MUSA VERDE: ¿Qué pide el Planeta?

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Concluyo la serie de trabajo y responsabilidades de biólogos y similares con algunas observaciones del trabajo que nos espera para mantener nuestro planeta habitable.

 

Cuando las primeras planas de los medios de comunicación no acaparan a la guerra, los desastres naturales, las elecciones y sus fraudes, las masacres, la violencia política o el último campeón deportivo, se acuerdan de la otra realidad inevitable: la condición del planeta que habitamos y llamamos Tierra.

 

¿Qué tanto hemos mejorado los sapiens desde que sabemos que la Tierra no es plana? (Facebook)

 

Horacio de la Cueva* / Edición de 4 Vientos

Foto destacada: La naturaleza es todo lo que está creado de manera natural en el planeta y que relaciona a las diferentes clases de seres vivos, como los animales, las plantas y las personas. También forma parte de la naturaleza el clima y la geología de la tierra. Y se puede mencionar que la naturaleza también guarda relación con el universo, las galaxias y todo lo que existe en ellas (Depositphotos).

 

Hemos modificado tanto al planeta que llamamos a nuestros tiempos el Antropoceno. No hay excusa para mantener el starts quo creado. Si somos Homo sapiens —el homínido sabio— debemos cambiar nuestro futuro porque podemos. El futuro no existe, lo creamos.

¿Qué papel deben ejercer las ciencias biológicas, ambientales y ecológicas para lograr ese futuro de desarrollo sustentable y que acabe con el cambio climático? Si, que acabe, no que disminuya su impacto o lo regule.

Lo primero que admitimos es que dada la gravedad, extensión y dimensión de los efectos del Antropoceno, las ciencias biológicas no pueden ni deben actuar solas.

Los incendios forestales catastróficos, los huracanes, tifones y tornados extremos, los cambios en los patrones de lluvia que causan tanto sequías como inundaciones, sólo pueden explicarse como consecuencia del cambio climático.

Debemos trabajar con climatólogos y geógrafos para entender los efectos del cambio climático global y sus consecuencias en nuestra comunidad, especies o hábitat de interés, para tomar las medidas locales necesarias que disminuyan su impacto y acaben con sus causas.

 

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Debemos trabajar con los oceanólogos para entender los efectos biológicos por el aumento de la temperatura, el cambio del nivel y la acidificación del océano, y la modificación de las corrientes. Sin este entendimiento no podemos resolver problemas de tamaño (y sobreexplotación) de pesquerías, blanqueamiento de corales o arribazones de sargazo a las playas del Mar Caribe.

¿Qué tenemos que hacer para que cada vez haya menos especies y hábitats amenazados?

Por razones que no acabo de comprender, la mayoría de los biólogos, ecólogos y ambientalistas creen que nuestra tarea principal de conservación es incorporar cada vez más especies a la NOM—059–SEMARNAT—2010, que es la Norma Oficial Mexicana que lista las especies que, tras un estudio de la condición del hábitat, la tendencia de la población y la extensión de su distribución, así como sus amenazas, las incorpora asignándoles alguna de las categorías de riesgo.

La mayoría de las especies  en la NOM-059 ya no reciben más recursos para su protección. Los resultados de los estudios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés) indican que, cuando menos para mamíferos, su condición empeora cada vez que se hace un estudio nuevo.  Es decir, acabaremos incorporando cada vez más especies a la NOM-059 sin tener resultados.

Pero esa no es nuestra tarea. Al contrario, deberíamos mejorar nuestro entorno para, primero, impedir que haya más especies en la NOM-059 y, segundo, sacar a especies de la norma no porque se hayan extinto, sino porque las condiciones han mejorado y sus poblaciones son sustentables.

 

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Lo último dicho puede suceder. Los cazadores de patos y gansos de los Estados Unidos y el Canadá se han aliado con gobiernos locales, estatales y federales para recrear las poblaciones de estas aves y poder mantener su afición por cazarlas.

No se trata sólo de recuperar una especie. Debemos determinar no sólo de qué tan grande queremos que sea una población, sino también cuántos pueden vivir en los hábitats de hoy y el futuro.

 

Para contribuir a todas las tareas antes mencionadas no basta con salir a observar y contar “bichos”, el término genérico que usan los biólogos para hablar de cualquier ser vivo y hasta de los virus.

 

Hacer notas de su biología, conocer en detalle su ciclo de vida o estar al tanto de la literatura científica de nuestro objeto de interés es importante, pero la historia natural de un organismo o de un ecosistema no es el único requisito.

Para colaborar significativamente también debemos entender de estadística y modelos, dinámica de poblaciones, sistemas de información geográfica, ciencias sociales y filosofía de la ciencia.

Nuestras soluciones deben ser científicas no sólo para que sean aceptadas por otros científicos, sino porque hasta ahora es la mejor forma que tenemos que asegurar que el resultado sea lo más honesto, medible y refutable posible.

 

* Es Doctor en Filosofía (Zoología) por la University of British Columbia, Canadá. Investigador titular del Departamento de Biología de la Conservación en el CICESE. Especialista en Biomecánica, Conservación de especies y ecosistemas. Es coordinador del programa de Maestría en Administración Integral del Ambiente por parte del CICESE y el COLEF. Esta y otras Musas Verdes se pueden encontrar en https://horaciodelacueva.blogspot.com/ donde, al igual que aquí en 4 Vientos, aprecio sus comentarios.

Ensenada, B.C., México, miércoles 1 de junio del 2022.

 


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