Otro incidente con tiburón blanco en Isla Guadalupe; ahora en el “Nautilus Explorer” (VIDEOS)

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Diez días después de que se divulgara en Youtube un video en donde un tiburón blanco de Isla Guadalupe ingresa a una jaula superficial atraído por las malas prácticas de permisionarios extranjeros que realizan turismo de observación del gran escualo en la ínsula mexicana, Área de Reserva de la Biósfera, dos grabaciones de otro incidente ocurrido en septiembre demuestran la ilegal operación de una de esas compañías.

Javier Cruz Aguirre / A los Cuatro Vientos / Foto principal: Katie Yonker.

El caso, que videograbaron, reseñaron y también publicitaron en Youtube el 17 y 18 de octubre los buzos estadounidenses Peter Maguirre y Katie Yonker, revelan que los tripulantes del barco Nautilus Explorer, con sede de operaciones en San Diego, California, colocaron carnada de atún en el interior de una de sus dos jaulas de profundidad de la embarcación para atraer a un tiburón –una hembra de 15 pies de largo (aproximadamente 4.5 metros)-, acción prohibida en el reglamento de observación de los escualos en Guadalupe.

En su relación de los hechos (http://www.bluewaterdivetravel.com/guadalupe-2016-trip-report), Yonker informa que el Nautilus Explorer partió “en septiembre” del puerto de San Diego, California,  con destino a Guadalupe, para un viaje de 20 horas a la isla y siete días de duración.

Detalla que la embarcación tiene dos jaulas de observación a profundidad de 35 pies (10.6 metros) -cada una para tres buzos-, y dos cajas superficiales para 4 personas cada una. En las primeras se puede hacer observación submarina hasta por 45 minutos, en tanto que en las cajas superficiales el tiempo es ilimitado.

Revela que la empresa obtuvo del gobierno mexicano, a principio de año, un permiso para usar como carnada trozos de atún con los cuales atraer a la superficie a los tiburones.

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Momento en el que el tiburón hembra queda atrapado en “El Balcón” de la jaula de observación, luego de morder la línea de oxígeno del “divemaster” Yann (Foto: Peter Maguirre)

Cuenta que en la segunda inmersión del segundo día de estancia en Guadalupe –a las 3.30 horas de la tarde- ella y los turistas David, Katie B. y el “divermaster Yann” bajaron en una jaula a 35 pies de profundidad llevando en el interior de la caja submarina una bolsa con residuos de atún para atraer a los escualos.

Informa que Yann y Katie B se instalaron en la parte superior de la caja, que se conoce como “El Balcón” y en eso apareció un tiburón blanco hembra, de aproximadamente 15 pies de largo (4.5 metros), que mordió la tubería de oxígeno de Yann lo que provocó que éste se quedara sin el gas.

Posteriormente, la tiburón se introdujo horizontalmente en un espacio de la barra localizada en la parte alta del “balcón” y quedó atorada en los barrotes por las branquias.

Ante el peligro, la jaula comenzó a ser elevada a la superficie por la tripulación del barco, con el animal atrapado y lastimándose, y los buzos se dieron cuenta de que para poder llegar a la cubierta del Nautilius tenían que salir de la caja por la parte baja y nadar a un costado del tiburón atrapado.

En el video de Maguirre se puede observar parte de esta operación, así como a otro tiburón blanco que ronda la jaula en problemas, lo que aumentaba el riesgo para los buzos afectados por el incidente.

También se observa cómo el tiburón, después de morder y romper el tubo de oxígeno, introduce verticalmente la cabeza en “el balcón” cuando Yann y Katie B están en él, y milagrosamente el pez no los agredió ni lastimó pese a que recibe un manotazo del “divemaster”.

Posteriormente Katie Yonker describe que tuvo problemas para llegar al barco porque la cola del animal atrapado y las burbujas de oxígeno que salían de la manguera rota, dificultaban la visibilidad por lo que recibió ayuda de otros “divermasters” que finalmente lograron ponerla a salvo en la nave.

A continuación informa que la tripulación del Nautilus Explorer tuvo que sacar del agua al tiburón con todo y jaula porque no podían liberarlo. Para ello ataron una soga en la cola del pez y tiraron de ella sin éxito. Esto lo repitieron varias veces y no fue sino hasta que “el divermaster Peter” presionó las branquias del escualo que lograron liberarlo de los barrotes, con lo que el animal pudo volver a nadar libremente pero llevando varias heridas en su cuerpo.

Yonker describe el momento como “terrible” y dice que el movimiento provocado por el tiburón en el interior de la jaula era “como un gran terremoto bajo el agua”.

Incluso acepta que llegó a pensar que si la jaula cedía a la presión del animal “sería el fin para mí”.

También admite que el accidente se originó por la esencia que desprendía la carnada de atún dentro de la jaula, no por los humanos que ocupaban el interior de la estructura de observación.

Termina diciendo: “Espero que el incidente sirva para rediseñar las jaulas de observación para que esto no vuelva a ocurrir”, aunque también menciona que sin el uso de la carnada de atún las posibilidades de observar al gran tiburón “serían muy bajas”.

El primer incidente que se publicó en Youtube en los primeros días de octubre, generó una reacción inusual en el gobierno mexicano cuando el video tuvo una masiva difusión en esa plataforma cibernética. A los Cuatro Vientos se refirió a él, el pasado 17 de octubre, así:

Tiburón blanco entró a la jaula de observación de un buzo en Isla Guadalupe (VIDEO)

La temporada de observación del tiburón blanco en Guadalupe se inició en el año 2008. Dura cuatro meses –de septiembre a diciembre- y actualmente hay ocho barcos con permisos del gobierno federal mexicano para realizar esa actividad.

Cada embarcación traslada en promedio a 20 turistas-observadores que pagan, cada uno de ellos, una media de tres mil 500 dólares

Estadísticas de la Asociación de Pescadores Deportivos de California, la organización que acapara el mayor número de permisionarios de observación y que busca obtener permisos de pesca de atún en las aguas que circundan el Área de Reserva de la Biósfera Isla Guadalupe -el año pasado logró permisos para tres de sus socios-, revelan que son alrededor de 500 los turistas que viajan a la ínsula para ver al gran escualo.

Esto permite a los permisionarios obtener ventas por temporada por hasta un millón 750 mil dólares, aparte del dinero que los armadores californianos obtienen de los turistas por concepto de “donativos” al trabajo de conservación de la isla que realizan autoridades, científicos y ambientalistas mexicanos, y cuyo monto se desconoce.


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