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La vecindad con Estados Unidos es innegable. Los 3000 kilómetros que tenemos de frontera invitan a la reflexión.

Alfonso Torres Chávez / 4 vientos / Foto:Revista Zona Norte

La televisión mexicana hace burlas de la relación México–Estados Unidos mientras nosotros estamos esperando el resultado de los comicios federales.

Siempre hemos sido víctimas de una ríspida relación con Estados Unidos; desde aquella expresión del presidente Porfirio Díaz: “Pobre México, tan lejos de dios y tan cerca de Estados Unidos”.

La vecindad se ha complicado desde la llegada de Donald Trump a la presidencia. Y se complicara más si es reelecto una vez que concluya su primer periodo de cuatro años en la Casa Blanca.

Si no podemos borrar la frontera de un plumazo, lo único que nos queda es una buena relación diplomática aunque se complique durante los próximos dos años y los cuatro siguientes si tenemos relección en puerta.

Los resultados están a la vista: las amplias restricciones a los latinos en Estados Unidos no se pueden negar. La negativa de las visas es un ejemplo. Otro es el complicado interrogatorio a los que son sometidos los connacionales que cruzan la frontera y vuelven la visita un verdadero tormento.

Foto: Univision.

Si las cosas siguen así, la fuerza laboral en los Estados Unidos se volverá un infierno, sobre todo en un estado como California que depende económicamente de una mano de obra migrante que ha hecho de esa entidad una de las más ricas de la Unión Americana.

Lo cierto es que la mala relación se construye día a día. Mientras más se complique la entrada y salida del país, peor será el escenario para los mexicanos que radican en los Estados Unidos.

Los mexicanos constituimos una fuerza de trabajo para Estados Unidos. Sin nosotros simplemente se hundiría. Es entonces que los norteamericanos tendrían que hacer los trabajos que nadie quiere hacer.

Es un hecho que la vecindad de 3,000 kilómetros no desparecerá por decreto, pero tampoco podemos vivir como perros y gatos, y mucho menos cuando las relaciones diplomáticas son necesarias simple y sencillamente por geografía política.

Si la negativa migratoria de Trump a los extranjeros -sobre todo mexicanos- es una presunta solución a los problemas de seguridad interior de los Estados Unidos, eso no evitará la migración ilegal.

Las cosas empeoraran si no fijamos una postura diplomática ante la discriminación estructural de la que son víctimas los millones de mexicanos que residen en el país del norte. Solo nos queda esperar.

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