anaya jamás le pareció necesario dejar bien resueltas las suspicacias pues, como todo indica, era suficiente comodidad saberse cubierto por el manto de la desmemoria de los mexicanos, los cuales, a lo mucho, les gritamos a esos mismo políticos una maldición por sus bribonadas y luego seguimos en el día a día para buscar la supervivencia en este país que se desmorona.

Ricardo Anaya, líder nacional del PAN, objeto de memes que circulan en redes sociales sobre su vida de lujo y su riqueza inmobiliaria. Foto.internet

Pero hoy es diferente: la cercanía de la elección del año entrante no debía dar pie a un nuevo error de estrategia. De hecho, a modo de sobada inoportuna para los desafortunados mexicanos, Anaya se había aventado hace poco días el chocante detalle (por burdamente promocionado) de traer de vuelta a México a su familia ya que había llegado a su fin “el proyecto educativo de sus hijos”.

Así andaban las cosas cuando Ricardo recibió un cubetazo de agua fría sobre sus aspiraciones presidenciales con la acusación del incremento exponencial e inexplicable de su patrimonio y el de su familia. Desde luego que de inmediato recibió el espaldarazo de los amigos igual de acaudalados de su familia e incluso el de Margarita Zavala, quien hizo el cálculo suficiente para no dar a entender con un silencio que lo ocurrido suma muchos puntos para satisfacer la obsesión en la que se le ha convertido 2018.

El ex presidente Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala buscan afanosamente regresar a Los Pinos, intentan por todos los medios que la ex primera dama sea postulada como candidata presidencial de los panistas. Foto. internet

En fin que el torpedo lanzado por El Universal ha puesto a Anaya a defenderse. Curiosamente, ha usado una verdad que sin embargo no lo exime de su responsabilidad moral: que el PRI quiere imponer a Raúl Cervantes Andrade como titular de la Fiscalía General de la República, a lo que el PAN se ha opuesto terminantemente. El caso es que Anaya asegura que esa postura crítica es lo que explica el ataque a su persona, la “infamia.”

¿Qué nos reitera Anaya entonces al margen de que, en efecto, el PRI en este momento se regodea en su desgracia?

Pues la tragedia de que estemos bajo el botín de oro de esta plutocracia que se ha hecho tal a fuerza del capitalismo de amigotes que describió Joseph Stiglitz, es decir, de ultrajar a la política para forzarla a satisfacer el apetito insaciable de nuestros políticos por el lujo y la riqueza. La hipocresía de un burdo populismo reaccionario llevado hasta la náusea con esa payasada que reza “De que se puede, se puede”, la cual se cumple a cabalidad si se refiere al enriquecimiento de sus próceres.

Es, en suma, el mundo de una felonía del poder que hemos tolerado hasta el punto de que hoy nuestro país es un reverendo fracaso social gracias en gran medida a la bribonería de personajes cuyo ascenso político es, casualmente, directamente proporcional con su brillantez en los negocios.

Imagen de portada: Meme sobre Ricardo Anaya y la exhibición de su riqueza inmobiliaria. Publicada en Internet por Politify

 ALFREDO GARCIA GALINDO 2 *Alfredo García Galindoes economista, historiador y doctor en Estudios Humanísticos. Es catedrático y autor de diversos libros y artículos; ha impartido charlas, ponencias y conferencias, enfocándose en el análisis crítico de la modernidad y del capitalismo a través de una perspectiva transversal entre la filosofía, la economía, la historia y la sociología.


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