REDES DE PODER: El sistema penitenciario, materia sensible

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La clasificación penitenciaria en general se parece más a aquella canción guapachosa de Chicoche: “Los nenes con los nenes, las nenas con las nenas…” Y todos felices.

Alfonso Torres Chávez / 4 Vientos

El sistema penitenciario esta, desde hace al menos veinte años, en una crisis humanitaria profunda, en donde se incluyen también serios problemas de salud.

En el 2017 tuvimos la oportunidad de realizar un estudio focalizado en la cárcel de Ensenada, donde consignamos datos obtenidos a través de la Comisión Estatal de Derechos Humanos del estado de Baja California.

Cabe aclarar que en el documento referido (Diagnóstico Penitenciario) se incluyeron las cárceles de Tijuana, Tecate, Ensenada y Mexicali. Esto evidentemente se reduce a nivel local (es decir, Baja California), pero esta focalización sirvió para darnos cuenta de que, en primer término, el sistema penitenciario es un tema por el que el estado no se preocupa desde hace años.

Con la reforma constitucional de 2008 se plantea un nuevo modelo (mal llamado paradigma) del sistema penitenciario, de tal manera que a la prisión entra el delito y no el hombre; pero ahora tenemos otros problemas que tienen que ver con el orden en que se deben hacer las cosas.

Cárcel mexicana no readapta (Foto: El Miliciano).

La cárcel simplemente no readapta. Y ahora, además está la joya de la corona: las penas deben cumplirse de tal forma que estamos ante un modelo de reinserción que no es otra cosa más que cumplir la pena. Esto en teoría se traducen en que durante el tiempo que una persona permanezca encerrada tras las rejas, debe compurgar la pena con respeto a los derechos humanos.

Entonces, si en las prisiones no existe tal modelo, los presos están literalmente perdiendo inútilmente el tiempo.

El estudio referido también sirvió para proponer cambios en el modelo penitenciario, pero además enfoca un problema vivo en nuestras prisiones: las penas de prisión no cumplen con la función para la cual fueron creadas.

Desde que Cesar Baronesa, Márquez de Beccaria, escribiera su Tratado de los delitos y de las penas -en 1762-, se criticaba la estructura de las prisiones afirmando que estas eran caducas. Y aun cuando hoy los encarcelados gozan de toda una serie de prerrogativas, es importante destacar que la reforma en materia de derechos humanos no ha desterrado del todo lo viejos vicios, aunque si ha generado una mayor cultura de respeto a los derechos humanos, misma que se ha ido adentrando en la sociedad.

Imagen: El Ideario.

El Partido Verde Ecologista de México difunde en la televisión que ya es ley aprobada, que a los procesados por secuestro se les imponen penas de 140 años de prisión y cadena perpetua, entre otras necedades. Eso es un síntoma de que nuestros políticos legislan sin conocimiento de las materias que son parte de su trabajo, pues lo mismo sucede en otras materias como la fiscal.

Las condenas deben ser proporcionales a los delitos que se cometen; por lo tanto, una pena de cadena perpetua o de 140 años de prisión es sencillamente una locura. Equivaldría a pasar la vida entera en prisión y, en materia de adolescentes, esto es un sufrimiento completo.

Es preciso informar que el código penal establece que las penas rondarán más o menos entre 40 a 70 años de prisión (y esto es solo un promedio); por lo tanto, 140 años es un castigo inusitado que simplemente no puede aplicarse: el modelo penitenciario no lo permite.

Pero al parecer nadie le ha explicado a los políticos cómo funciona la legislación penal mexicana, y tampoco cuál es la capacidad del sistema que tenemos.

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