MUSA VERDE: Ambientes Urbanos

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Las ciudades actuales son productos del desarrollo agrícola que permitió asentamientos humanos permanentes: las civilizaciones de Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma, la sociedad medioeval, la invasión árabe a Europa, el Renacimiento y la invasión y conquista europea del continente americano. Aunque no podemos ignorar que Tenochtitlán era el asentamiento humano más grande al momento que las huestes de Hernán Cortés la vieron por primera vez.

Horacio de la Cueva / 4 Vientos

Ni siquiera las ciudades más viejas rebasan las edades geológicas que han dado forma a la tierra. Son una novedad entre los sistemas físicos, químicos y biológicos del planeta.

Actualmente en las ciudades existe infraestructura como las calles pavimentadas, adoquinadas, empedradas o de tierra, las banquetas o las veredas, las redes de agua o las vertederos a cielo abierto y la electricidad o los quinqués de petróleo y las velas, las casas habitación de ladrillo o concreto o las de cartón y piedra, los edificios o tejados para escuelas, hospitales u oficinas.

A esos materiales agregamos los elementos naturales deseados como parques o exóticos invasores como ratas y cucarachas que son parte de estos ecosistemas semiartificiales ligados a la historia del uso de las tierras para nuestra supervivencia y beneficio.

Los ambientes urbanos de todos los tamaños han destruido o modificado el ambiente natural y se han incorporado elementos creados por humanos para facilitar la vida y el desarrollo de las sociedades humanas. Cualquier barrio rico o ghetto de cualquier metrópoli es testigo y prueba de esta transformación.

Ciudades sustentables (Fotos, esta y principal: Internet)

Al vivir en ambientes urbanos obtenemos los beneficios de un ambiente natural amable a muchas de nuestras necesidades, pero perdemos la visión del modo natural de la vida y la muerte y la conexión con los ambientes naturales. Hasta hace poco los ambientes urbanos se consideraban y trataban como si estuvieran aislados del resto del planeta.

Los ecosistemas intercambian seres vivos, energía, bienes y recursos con su entorno. Pudiéramos medir la calidad de vida de una ciudad por el balance de intercambio de servicios que se dan entre el ambiente y la ciudad.

Son pocas las ciudades que aportan más servicio al ambiente natural que las que toman de él. Bien hacen al disminuir los productos que acaban con en el ambiente: plásticos, gases producto de los motores de vehículos y fábricas, desechos orgánicos y gran parte de nuestros productos de uso diario.

Los ambientes urbanos son tan amigos o enemigos como los diseñemos o como perdamos el control de su desarrollo a favor de intereses particulares. Podemos medir o percibir el grado de amistad de un ambiente urbano por su tratamiento de los productos generados y por lo vivible que es a la escala del movimiento humano y la estética dada por sus calles, edificios, monumentos y espacios abiertos.

Las ciudades en las que es difícil moverse a pie o en transporte público, y dan prioridad a los vehículos automotores, están mal diseñadas.

Muchas ciudades de los Estados Unidos han sido pensadas para que el carro determine el diseño de casas, calles, espacios de comercio y espacios públicos. No poseer un carro es una calidad despectiva del humano. Se le trata como un ciudadano de segunda, sin ambición e inadaptado.

En México, cuyas ciudades más antiguas crecieron o fueron diseñadas tomando en cuenta la escala humana, la han perdido al modificar las partes viejas de las ciudades para adaptarlas a los carros, ignorando los reglamentos o permitiendo su abuso a través de la corrupción de funcionarios y trabajadores de todo nivel de gobierno.

En México no hay plan de desarrollo que aguante un cañonazo de cincuenta mil pesos. Innecesariamente, ciudades antes peatonales, habitables y vivibles a escala humana, se han transformado en esclavas del automóvil. Hay un interés fingido por promover el transporte público que pudiera disminuir los problemas de tránsito, pero este transporte se ha convertido en fuente de contaminación e inseguridad irrestricta, a la par de gran negocio para unos cuantos concesionarios irresponsables.

¿Qué pasa cuando una ciudad, un pueblo, una colonia o una vecindad crean y respetan un plan de desarrollo que reverencia la escala humana? La respuesta es muy sencilla: Vivir en ellas es fácil, interesante y resulta agradable caminar en ellas.

Los espacios abiertos ayudan a resaltar la arquitectura, haciendo de las áreas verdes una parte esencial de la ciudad.

El transporte público en los países nórdicos (Foto: Nobina).

El transporte público es preferible al automóvil porque es confiable, seguro, puntual y está disponible 24 horas al día.

Los carros se usan mínimamente y se estacionan no muy lejos de los centros comerciales, cívicos y culturales de las ciudades.

Estos ambientes urbanos no son utopías, existen en nuestro planeta.

Son ciudades tan metropolitanas como París, tan ricas como Frankfurt, tan poco conocidas como Besançon. Son ambientes urbanos que surgieron con los burgos medioevales en Europa. Son lugares que han sobrevivido guerras y han decidido que en la reconstrucción no perderían su carácter y belleza casi perdidas frente al imperio del carro. No son perfectas, pero sus habitantes y sus gobernantes se esfuerzan en mantener su escala por que viven y trabajan en ellas, las caminan, las disfrutan y las comparten amablemente con vecinos y visitantes.

Además, pido que se encuentre y castigue a los culpables intelectuales y materiales de los asesinatos de Miroslava Breach y Javier Valdéz, así como de la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

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