MUSA VERDE: Las Codornices sonorenses

La Codorniz Mascarita de Sonora (Colinus virginianus ridhwayi) es una subespecie aislada (posiblemente desde el Pleistoceno, hace 12 mil años) de las otras muchas subespecies de codornices Cotuí (Colinus virginianus) que podemos encontrar en el centro-este de los Estados Unidos y en la vertiente este del territorio mexicano llegando a Morelos, Yucatán y Oaxaca donde son apreciadas como alimento y trofeos de caza.

Horacio de la Cueva / 4 Vientos

La existencia de la Mascarita de Sonora se vio amenazada con la introducción como forraje del pasto buffel de África. Este desplazó a los pastos y hierbas nativas modificando el paisaje y el régimen de fuego y destruyendo el hábitat de la Mascarita. Es buen alimento para el ganado, pero las Mascarita no pueden comer sus semillas por las espinas que las envuelven. Agregado a este cambio alimentario, las sequías prolongadas pudieron haber acabado con sus alimentos y refugios.

La última Codorniz Mascarita en vida libre se vio en Sonora en 2009, todos los intentos por detectarla por perros, escuchando sus llamados o avistándola han sido infructuosos; se le considera extinta en vida silvestre. Hay dos poblaciones en cautiverio, una en Buenos Aires National Wildlife Refuge, de la cual se trasladó una porción a Africam Safari en Valsequillo, Puebla. El fin último de estas poblaciones es reintroducirla a su ambiente.

La entrada del ganado a Sonora también ha tenido consecuencias para plantas y animales nativos. El tornillo, o mesquite, que se encontraba en las orillas de los arroyos fue trasladado a la mitad de los pastizales como parte de la boñiga, proveyendo una percha inigualable. Desde esta las aves de presa se lanzan sobre sus presas, especies de aves y mamíferos que quedan desprotegidos durante las migraciones y en el invierno.

Existen otras dos especies de codorniz en Sonora, la Codorniz de Gambel (Callipepla gambeli) y la Codorniz de Cresta Dorada (Callipepla douglasii). El pasto buffel y las sequías han tenido un efecto menor en su forma de vida. Siguen presentes, aunque aún no tenemos forma de saber si sus poblaciones se han mantenido estables, han disminuido o aumentado. Podemos sospechar que la introducción de ganado no les ha sido benéfica por las modificaciones de paisaje que implica: cambio de cobertura vegetal, apisonamiento de suelo, deslave de bancos de arroyos, construcción de cercas, facilitación de la depredación, etcétera.

La codorniz de cresta dorada (Foto: Facebook).

La persistencia de estas especies en los diferentes hábitats de Sonora indica que posiblemente son especies con un comportamiento más flexible ante los cambios creados por la introducción del pasto buffel y las sequías, o no estuvieron en el lugar equivocado en el momento equivocado evitando su extinción local como en el caso de a Mascarita. ¿Pueden sobrevivir los cambios en los hábitos de consumo de carne y el cambio climático global?

La demanda de carne de res disminuye en los Estados Unidos y en Europa, pero su consumo ha aumentado en México, China e India. Si la demanda por carne sigue aumentando ¿tienen futuro los paisajes sonorenses y sus residentes naturales? Sí, si los rancheros alimentan a su ganado con pastos nativos.

Aunque algunos ranchos han sido invadidos por el pasto buffel, en otros se han tomado medidas de manejo para reducir su presencia y alimentar al ganado con la flora nativa. La consecuencia sinérgica de ésta decisión es qué pueden regresar los paisajes previos a la introducción del pasto buffel, suponiendo que la mayoría de las especies pudieron refugiarse en algún lugar cercano a los ranchos donde se usó este pasto.

El regreso de los pastos y otras plantas nativas ofrece una ganadería sustentable y el aprovechamiento de otros recursos. Ya diversos ranchos incluyen la cacería de venado bura (Odocoileus hemionus) entre sus actividades. Si conocemos las respuestas de las poblaciones de Codorniz ante los vaivenes climáticos y la reintroducción de pastos nativos podemos establecer tasas de aprovechamiento sustentable.

Las codornices y sus huevos pueden volverse parte del menú estacional de restaurantes en los centros urbanos o de la cocina campirana en los mismos ranchos, o los adultos pueden ser cazados. El regreso y buen manejo de la vegetación nativa es una oportunidad para que los venados y las codornices proliferen y sean esenciales en la economía sonorense.

Además, pido que se encuentre y castigue a los culpables intelectuales y materiales de los asesinatos de Miroslava Breach y Javier Valdéz y el secuestro de los 43 normalistas de Ayotzinapa. ¡Viva la Comisión de la Verdad!

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