REDES DE PODER: Días de poder

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Los días de poder del presidente llegaron a su fin. El comienzo de una era nueva depara un nuevo rumbo al país.

Alfonso Torres Chávez /A los 4 Vientos

Es evidente que al menos en parte llegó a su fin la política de la pistola, aunque desde luego su aplicación no ha disminuido, y si hay duda basta con ver el número de alcaldes ejecutados en diferentes puntos de la geografía nacional en lo que va del sexenio que concluye este sábado 1 de diciembre.

Facebook como la nueva plataforma política moderna, ha visto de todo, desde memes que se burlan de las frases del presidente, hasta aquel en que la secretaria de Gobernación y ex ministra Olga Sánchez Cordero de Garcia Villegas, es dibujada con un atuendo de Mario Moreno Cantinflas mientras nos explica la estrategia de seguridad de Andrés Manuel López Obrador en lo que será el nuevo gobierno, que honestamente yo tampoco entendí.

La Constitución desde luego ya sufrió reformas en su articulado para adecuarla al nuevo capricho presidencial: la creación de la Guardia Nacional. Faltaría la ley secundaria que lo regule, que seguramente será objeto de un nuevo brete, aunque menos sanguinolento que en sexenios anteriores porque MORENA tiene mayoría en el Congreso de la Unión.

La gente que habla sin conocimiento de causa es sencillamente divertidísima. Opinan con una autoridad descomunal aunque desconozcan cómo se conducen los destinos del país y hago referencia a su entramado legal.

Marinos y militares por su parte ya rompieron paradigmas y se están usando para labores que constitucionalmente no tienen ningún sentido. La Marina y la Defensa son para labores de SEGURIDAD NACIONAL, no para asuntos de seguridad pública.

De forma sensata se esperaría que con la creación de la dichosa Guardia los militares volverán a sus labores habituales de salvamento y seguridad interior, pero eso no lo sabremos hasta bien entrado el sexenio.

Es una realidad que en cualquier punto de este país, la seguridad pública ya es un problema grave desde hace años. Eso no es nuevo. El problema es que el cambio tampoco dibuja una estrategia de seguridad diferente a la que criticaba ferozmente.

Si la gente votó por un cambio también se debe a que hay un clima de inseguridad que se respira en todas partes.

Si la estrategia falla, la población que los llevó al poder se los reclamará con creces.

Un profesor de derecho constitucional que admiro, Elisur Arteaga Nava, decía hace días en un hermoso texto de la revista PROCESO, que el país no se puede conducir con ocurrencias.

En México, nuestra ingeniería constitucional es una maravilla, la constitución parece convertirse en el pozo de los buenos deseos, basta con una reforma constitucional para que el país cambie su aspecto y su faz por completo.

No estamos aquí para probar experimentos. Ya no tenemos el tiempo de hacerlo.

Si los cambios no se ven, seguramente habrá una revocación de mandato.

Veamos si a los tres años se cumple el efecto.


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