Pendejismo Crónico: la estupidez desde la psicología y la costumbre popular. ¿Qué papel juega la ignorancia?* (Parte 3 de 3)

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 “No puedo ignorar mi ignorancia, porque mi ignorancia es relativa a las preguntas que conozco. La diferencia entre una persona lista y una estúpida es que el primero está buscando respuestas a sus propias preguntas, mientras que el segundo aprende respuestas hechas y no está interesado en buscar las preguntas que las requieren”: Solomon Marcus, España / Rumania

         Luis Cuauhtémoc Treviño* / A los 4 Vientos

Es difícil imaginar a la ignorancia como parte fundamental de la existencia, como si tuviera un rol importante, como un recurso. Es decir, ¿qué utilidad puede tener un pendejo después de todo? Por supuesto que uno se divierte con las pendejadas del pendejo siempre y cuando no le afecten a uno, pero ese no es el punto.

         He de preguntar: ¿es lo mismo ser ignorante que ser un pendejo? No necesariamente. Aunque tal vez estas dos variables pudieran encontrarse positivamente relacionadas de manera estadísticamente significativa, hay que recordar que correlación no significa causa. Sería como usar un silogismo estúpido. No porque ver fútbol esté correlacionado con tomar cerveza quiere decir que, necesariamente, si tomas cerveza te gusta el fútbol, o viceversa (ora la utilización de un ejemplo tan trivial y estúpido, ora la redundancia).    

Imagen publicada en internet por Mauricio Muco González

Cuando hablé en la primera parte sobre Errol Morris y su entrevista a David Dunning dejé de lado (o al menos no lo abordé tanto) un punto interesante sobre el conocimiento desconocido y el desconocimiento desconocido: lo desconocidamente desconocido, y lo conocidamente desconocido. Esto quiere decir que efectivamente existen cosas que sabemos que no sabemos. Y no porque un biólogo ignore lo que dicen los diálogos socráticos se convierte entonces en un pendejo necesariamente, pues bien puede ser el mejor biólogo del estado y vivir así de bien sin jamás saberlo. También puede vivir sabiendo que existen esos diálogos, pero que los ignora. Aunque en este caso podría tan solo leerlos.

Existen, sin embargo, cosas que ni siquiera sabemos que existen, y que no sabemos que no sabemos que existen. ¿Quién hace mil años podría haber sabido que existía la vida microscópica? Por eso es por lo que decían que se daba la generación espontánea; así se creía que las moscas nacían de la podredumbre, o que los caracoles se creaban a partir de la lluvia, por ejemplo. O por eso Aristóteles decía que los objetos se detenían porque se cansaban (ya hablando de otro contexto).

Existe una distinción entre pobreza biológica y pobreza social, siendo la primera la que causa la muerte por hambruna, y la segunda la remarcada diferencia de oportunidades entre las clases sociales (no poder tener las mismas ventajas materiales, pero, aun así, ambos pudiendo vivir por no morir de hambre). ¿Cuál es la mera distinción entonces? En términos biológicos ninguno de los dos es pobre, ya que a ninguno le falta alimento, que es la principal fuente de sustento para la vida.

Así es entonces que hay que jerarquizar a la pendejez, tal vez dentro de los mismos rubros. Podríamos definir a la pendejez biológica como la necesidad inherente de hacer una pendejada que tiene el ser humano cada cierto tiempo. En palabras de Franco Escamilla, extraídas de su monólogo de Las tres neuronas: “Hay una válvula en el hipotálamo que regula las pendejadas”. Esto quiere decir que es natural hacer cosas sin sentido (y no que existe tal válvula en el cerebro, no vaya a haber un pendejo que no razone esto)[1], y de vez en cuando realizar preguntas tan redundantes y tan ilógicas.

Imagen de internet

Sin embargo, no pasa nada necesariamente malo si somos capaces de corregirnos en seguida, o al menos reconocer que lo que hemos dicho o hecho está mal y es estúpido. No digo que sea biológico porque sea orgánico, sino porque (como diría Lévi-Strauss), ha alcanzado una categoría universal, dado que es compartida por todos los hombres, pero no es natural esta categoría, dado que es el hombre quien la impone.[2] Entonces, en este caso, hemos dicho que la pendejez tiene una categoría universal (de donde es aceptado en el hombre cierto margen de error) ya que todos hacemos pendejadas, pero no hacemos todos pendejadas porque las pendejadas sean pendejas en sí, sino porque podemos reconocer lo pendejas que son las pendejadas al dotarlas de valor negativo; es decir, decimos que alguien ha hecho una pendejada porque podemos tildar esa acción como una pendejada.

Para efectos de mi punto: ¿Qué pendejada puede cometer un protozoo? Tal vez no existan las pendejadas, sólo los errores. ¿Un gato es pendejo al calcular mal un salto y caer fuertemente? ¿O lo es un niño de dos años que casi muere ahogado por haberse metido a la boca cosas que no debía? Cómo cambia la percepción sobre lo que digo al poner el ejemplo de un niño, ¿o no? Es como bajar las estadísticas de millones por año a decir que algo le pasa a cada quien cada ciertos segundos.

Quizás fue la providencia o quizás sólo la ironía de la vida, ya que mi nombre es Cuauhtémoc. Cuando era muy pequeño quemé mis pies al pararme sobre la puerta metálica que tapaba el aljibe en el suelo en el patio trasero de la casa (y por supuesto expuesto al yugo del sol todo el día). Habría tenido quizás unos tres o dos años. Y a esa edad todavía no podía comenzar a comprender lo que ser pendejo significaba, eran entonces solo errores. Un niño que una vez vi, a esa edad una vez ingirió líquido del que se usa para limpiar muebles. Claro, ya estaban tachándole de pendejo. ¿Cómo es que hizo eso cuando “ya sabía”? ¿Y qué chingados va a saber? Tiene dos años y todavía ni siquiera puede comprender cómo funciona el tiempo

Y a todo esto. ¿Cómo siquiera sabemos cuándo algo es una pendejada? Tal vez depende sólo de nuestro tiempo y nuestro contexto.

Puedo retomar algo interesante que dice Taylor (2013)[3]. En los viejos tiempos el conocimiento era ya todo lo que podía existir; es decir, se consideraba erróneamente que ya todo se había dicho, y que las respuestas estaban o en la biblia (o los textos sagrados) o sino en los escritos de los sabios de antaño. Si alguien no sabía algo, entonces sólo había que preguntarle a alguien más, hasta llegar al Papa de ser necesario, y si éste no conocía la respuesta, entonces era porque no era información necesaria, porque si lo fuera entonces Dios habría dejado una clara explicación de cómo es que las arañas tejen su telaraña, cómo la generan. No es que necesariamente estuviese prohibida la generación de conocimiento, pero éste era más bien considerado como una simple trivia, un dato curioso que a nadie le serviría. En otras palabras, se trataba de un programa de investigación regresivo, que se limita a explicar lo ya conocido. Antes todo estaba solucionado, pero se vino la revolución científica; es decir, antes lo que hoy es un científico hubiera sido un pendejo por considerar que estaba perdiendo su tiempo.

El Pensador ante La estupidez. imagen: internet

“¿Qué tiene que ver la estupidez con el pensamiento o las ramas afiliadas del conocimiento y la erudición? (Ronell,2002)”[4] Contrario a lo que se cree, la revolución científica (aunque revolucionó el pensamiento) no innovó a favor del conocimiento, sino de la ignorancia. Fue una revolución de la ignorancia. Por primera vez se admitía que no se tenían todas las respuestas, y que las que había podían estar equivocadas. Ningún conocimiento está completo, y siempre puede ser desmentido. Mientras que el conocimiento de antaño estaba basado en el discurso y lógica, ahora está bajo los instrumentos de la matemática y el empirismo. Es así que la ignorancia, y el reconocimiento de ésta, rige el pensamiento científico. Porque no puede resolverse una pregunta sin crear cien más. Otra vez repito. ¿Qué pasó cuando se descubrió por primera vez la vida microscópica? También hubo que estudiarla.

“En la deconstrucción de Agamben (2003, p.79) del comentario de Martin Heidegger sobre la animalidad, sugiere que la humanidad suspende su animalidad en una zona de excepción y conserva su posición privilegiada en la dicotomía hombre-animal. Esto se logra al no permitir que los animales sean como son, sino más bien verlos como sistemas cerrados, diferentes de la apertura de la humanidad: los animales están atrapados por sus comportamientos, mientras que los seres humanos participan en actividades auto-reflexivas (Agamben,2003, p. 91). Con esta distinción, la humanidad se produce continuamente excluyendo animalidad y se define como no animal. La humanidad es la excepción, ultimadamente no es animal en absoluto” (Rabinowitz, M., Latella, L., Stern, C., & Jost, J. T., 2016)[5].

¿En qué es lo primero en lo que puede pensarse al leer el extracto del párrafo anterior? Por supuesto: en un pendejo. Tendemos a degradar el lugar de uno de ellos en nuestra sociedad, así como a los esclavos se les veía con animales con forma de hombre. Y, sin embargo, a veces ésta es sólo una excusa que nos decimos a nosotros mismos para justificar la molestia que sentimos cerca de alguien más, que sabemos que nos cae mal. Esta vez me refiero a la acusación infundada. Suele pasar que quien se ve sabiondo ya lo estamos tachando de pendejo, cuando lo que ha hecho ha sido mostrar que es culto (y en un contexto totalmente válido). No ha presumido de sí mismo, ni ha intentado humillar a alguien, simplemente es mejor que nosotros. Así, lo que queda es sublimar ese sentimiento de recelo y decir lo pendejo que el otro es por ser mejor que uno. Y es así que no siempre un pendejo es un pendejo sólo porque digamos que lo es.

En mi anterior ensayo[6] mencioné el mecanismo del chivo expiatorio de Girard, y me gustaría explicar esto que acabo de exponer con ese mismo triángulo que utilicé.

Un chivo expiatorio, en el sentido tradicional, es una persona o animal que asume los pecados de los demás, o que injustamente es acusado de problemas ajenos. Imagen: internet/marcianos.mx

Sepamos entonces que un chivo expiatorio es aquél (persona u objeto) sobre el cuál descargarse para liberar la tensión que genera la rivalidad al devenir en violencia. No me gustaría tener que plantear esto de nuevo, así que me citaré a mí mismo:

Desde un punto de vista antropológico, la peculiaridad del hombre (como especie; es decir, miembros masculinos y femeninos) para haber llegado hasta donde hoy se encuentra se debe a la capacidad de imitación de los otros de su especie. Mientras que la supervivencia depende en satisfacer necesidades biológicas, el deseo no es algo que sea innato o intrínseco (Treviño, C., 2017)[7].

No quiere decir que el modelo que tengamos sea un pendejo y después nosotros deseemos ser igual de pendejos. Más bien cuando intentamos imitar a alguien a causa del deseo (el querer algo) y nos sale mal, es que acusamos a los alrededores de la pendejez como mecanismo de expiación, sólo que no funciona cuando no hay quien nos apoye. Es así como nos convertimos en los pendejos de los otros. Ser pendejo no significa ser pendejo, sino que los demás nos reconozcan como tal. O, en dado caso, que nos reconozcamos nosotros mismos así. Podemos decir entonces que consta de un carácter dialéctico.

Ya lo decía el monstruo (o el demonio) de Frankenstein. Las posesiones más valiosas que un hombre puede tener son la tierra, la fortuna y una ascendencia con renombre. ¿Qué era entonces él si no tenía ninguna de las tres? ¿Qué es entonces una persona si no encaja, fuerza su interacción y vuelve a ser rechazado? ¿Es el conocimiento una de esas posesiones valiosas? No si tienes alguna de las que la criatura de Frankenstein señala. Tampoco es necesario el conocimiento en esos términos, ¿o sí? Es una línea delgada. El conocimiento ha estado ligado a la producción tecnológica desde la revolución científica. Y es irónico porque el científico no es quien decide la ciencia, sino la economía y la política, y por ende la cultura. ¿De qué sirve ser un productor de conocimiento si quien dicta el conocimiento a producir es un pendejo que no sabe ni dirigir el país? Porque hace falta el dinero para la investigación.

 No hay que ser tan pesimistas. Aunque todo el conocimiento de hoy esté enfocado hacia la productividad, y se halla sometido un poco, y se valore más un nuevo método de producción que un nuevo conocimiento no técnico, siempre habrá algún rebelde que hoy es un pendejo pero que mañana es un precursor. Sin embargo, la ciencia no es el único método de conocimiento que es importante, aunque lo utilizo como ejemplo por su relevancia.

¿Cómo podemos entender pues al pendejo bajo estos términos? Ya hemos dicho que la revolución del conocimiento es una basada en la ignorancia. La ignorancia es necesaria. Y esa revolución fue una nueva manera de ver a la ignorancia. ¿Son entonces necesarios los pendejos? Me remito pues a lo que Morris pregunta a David Dunning: ¿Es que existe un relato sociobiológico de qué fuerzas en la evolución seleccionaron para la estupidez y por qué?

Al final parece que la pendejez es necesaria para que uno pueda seguir aprendiendo, así sea que aprenda que uno mismo es un pendejo y ya no aprenda nada más después de eso. Ya aprendimos que el jugo de limón no te hace invisible, y que tragar una solitaria no es buena idea para bajar de peso. Quizás en el futuro podremos reflexionar mejor nuestros actos. Y podremos descargar nuestras preocupaciones burlándonos de algún pendejo. Pero nunca hay que olvidar que uno mismo lo es. Cualquiera puede quedarse callado después de jugar con un niño al juego del porqué, sometiéndonos al método socrático.

Si el origen de la pendejez es la incompetencia social, entonces ¿cuál es la ecología del pendejo? Debe tener una después de todo. Se propone un marco de referencia ecológico para la resiliencia. Y yo encuentro una comparación directa de su marco con el de la pendejada.

Sísifo. Imagen publicada en internet

No se trata simplemente de una habilidad que depende del individuo completamente, sino que está relacionado con diferentes factores, que se encuentran dentro de la esfera social inmediata y no inmediata; es decir, se encuentran dentro de un marco de referencia que se conforma por tres círculos: la persona misma, las relaciones familiares y una comunidad más amplia (Daniel, B., & Wassell, S. 2002).  Puede entenderse dentro de un par de dimensiones: vulnerabilidad-resiliencia y adversidad-ambiente protector; es decir, está compuesta por un carácter tanto intrínseco como extrínseco del individuo. Su ambiente socioemocional y el aspecto intrapersonal del mismo. La vulnerabilidad es el factor directo del grado de resiliencia y el ambiente protector es el que frenará el escalamiento en la afectación por una adversidad ocurrida (ïbidem).[8]

Podemos entonces poner las mismas dos dimensiones: vulnerabilidad-pendejez y pendejada-ambiente protector Entendemos entonces a la vulnerabilidad del sujeto como propiedad principal hacia la pendejez, es decir, qué tan susceptible es de ser pendejo, y a la pendejez como la cualidad de ser pendejo. Y entendemos a la pendejada como la pendejada potencial por cometer y al ambiente protector como el medio que reforzará o no el comportamiento pendejo como responsable para la repetición o no en el futuro de otro comportamiento pendejo; es decir, qué tan aceptada es esa pendejada.

Entonces, si el sujeto es vulnerable a ser pendejo tiene más probabilidad de cometer una pendejada potencial, pero si el ambiente protector le protege de ser un pendejo (que no se le permita o mediante éste aprenda de su error) entonces su vulnerabilidad retrocederá y tendrá menos probabilidad de cometer un comportamiento pendejo en el futuro. Y si por el contrario el sujeto es vulnerable y el ambiente protector le protege para que pueda cometer una pendejada potencial, no tendrá cómo retroceder.

La estupidez humana. Imagen publicada en internet/Gentiuno

Me gustaría utilizar las leyes fundamentales de la estupidez humana de Carlo M. Cipolla (que encarecidamente recomiendo leer para complementar, aunque explique aquí lo básico, ya que es un graciosísimo documento)[9]:

Primera ley: Siempre e invitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.

Segunda ley: La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.

Tercera ley (ley de oro): Una persona estúpida es una persona que causa daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.

Cuarta ley: Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que, en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.

La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe (más que el malvado).

Para Carlo Cipolla existen 4 tipos de personas: Los estúpidos, los incautos, los inteligentes y los malvados. Y existen 4 subtipos: los incautos con rasgos de inteligencia y con rasgos de estupidez, y los malvados con rasgos de inteligencia y con rasgos de estupidez. Y están también los malvados perfectos. Cipolla plantea que en realidad solemos confundir a la candidez con la estupidez, ya que el incauto causará una pérdida para sí, pero una ganancia para el otro, mientras que el estúpido causará una pérdida para el otro y nada para sí o una pérdida para ambos, y no es posible que comparta características con ningún otro tipo. Es entonces imposible aprovecharse de un estúpido, ya que al no regirse por la razón entonces no podrá preverse su ataque que causará nuestra pérdida, al contrario que con el incauto. Además, los incautos con rasgos de estupidez y los malvados con rasgos de estupidez (que son quienes causan una menor ganancia que el daño que provocan y quienes obtienen una menor ganancia que el daño que provocan, respectivamente)[10] no hacen sino aumentar la actividad de los estúpidos al permitirles actuar con mayor facilidad.

         ¿Qué significa entonces ser un pendejo? Ser un pendejo es tan ambiguo que bien puede estar un pendejo en cada categoría y cada una de las subcategorías, o pertenecer a todas y a ninguna a la vez. Aunque es cierto que, dentro de su significado fundamental, más bien podría quedar en la categoría de incauto y en la de estúpido, así como del incauto estúpido y del malvado estúpidez

Podríamos hablar pues de la pendejez necesaria y la innecesaria. Los incautos son según Cipolla quienes causan una pérdida para sí y una ganancia para el otro. Es así que nace la necesidad de la ignorancia. Y si bien podemos catalogar al pendejo como principal relacionado a estos otros dos, también hay pendejos que pueden causar pérdidas y ganar ellos algo y hay pendejos que pueden hacer que ambas partes ganen algo. Como el típico cliché en las películas del pendejo que hace que todos sean capturados, pero al final sólo él se salva por hacer otra pendejada, o el que causa gracia en el otro y obtiene aceptación (aunque sea a cambio de vejaciones futuras o de abusos).

Pero si somos más exactos, entonces el pendejo comprende a los 4 tipos de personas, al estúpido en su totalidad y a todas las demás que tengan rasgos de estupidez. Aunque al inteligente estúpido yo lo estoy agregando, entendiéndolo como quien causa un mayor beneficio en el otro que el que él obtiene, en lugar de ser iguales

Meme de EPN que circula en internet

Es así que llegamos a la recta final. Hemos entendido al pendejo como aquel que causa gusto y disgusto hacia los demás, pero que mayormente causa disgusto. Puede ser un obstáculo o un completo impedimento, así como puede ser un divertimento y un recurso del que puede aprovecharse para obtener algo, y a la vez un material peligroso con el que no debe interactuarse porque ambos acabarán perjudicados. Aun así, ellos, los que recaen en la categoría de estúpidos de Cipolla, son los más felices por norma general, pues ignoran su pendejez, y van como si nada por la vida, como alegres mariposas, yendo y viniendo de todos lados a joder a los otros y ni cuenta dándose. Para ellos es lo más natural y normal.

Es imposible predecir lo que un pendejo puede hacer, es un hecho tan verdadero que incluso llegué a observarlo cuando fui niño en la caricatura Robotboy, creada y diseñada por Van Rijsselberge. En un episodio, el robot adquiere un algoritmo que le permite predecir con exactitud el futuro, excepto las acciones del mejor amigo de Tommy, quien es tan estúpido que al tratar de predecir el futuro sólo puede decir “Gus hará algo estúpido”.

Podrá ser ésta una característica indeseable para uno mismo. Y sin embargo qué hubiera dado el demonio de Frankenstein por quedarse en su bosque comiendo bayas sin jamás aprender nada sobre el funcionamiento del mundo ni del lenguaje… Qué dolor es la existencia. Y más aún si nos toca lidiar con algún pendejo que nos esté jodiendo.

¿Y los Ignorantes? ¿Cómo los estudiosos se consideran con derecho a expresarse sobre la ignorancia? ¿Puede alguien, como científico, especializarse en la ignorancia? ¿Y los Ignorantes? ¿No son, por definición, ya especialistas en la cosa? ¿Y cómo se expresan los Ignorantes? ¿Qué saben sobre la ignorancia que los Sabios no conocen? ¿Cómo saberlo?[11]

  • Anthony Judge

Unión de Asociaciones Internacionales, Bruselas

*Titulo original del ensayo: Pendejismo Crónico: una reflexión sobre la soeza en el lenguaje mexicano como acercamiento para el estudio de la estupidez desde la psicología y la costumbre popular. ¿Qué papel juega la ignorancia? (Parte 3 de 3)

[1] Pido perdón por ese chiste tan pendejo.

[2] Strauss habla de esto, pero sobre el incesto.

[3]Taylor, L. (2013). The Discovery of Ignorance. [online] E-Learning. Available at: https://louisecharente.wordpress.com/2013/10/24/the-discovery-of-ignorance/ [Accessed 15 Jul. 2017].

[4] Ronell, A. (2002). Stupidity. Urbana: University of Illinois Press.

[5] Rabinowitz, M., Latella, L., Stern, C., & Jost, J. T. (2016). Beliefs about Childhood Vaccination in the United States: Political Ideology, False Consensus, and the Illusion of Uniqueness. Plos ONE, 11(7), 1-19. doi:10.1371/journal.pone.0158382

[6] https://www.4vientos.net/2017/07/07/los-memes-una-revision-de-opiniones-sobre-genero-psicologia-y-sociedad-en-el-internet-popular/

[7] Esto es más bien un chiste más escondido. No tendría que ponerlo como lo puse, pero las pequeñas libertades que permite la academia son a veces risibles.

[8] Paráfrasis en ambas referencias.

[9] http://www.economia.unam.mx/profesores/eloria/PDFs/Cursos/6-estupidez%20humana.pdf

[10] Como quien asesina a alguien para quedarse con su cartera.

[11] Judge, A. (1998). Ignorance and What We Do Not Know. [online] Laetusinpraesens.org. Available at: https://www.laetusinpraesens.org/musings/ignorun.php [Accessed 15 Jul. 2017].

Imagen de portada: Obra de Vice Tomasovic, artista nacido en 1986 en Split, Croacia. Presidente de la Asociación Croata de Artistas (HULU). En 2009 se graduó en la Academia de Arte de la Universidad de Split, Departamento de Bellas Artes. Imagen publicada en internet por universolamaga.com. La obra este artista croata se puede conocer y adquirir a través de su página de Página oficial https://www.facebook.com/vicetomasovic/

luis-cuauhtemoc-trevino*Luis Cuauhtémoc Treviño. Estudiante de la carrera de Artes Visuales a la par de Psicología en la  Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), ensayista y escritor. Habla francés e inglés, está cursando actualmente alemán y portugués.


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