REDES DE PODER: Asesinato de Digna Ochoa, traición perfecta (3ª y última parte)

Comparte en redes sociales

La muerte de Digna Ochoa fue perfectamente planificada. Solo así se explica que se montara toda una estrategia de vigilancia sobre la abogada, que no cesó durante meses en su despacho.

Alfonso Torres Chávez/ A los 4 vientos

Analicemos. Para dar seguimiento a cualquier persona, se requiere de una estructura operativa.

El único con la capacidad operativa para hacerlo es, aquel que tenga acceso a instrumentos de inteligencia.

La inteligencia la maneja el estado. Sin sustento para acusar a nadie, es evidente que la estrategia es clara: HIJA DE PUTA, TE TENEMOS BIEN UBICADA. O ¿TE ACUERDAS DE NOSOTROS? HIJA DE LA CHINGADA, PRONTO TE CARGARA TU CHINGADA MADRE. Fueron amenazas contra la defensora de derechos humanos. Y son el reflejo de un grupo de presión –sin especificar cual porque no lo sabemos con certeza- que se sintió intimidado por el trabajo de Digna Ochoa.

El hecho de que la abogada patrocinara casos de defensa paradigmática de derechos humanos en estados como el de Guerrero, que es uno de los más pobres del país, también nos da tela de donde cortar.

Campesinos de la sierra de Petatlán, Guerrero, que a través de la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán (OCESP), de la que son fundadores, lograron expulsar a la empresa Boise Cascade, responsable de tala excesiva e irregular de los bosques de la Costa Grande. Sin embargo, sufrieron represalias por parte del Estado. En 1999 fueron detenidos arbitrariamente y torturados por elementos del Ejército y obligados a firmar declaraciones autoinculpatorias y luego condenados a prisión por delitos que no cometieron: portación de armas prohibidas y cultivo de mariguana. (Animal Político)

Comandos del ejército mexicano empezaron a darle seguimiento desde que tomó el asunto de los campesinos ecologistas Montiel y Cabrera, que además fue llevado a la Corte Interamericana de Derechos Humanos con una sentencia condenatoria para México.

Si los militares adscritos en un batallón o un regimiento al estado de Guerrero, específicamente en Petatlan le daban seguimiento a Digna Ochoa y Placido es porque evidentemente su trabajo resultaba peligroso para alguien.

Las hipostasias cadavéricas –también conocidas como manchas o livideces cadavéricas- aparecieron en diversos lugares del cuerpo de Digna Ochoa, y de acuerdo con el cronotanatodiagnostico se puede concluir que el cuerpo tuvo diferentes posiciones a la hora de la muerte. Esto echa por tierra la versión oficial de que Digna se haya suicidado y fortalece la posibilidad de un homicidio que fue perfectamente planeado desde el momento en que sobre el despacho donde trabajaba se estableció una vigilancia permanente.

Si las hipostasias cadavéricas aparecieron en la espalda, en el torso y en la zona glútea es evidente que el cuerpo tuvo varias posiciones hasta llegar a la posición final del cadáver, lo que solo se puede lograr si hay una fuerza que sea suficiente para mover el cadáver de lugar.

Además, el dispararse en la femoral, esperar cinco minutos y luego dispararse en la sien es una muerte sin sentido. Si Digna hubiese querido suicidarse sencillamente se hubiese disparado directamente en la sien. Pero no hubiese disparado en femoral esperando la muerte por desangrado.

El encontrar objetos como un botón de blusa, cabellos, y un chicle suponen que en el despacho además de Ochoa había una persona más, aquel que seguramente la introdujo violentamente en su oficina.

Si el estado tiene la capacidad para dar seguimiento, todo es posible.

Las equimosis o lesiones que se encontraron en el cadáver también hacen suponer la intervención de otra persona en la escena del crimen.

Es el caso de Digna una afrenta para los derechos humanos.

Imagen de portada: Digna Ocha Vive. Foto: internet/ Expansión

 alfonso-torres-chavez* Alfonso Torres Chávez. Licenciado en Derecho por la UABC. Maestro en Derecho, Facultad de Derecho UIA- Tijuana. Especialista en Derecho Constitucional y Amparo. Académico-Investigador del Centro Universitario de Tijuana campus Ensenada. alfonsotorr@gmail.com

 


Comparte en redes sociales