Pederastas en celibato

Por siglos, la Iglesia Católica Romana ha pretendido mantener el uso del sexo fuera del clero de la jerarquía de su iglesia, reconociendo la práctica de las relaciones sexuales como una de las satisfacciones que Dios dio a los humanos en su creación, lo que se narra en el libro del Génesis.

Alfredo López Rosas*

Desde el año 306, ya en tiempo de la iglesia cristiana, se limitó el ejercicio del sacerdocio sólo a los casados que llegaban en ese estado a su preparación sacerdotal, pero si un aspirante llagaba soltero al compromiso con dios, así debía de mantenerse; no se le permitía casarse ni dormir con mujer. Debía mantenerse célibe para el mejor servicio a la iglesia.

Para el año 1,000 el obispo de Brema decide la expulsión de las concubinas en razón de las muchas críticas que al respecto se expresaban en los concilios. Registra el historiador Daniel Rops (amigo del General Charles de Gaulle), que en el concilio de Constanza se desplazaban un número de 700 prostitutas para atender a los miembros del conclave.

Después, en 1,074, débilmente se oye el anuncio del Papa Gregorio VII de que en la ordenación se haga primero el voto de celibato. Y es que para entonces los obispos y el clero continuaban con las relaciones concubinales.

El primer Concilio de Letrán (1,123), convocado por el Papa Calixto II, prohíbe absolutamente a los presbíteros, diáconos y subdiáconos “la compañía de concubinas y esposas.” Dieciséis años después, el Concilio de Letrán II ratifica las viejas condenas contra eclesiásticos concubinarios, declarando nulos sus matrimonios, y sostiene en el Canon VII: “La ordenación sacerdotal se convierte en impedimento matrimonial”.

Con el Concilio de Trento (1545-1563) se establece en forma actual el celibato clerical, pero en la historia de la iglesia católica se desarrolla la simulación para que públicamente se ordene el celibato y habitualmente los papas se casen y practique las relaciones sexuales por encima de sus concilios.

Veamos. El anti-Papa San Félix III (483-492) y los Papas San Hormidas (514-523), San Silverio (536-537), Adriano II (867-872) y Félix V (1439-1449) se casaron y tuvieron uno o más hijos. El Papa Inocencio VIII (1484-1482) tuvo hijos ilegítimos a los que dio feudos de la Iglesia. Casó a uno de ellos con una hija de Lorenzo de Medici.

Alejandro VI (1492-1503) fue polémico debido a su conducta licenciosa. “Prácticamente gobernó la Iglesia con el criterio de hacer surgir a su familia. A su hija Lucrecia la casó tres veces con el objeto de contraer alianzas con los monarcas de la época”, relata el padre Luís Eugenio Silva en su libro “Historia de los Papas”.

El Papa Alejandro VI de los Borgia (Internet)

En la historia contemporánea, un jesuita profesor de la Universidad de Harvard, el padre Fischler, descubrió que el 92% del clero norteamericano pedía que pudiera elegir libremente estar casado o soltero. Y un sacerdote y psicoterapeuta, el padre Sipe, encontró que sólo el 2% de ese clero cumplía con el celibato, el 47% lo cumplía relativamente y el 31,5% vivía una relación sexual, porcentaje del cual un tercio tenía relaciones homosexuales.

Ante estos hechos, en la actualidad varios obispos han pedido que se quite el celibato para el clero latino, ya que el oriental -incluso el unido a Roma- no tiene esa obligación y suele ser casado.

El vivir por siglos en la simulación ha llevado a los jerarcas clericales de la Iglesia Católica Romana, a su más bajo índice de credibilidad y confianza entre sus seguidores.

Al quedar al descubierto las evidencias de la práctica sexual de los altos jerarcas, se manifiesta que la iglesia no puede ir en contra de la creación del sexo por el Dios que predica. En los Concilios se pretendió corregir a Dios al convertir al sexo en pecado, cuando fue hecho para que el ser humano lo disfrute sin ningún temor más que los límites de su conciencia.

Una de las consecuencias aberrantes de obligar al celibato a los sacerdotes en su ordenación, cuando no cuentan con el don de la abstención, es el uso clandestino del sexo entre los clérigos y las monjas.

El actual escándalo de los sacerdotes pederastas aumenta la indignación social cuando surge el hecho de que la jerarquía los cubre, complicidad que fomenta la impunidad y anima a los que la practican a continuar haciendo daño a sus víctimas.

En México, el Cardenal Norberto Rivera Carrera cubrió al sacerdote Nicolás Aguilar Rivera ante la acusación de violar a más de 26 infantes cuando era obispo de la diócesis de Tehuacán, en el estado de Puebla. A estos victimarios los encubrió, violando normas legales de las autoridades mexicanas, enviándolo a Los Ángeles, California, sin informar al arzobispo Roger Mahony –cabeza de la iglesia católica californiana- del estado de desviación en que se encontraban sus recomendados.

Así, Norberto Rivera hizo réplica del método que desde el Alto Clero se practica con todos los sacerdotes acusados de abusar de menores: simplemente los cambiaban de país, de Iglesia o de comisión religiosa.

El cardenal Rivera (Foto: El Economista).

Joaquín Aguilar, víctima de abusos sexuales, denunció ante las autoridades de los Estados Unidos a los Cardenales Norberto Rivera Carrera y Roger Mahony, de México y Los Ángeles, respectivamente, por el delito de encubrir al sacerdote pederasta Nicolás Aguilar.

Ambos prelados han sido denunciados ante el Tribunal Superior de California, en Estados Unidos, por encubrir a sacerdotes pederastas, entre ellos Nicolás Aguilar Rivera quien está prófugo de la justicia estadounidense luego de haber sido acusado de violar a acerca de 90 menores de edad en ambos países.

En la Diócesis más grande de os Estados Unidos (Los Ángeles), el Cardenal Roger Mahony reconoció que llegó a un arreglo económico con más de 508 víctimas. Esto luego de encubrir a sacerdotes que abusaron sexualmente de sus víctimas cuando éstas eran infantes o adolescentes. La erogación que la iglesia católica estadounidense tuvo que hacer para indemnizar a las víctimas de abusos sexuales, representan más de mil 500 millones de dólares.

El anterior no es el único caso de pecado mortal cometido por el ex Cardenal Primado de México Norberto Rivera. Él protegió públicamente a Marcial Maciel, fundador de la congregación Los Legionarios de Cristo, no sólo por las aportaciones y servicios que esta comunidad dio a la Iglesia, sino también por la muy antigua estrategia eclesiástica de meter la basura bajo el tapete para proteger a sus sacerdotes; o más bien a la misma institución.

En la entrevista que le concedió al periódico La Jornada, cuando se evidenciaban las pruebas y los testimonios de los afectados, Norberto Rivera respondió: “Se trata de un complot contra la Iglesia.”

Y reviró a las preguntas del reportero: “(…) Eso es totalmente falso; son inventos y tú nos debes platicar cuánto te pagaron”.

Y la respuesta de Joseph Ratzinger a la carta que le envió el sacerdote católico Alberto Athié, en la que éste denuncia los excesos de Maciel y le pide que intervenga para sancionar al legionario, no puede ser más explícita de esta postura del Alto Clero: “Lamentablemente, el caso de Marcial Maciel no se pudo abrir porque era una persona muy querida por el papa Juan Pablo II; además, este personaje había hecho mucho bien a la Iglesia. Lo lamento, no es posible”.

Alberto Athié dejo el ministerio por decepción de esta respuesta preñada de impunidad y complicidad al pederasta desde la más alta jerarquía católica que entonces encabezaba el papa Benedicto XVI, y por el hostigamiento del Cardenal Norberto Rivera Carrera quien le ordenó: “Todos los servicios del episcopado los terminas en noviembre. Entrega todo.” Esto fue en el año 1999.

Benedicto XVI con el Papa Francisco (Foto: latercera.com)

Benedicto XVI –Ratzinger- se dirigió a los católicos irlandeses, y de todo el mundo, pidiendo perdón por la vergüenza de los actos de pederastia que cometieron muchos ministros del culto católico, y advirtió a los sacerdotes que debían responder no sólo ante Dios, sino ante los tribunales civiles. En especial dirigió este mensaje al cardenal irlandés Sean Brady, quien reconoció haber estado enterado de lo que hacían algunos de sus sacerdotes y no hizo nada.

Lo cierto es que no basta que la Iglesia Católica quiera regresar a sus seguidores a la fe, a la confianza de sus autoridades, Debe empezar por reconocer que el celibato es contra la naturaleza sexual de los sacerdotes; debe abolir el celibato que si bien no es el origen de las desviaciones sexuales de los sacerdotes, sí es el principio del reconocimiento de que el sexo no es pecado, sino creación de Dios para el disfrute de los humanos.

En México, el ex cardenal Rivera debe tomar el ejemplo del cardenal irlandés Sean Brady: reconocer que él conocía los casos de los sacerdotes que abusaron sexualmente de los menores y que NO HIZO NADA. Debe arrepentirse para renovar la confianza de la iglesia católica en México y reconocerse como hombre pecador porque, según sus leyes eclesiásticas, pecó de complicidad al ocultar a los pederastas que conoció.

Además, debe ponerse a disposición de Ministerio Público por el delito de complicidad -de pederasta- y lo que resulte, y el gobierno mexicano debe actuar como estado laico e investigar y juzgar, en su caso, a los representantes del alto clero y a los sacerdotes que hayan delinquido, destruyendo las vidas que por fe fueron puestas en sus manos.

Son millones de católicos los que necesitan de su iglesia; ésta a su vez necesita sanearse para ofrecer respuestas auténticas de humildad, de santidad, de sinceridad a la fe y esperanza en tiempos en que nuestras instituciones están endebles por la soberbia de los que las dirigen.

Es tiempo de que la Iglesia Católica nos dé un ejemplo de regeneración, de un avivamiento en donde sus seguidores encuentren la paz que necesitan y aquellos que no somos católicos, observemos a una iglesia capaz de reconocer y corregir sus errores y sus pecados, que tienen historia.

Es la oportunidad de que se levante como una fuente de vida eterna y se reencuentre con los valores cristianos vigentes en el primer siglo de su existencia.

* Egresado del Seminario Teológico Bautista Mexicano de Lomas Verdes, Estado de Mexico. Egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, en la Ciudad de México. Correo electrónico: licalfredolr@hotmail.com

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