APARADOR: ¿Por qué pensamos en qué queremos hacer de nuestra vida?

A diario nos preguntamos: ¿Qué haremos mañana? ¿Qué quiero hacer el fin de semana? Ocasionalmente ponemos en duda también: ¿Qué haré al terminar los estudios? O bien, si trabajamos solemos cuestionarnos: ¿Quiero buscar otro trabajo? Y, en menor frecuencia también llegamos a decir: ¿Qué quiero hacer de mi vida? ¿Son mis actividades actuales algo que me satisfaga? ¿Debería hacer otra cosa de mi vida?

Alfonso Jiménez / A los 4 Vientos

Pensar constantemente en lo que somos y hacemos en el presente y lo que seremos y haremos en el futuro –inmediato, a mediano o a largo plazo– es lo más normal, es, incluso, necesario para la vida. No solo se trata de pensar qué actividades realizaremos para ganarnos la vida, pagar las cuentas y sobrevivir, sino que sabemos que al cuestionarnos sobre lo que queremos hacer en un futuro está en juego decidir qué persona queremos o vamos a ser.

Pensemos por un momento en la posibilidad de no visualizarnos a nosotros mismos hacia el futuro. Nos parece imposible. La vida sin esa posibilidad de futuro se nos presenta como un abismo, un hoyo negro de nuestra existencia, algo improbable. Es justo la condición de pensarnos hacia futuro lo que nos permite reafirmar la posibilidad de nuestra existencia. Pasa algo similar cuando pensamos en lo que hemos sido, en los años que dejamos atrás, en los años que han pasado; saber lo que fuimos da sentido a lo que somos hoy. Pareciera que la condición de pensarnos en temporalidad es lo que nos da identidad.

Ilustracion Min Liu Tiempo

Sobre este tema, Eduardo Nicol, filósofo mexicano de origen español, argumentaba sobre cómo la temporalidad (o ser consciente de nuestro pasado, presente y futuro) nos permite sabernos existentes. En otras palabras, somos seres históricos, con consciencia de la temporalidad. En el hecho que podamos saber que tenemos un pasado, pero, sobre todo, que tenemos un futuro, se fundamenta nuestra posibilidad de pensarnos; es decir, de ser nosotros mismos.

Pragmáticamente hablando, en realidad solo tenemos el presente. Ese destello de un par de segundos que transita sin parar es el momento en el cual nos manifestamos en el mundo. Ya se nos dice en redes sociales y en algunas estrategias de mercadotecnia que “disfrutemos el momento”, que nuestro presente es lo que realmente importa. Nicol estaría de acuerdo, es en este preciso momento cuando se manifiesta nuestra vida; sin embargo, si somos conscientes de este presente que estamos viviendo es gracias a que posiblemente tengamos un futuro. Vaya, nuestro hoy, certeza tangible de nuestra existencia, se caracteriza por ser la anticipación del porvenir.

En otras palabras, nuestro presente tiene sentido en virtud que podemos pensarnos hacia futuro, hacia lo que queremos ser. Ser conscientes de nuestro pasado, de lo que fuimos, es –según Nicol– un referente necesario para pensarnos en la persona que deseamos ser. Por ejemplo, defino lo que quiero hacer de mi vida en función de lo que he hecho, sé que hay actividades a las que no me quiero dedicar gracias a que he experimentado cosas que no son de mi agrado. Mi pasado es, así, el borrador de lo que pretendo ser y hacer de mi vida.

Por su parte, estructuramos nuestras actividades del día de hoy en función de hacia dónde queremos caminar en la vida. Lo que hacemos en cada momento tiene sus ojos hacia el frente. Si bien en el presente es cuando nos manifestamos, siempre se orienta hacia el futuro. Trabajamos para tener un futuro económicamente estable al retirarnos, estudiamos para aprender más cosas en un futuro no muy lejano o tener un mejor empleo, cuidamos nuestra alimentación en aras de una vejez saludable, entre otras cosas.

Somos entonces seres temporales. Nuestro presente es acción, pero en realidad ser conscientes de nuestro pasado es lo que nos hace entender en dónde estamos situados; y, al mismo tiempo, pensar en nuestro futuro es lo que nos permite caminar en nuestra vida. Por eso nuestro presente nos parece tan fugaz, es un momento sumamente efímero en comparación con los años que hemos dejado atrás y los que tenemos delante de nosotros.

Tenemos conciencia de nosotros gracias a algo que ya no es (nuestro pasado) y a lo que aún no es (nuestro futuro). ¿Por qué pensar en lo que queremos hacer de nuestras vidas? La concepción de nosotros mismos es todo menos presente, todo nuestro ser se reduce a nuestro pasado y futuro.

 

José Alfonso Jiménez Moreno es un mexicano –entre chilango y ensenadanse– interesado en estudiar todo aquello que ayude a conocer lo humano.

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