Musa Verde: Ecología del cambio climático

La mejor explicación que podemos dar a las ondas de calor y proliferación de incendios actuales en el hemisferio norte, es que vivimos ya los efectos del cambio climático que hemos generado por la liberación de gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera. Estos gases han acompañado a la vida en el planeta; sin ellos las temperaturas serían extremas y no habría vida como la conocemos.

Horacio de la Cueva / 4 Vientos

La cantidad de estos fluidos ha variado de forma natural durante la historia del planeta, dando lugar a calentamientos históricos con consecuencias similares a las que hoy empezamos a vivir.

Esta variación natural histórica ha dado lugar a que los autodefinidos escépticos del cambio climático atribuyan el calentamiento actual a causas naturales y no lo quieran atribuir a la quema de combustibles fósiles, iniciada intensivamente desde la Revolución Industrial.

A la comunidad científica, a la mayoría de los gobiernos signatarios del Acuerdo de París —Trump insiste en que se trata de un complot chino— y a una buena parte del público nos preocupa el aumento de los GEI. Tanto que hemos hecho promesas para reducir la producción de estos con tal de tratar de evitar un aumento en la temperatura con consecuencias irreversibles y deletéreas a la vida.

El calentamiento global no es un hecho aislado y sin consecuencias. Ya es posible atribuir la aparición incendios más extensos y más calientes a las condiciones áridas derivadas de este calentamiento. El calentamiento atmosférico ha causado un alza de la temperatura superficial de los océanos. Esta temperatura superficial es la causa de que en la temporada de huracanes haya más y estos sean más intensos y devastadores. Las consecuencias trágicas y económicas de incendios y huracanes llenan las primeras planas de periódicos y noticieros.

Aunque suene obvio para algunos, hay que enfatizar que el cambio climático afecta a especies, ecosistemas y procesos naturales como la circulación oceánica, reguladora del clima. El planeta y sus habitantes nos encontramos en el tránsito hacia una nueva realidad que atisbamos con una serie de modelos que presentan diversos escenarios de cómo podrían ser las condiciones ambientales o la distribución de alguna especie. Sin embargo los modelos son herramientas que simplifican una realidad futura sobre la cual debemos decidir.

Todos estos modelos son de una complejidad algorítmica impresionante; predicen temperaturas, cambios en la precipitación, condiciones de aridez o la nueva distribución de una especie. Entre más lejano sea el futuro que predice el modelo, menos precisa se hace la predicción. Estas maravillas del trabajo científico que ayudan a conducir y decidir sobre las políticas del cambio climático a nivel internacional y en cada país y región carecen de una característica humana rara pero importante, la imaginación.

Este ejerció de imaginación es responsabilidad de todos. El futuro no sólo es predecible con modelos computacionales, también lo podemos imaginar y crear. Podemos imaginar un futuro distópico con uno cuantos sobreviven en condiciones precarias y de competencia extrema; de esto sobran películas hollywoodenses. Más difícil es imaginar que el lugar donde vives será diferente de aquí a 10 ó 20 años.

Donde quiera que estés, México será más árido y más caliente. Además, muchas de las plantas con las que vives desaparecerán; lo mismo pasará con los animales. Pescadores, agricultores y recolectores tendrán que aprender a trabajar con temporadas y especies diferentes; también habrá plagas nuevas, tal vez más resistentes a los controles bioquímicos que actualmente utilizamos.

Si queremos un futuro sustentable debemos imaginarlo y crearlo, y para imaginar un futuro viable debemos tomar en cuenta dos factores inevitables: uno dentro y otro fuera del control humano. El primero es el cambio climático que podemos reducir, con la esperanza de que no pasemos un umbral que nos lleve a una realidad desconocida y fuera de nuestro control. El segundo es la suma y sinergia de las interacciones entre las partes vivas y no vivas de nuestro mundo. No sabemos cómo se afectarán todas y cada una de estas interacciones. Los modelos nos pueden ayudar, pero la imaginación nos auxiliará en la creación de soluciones que nos permitirá adaptarnos al mundo desconocido que nos espera.

Además, pido que se encuentre y castigue a los culpables intelectuales y materiales de los asesinatos de Miroslava Breach, Javier Valdéz y el secuestro de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

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