¡No a la Ley Garrote! ¡No a la Ley Bonilla!

Otro rasgo negativo para el proceso democrático en el país se ha dado con la aprobación en Tabasco de la llamada Ley garrote, en tanto sienta un precedente muy negativo, por las repercusiones que pudiese acarrear para el desarrollo político pleno y libre en el país.

Daniel Carlos García* / 4Vientos

Esta iniciativa presentada por el gobernador del Estado de procedencia morenista, de acuerdo a su propia argumentación, trata de condenar legalmente a las formas de chantaje o extorsión mediante el bloqueo de vialidades o el entorpecimiento de la construcción de obras públicas o privadas. Al parecer es una ley a modo para evitar que se entorpezca el proyecto de construcción de la refinería en Dos Bocas.

El gobernador del Estado argumenta a favor de la iniciativa aprobada, que corresponde a una penalización mayor a una forma de extorsión que se da en Tabasco. Quizá sea así, el asunto es las otras lecturas que se desprenden del  acuerdo.

Es previsible que, como en el caso de la ampliación de mandato del gobernador en Baja California, el Ejecutivo federal pregone su no intromisión y aluda a la independencia de poderes y niveles de gobierno, pero no cuestione una medida que no abonaría en nada al buen desempeño de su administración, aún cuando reitere en afirmar que “no somos lo mismo”.

Yeidckol Polvensky, dirigente nacional de Morena, es la impulsora de la Ley Bonilla en Baja California; apoya también la Ley Garrote en Tabasco. Foto: Jorge Dueñas/Zeta

Pero aquí no fue como en Baja California, donde se protegió con la mayoría del Congreso del PAN y del PRI. Al contrario, en Tabasco la mayoría en la Cámara es de Morena y la Presidenta nacional de ese partido, pronta, salió a la defensa de la medida, justificándola por sobre todo.

Preocupante en los dos lados y los dos casos, porque vulneran sensiblemente el proceso democrático en el país, que ya es decir mucho por todo lo que ello significa. Más en una fuerza caracterizada como progresista y de avanzada, que deberían estar alejada de posturas retardatarias.

El actual gobierno y su partido, debieran estar preocupados porque no hubiese el menor rasgo que los ubicase en el pasado, en una política de más de lo mismo, de verticalidades autoritarias más ceñidas a administraciones conservadoras y de derecha.

Pero en lo sucedido en Tabasco no sólo es negativo por todos los factores ya señalados, sino porque sienta un precedente negativo para que pueda abrirse el camino en legislaciones similares en otros lados de la República, pero más que atacar a la delincuencia, se actuaría contra opositores o ciudadanos que libremente se quisiesen manifestar.

La derecha siempre ha pugnado por criminalizar la protesta social, con medidas como la aprobada en el Congreso de Tabasco, se da un paso en ese sentido. Esto nada tendría que ver con la pregonada Cuarta Transformación, que debiera romper en definitiva con todo rasgo retardatario que impida el avance democrático hacia un estadio mejor en el país.

Aceptemos que López Obrador ni conocía el caso ni la pretensión, menos aún los términos de la iniciativa de reforma al Código Penal tabasqueño (su estado), menos aún que incidió en la decisión adoptada, pero eso no lo exime de condenar una decisión que tarde o temprano va a acabar lesionando su gobierno y su carácter presuntamente progresista y democrático.

Para él siempre fue bandera no criminalizar los movimientos sociales ni a los dirigentes de oposición. Siempre ejemplificó esa situación con los profesores de la CNTE de Oaxaca, alguno de ellos juzgado por delitos construidos, con tal de quitarlo del paso. Ahora no se puede actuar igual, sería como desdecirse de todo por lo que se había luchado.

Durante las conferencias mañaneras ha insistido que es saludable que la oposición se manifieste, saluda siempre ese derecho inalienable, ahora sus propios correligionarios promueven lo contrario y de pilón, la postura es defendida por la misma presidenta de Morena.

No estoy de acuerdo con la llamada Ley Garrote, es un fabuloso pretexto para la oposición para demostrar el presunto autoritarismo del actual gobierno. No lo diferenciará ni le importará plantear que es un acuerdo local, de una entidad, sino que surgió de un gobernador morenista y de una mayoría legislativa del mismo cuño.

Al igual que lo sucedido en Baja California, es necesario dar marcha atrás a la medida, mostrar al conservadurismo y a la gente que todavía tiene dudas, de que realmente se es diferente, que se piensa distinto y actúa en consecuencia.

Pues de lo otra manera acercan a la conclusión de que al final, todos son iguales, que lo único que cambia es el discurso.

Es tiempo de retomar el camino hacia un proyecto realmente progresista, diferente al neoliberal que saqueó y casi acabó con el país y sus riquezas. Para qué trastocarlo, porqué permitir que las influencias negativas se manifiestan y predominen.

Imagen de portada: presidente Andrés Manuel López Obrador. Foto: cuartoscuro.

*El autor es columnista de Tribuna Comunista. Este artículo fue publicado originalmente en el número 346 de Tribuna Comunista.  

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