Menos abasto del Río Colorado, sequía prolongada, pésima gestión, sobreexplotación friática y sal en la tierra: el negro panorama del agua en BC

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La prolongada sequía, la sobreexplotación generalizada de los mantos freáticos y el deterioro acelerado de los suelos por una alta presencia de sodio en agua y tierra de cultivo, son los grandes retos que tiene la agricultura de Baja California, una de las más tecnificadas y productivas de México.

 

El Río Colorado en Mexicali (Zona Líder).

 

Javier Cruz Aguirre /4 Vientos

Foto destacada: El agua en Baja California también corre peligro por los grandes intereses comerciales de un pequeño grupo empresarial, pero gran depredador del recurso hídrico en el mundo -por ejemplo las transnacionales cerveceras Heineken y Constellations Brands-, que desea instalarse o ya opera en la entidad (Facebook).

 

El ingeniero Gonzalo Patricio Bernal Salinas, asesor independiente en la producción de agricultura orgánica en México, resume así el panorama que enfrenta el agro de Baja California por la deficiente administración del agua en la entidad.

Se sumó a la visión que del tema tienen otros dos especialistas: Alejandro Hinojosa Corona, investigador del Departamento de Geología del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), y Alfonso Cortez Lara, investigador del Colegio de la Frontera Norte (Colef), campus Tijuana.

En entrevista con la agencia informativa del Conacyt (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología), el primer científico advirtió la situación crítica y la explotación descontrolada del agua que se tiene en Baja California.

Reveló que al hacer un estudio comparativo de la situación del agua en los estados colindantes de California y Baja California, se encontró que la entidad vecina supera por cinco veces la cantidad de cuerpos de agua disponibles en Baja California, mientras que, por superficie, California es superior por 13 veces.

 

“Encontramos por ejemplo que la suma de las áreas máximas de cuerpos de agua en Baja California es de 867 hectáreas, mientras que en California es de 11 mil 851 hectáreas. Se trata de una enorme diferencia”, reveló el geólogo.

 

También que el área promedio en Baja California de cuerpos de agua es de 41 hectáreas y en California es de 127 hectáreas.

“El más grande de nuestro estado es de 314 hectáreas y en el estado vecino es de mil 865 hectáreas. En total, es una relación de 13 veces más en área y cinco veces más en número de cuerpos de agua.”

Asimismo, el estudio reveló que al igual que sucede con el agua, las áreas verdes en ambos estados son muy contrastante.

“Tenemos la zona de Mexicali que colinda con Valle Imperial, que es una zona agrícola de California, y obtuvimos sus índices de vegetación. Comparamos zona agrícola con agrícola y natural con natural en los dos lados de la frontera, y el índice de vegetación te da un valor entre menos 1 en Mexicali y 1 en Imperial. Para entender la diferencia es importante señalar que entre más cercano se esté a uno, la vegetación es más intensa, más verde.”

El especialista consideró que los contrastes que arrojó el estudio se pueden atribuir “a la (deficiente) planeación” del uso de agua en Baja California.

“Ahorita estamos en una situación bastante crítica en Baja California. Toda el agua que usamos aquí se explota de una manera incontrolada y por ello no alcanza, mientras en California hay una mayor previsión de tener respaldo, almacenando el agua en reservorios construidos explícitamente para ese fin.”

 

Los efectos devastadores de la prolongada sequía en la cuenca del Río Colorado (Youtube).

 

LAS RESTICCIONES DEL RÍO COLORADO

Por su parte, el investigador del Colef destacó en entrevista con el diario Reforma que, como consecuencia de la peor sequía en la región en los últimos 22 años, las asignaciones de agua del Río Colorado a usuarios de México serán reducidas este 2022, lo que afectará a los productores agrícolas del Valle de Mexicali.

Cortez Lara recordó que a México le toca una disminución anual de 99 millones de metros cúbicos, cantidad que es similar al consumo de agua de todo Mexicali -zona urbana, valle y el puerto de San Felipe-.

 

“Y afectará de forma directa la actividad agropecuaria ya que ese volumen equivale a aproximadamente 10 mil hectáreas (de siembra), considerando la dotación de agua promedio por hectárea al año”, explicó.

 

También recordó que de acuerdo con el Buró de Reclamaciones -un organismo público que administra la infraestructura del agua en Estados Unidos-, hasta el mes de agosto de 2021 se calculó que el almacenamiento del sistema del Río Colorado está al 40 por ciento de su capacidad, cuando en la misma fecha del 2020 estaba en un 49%.

 

Los sistemas de riego en Mexicali serán impactados por la reducción de la dotación de agua del Río Colorado a México en este año (Facebook).

 

MÁS DATOS DUROS DEL AGUA

Cabe señalar que la Secretaría estatal de Agricultura de Baja California determinó, al concluir el primer semestre del año pasado, que el volumen de agua disponible para la entidad era de tres mil 250 millones de metros cúbicos (Mm3), de los cuales el 65% son aportados por el Río Colorado y 35% por aguas subterráneas.

Al respecto, hace cinco años el Programa Hídrico del Estado de Baja California “Visión 2035” advirtió que tal grado de subordinación en el suministro de agua entregada por Estados Unidos, coloca en riesgo el abasto tanto a las zonas agrícolas como urbanas del norte del estado.

Directamente determinó: “El río Colorado no es una fuente de abastecimiento que garantice mejorar la disponibilidad en la zona costa de Baja California, ya que dicha cuenca presenta una condición de sobreexplotación”.

Pero su alerta hasta hoy no se toma en cuenta. Una investigación del Instituto de Estudios Legislativos del Congreso de Baja California determinó que el Distrito de Riego 014 (valles de Mexicali y San Luis Río Colorado), que se abastecen directamente de agua del Colorado, concentra el 88% del total de recursos hidrológicos de la entidad.

 

“Pero por mal manejo en la conducción del agua y por sistemas inadecuados de irrigación, este Distrito pierde más de mil millones de metros cúbicos de agua al año”, destacó el informe de noviembre del 2021.

A su vez, el Sistema Nacional de Información del Agua reportó en agosto del año pasado que 14 de los 48 acuíferos de la entidad se encuentran sobreexplotados y tres sufren salinización. 

De acuerdo con esa fuente, Baja California llegó a esa situación porque además de las malas prácticas que existen en el uso y manejo del agua en la entidad, el 85.5% del territorio bajacaliforniano padecía sequía en algún grado, “aun cuando la incidencia de la sequía a nivel nacional disminuyó significativamente durante julio pasado.”

Es por ello que el Programa Nacional Hídrico 2020-2024, al analizar la situación que priva en la Península de Baja California, estableció que ésta región se ubica -a nivel nacional- en el tercer grado de presión hídrica más alto, es decir de 85 por ciento, por los volúmenes de agua concesionados o asignados para usos de consumo.

 

El ejemplo del valle de Guadalupe: sobreexplotación de aguas subterráneas para surtir los crecientes viñedos y la sed de los habitantes de la ciudad de Ensenada (Cortesía).

 

Cabe destacar que el pasado 29 de marzo, el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (Cicese) reveló en un comunicado que el 39 por ciento de los 88 acuíferos que existen en Baja California registra sobreexplotación o salinización, lo que provoca problemas en el abastecimiento de agua para el desarrollo de actividades agrícolas, industriales y domésticas.

Además, la institución que depende del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) destacó los casos de los valles de Guadalupe y Maneadero, centros agrícolas de importancia nacional en cultivo de uvas, flores, legumbres y hortalizas, y a nivel regional por abastecer casi la mitad del agua domestica que consumen los más de 400 mil habitantes de la ciudad porteña de Ensenada.

Dos científicos del Cicese –Zayre I. González Acevedo, investigadora del Departamento de Geología, y Marco Antonio Pérez Flores, investigador del Departamento de Geofísica Aplicada-, detallaron los resultados de sus investigaciones en Guadalupe y Maneadero (respectivamente), en donde la sobreexplotación agrícola de sus aguas subterráneas ya genera problemas de salinización en la tierra.

Primero, destacaron datos de la de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) según los cuales 34 de los 88 acuíferos que tiene Baja California –es decir el 39% del total- están afectados con sales negativas a los cultivos y consumo humano.

Ello porque 23 están sobreexplotados y 11 presentan intrusión marina, problemas que inciden en la disponibilidad y la calidad del agua que surten a los consumidores.

Para contrastar esa información en el contexto nacional, el Cicese citó que actualmente México dispone de 653 cuerpos de agua subterránea, de los que 157 están sobreexplotados y 18 presentan intrusión marina.

Zayre González destacó un dato importante sobre la salinización de las aguas subterráneas: la sal no es exclusivamente procedente del mar, también puede ser aportada por la geología del lugar.

Sin embargo, ya sea que la salinidad sea provocada por la intrusión marina o por el tipo de rocas con las que tiene contacto en el subsuelo, el origen del problema apunta al manejo del agua.

 

“Empiezas a sacar mucha agua y entonces empiezas a perforar más profundo y entre más profundo perfores es agua más vieja y esa agua más vieja ha estado más tiempo en contacto con las rocas”, comentó la especialista.

 

Informó que después de analizar muestras de agua del Valle de Guadalupe, conocido por su vocación vitivinícola, ella y su grupo de trabajo detectaron salinización que puede ser provocada por la geología del lugar, factor que aparece en la fórmula al extraer agua de mayores profundidades.

 

En el valle agrícola de Maneadero, pozos sin fondo y tierras salinizadas (Cortesía).

 

SALES Y SODIO POR DOQUIER

Por su parte, el Ingeniero Alejandro Guzmán, en entrevista luego de participar en el III Simposio Internacional de Producción de Agricultura Orgánica que en Ensenada organizó la empresa sinaloense Capaciagro, el pasado 10 septiembre, destacó a su vez que en la actualidad la agricultura de riego en el Noroeste de México, de manera destacada Baja California, “vive un proceso de intrusión salina feroz.”

 

Narró: “Cada vez que un agricultor profundiza un pozo aumenta la cantidad de sodio en el agua de riego; hay más sales. Pero el problema mayor es que el sodio termina en el suelo, por lo que nos enfrentamos hoy día en un proceso de destrucción de los suelos, de deterioro de las características físicas y químicas de los suelos.”

 

Esto –precisó- es un fenómeno que se presenta en todo el planeta. “Por un lado la sequía está afectando a zonas que de por sí eran áridas; pero, en otras regiones donde ya llovía mucho, también está lloviendo más todavía y eso erosiona la tierra.”

Agregó que si bien estas anomalías climáticas “pueden ser un espejismo, o fenómenos que se pueden agudizar”, de cualquier forma “lo que está pasando es que el fenómeno de destrucción del suelo se está agudizando y eso se debe, en el 99.9 por ciento de los casos, por la caída que tenemos en la calidad del agua. Los análisis que he realizado así me lo confirman.”

Dijo: “El agua nos la hemos ido acabando porque gastamos más de lo que el manto freático recarga naturalmente; además, existe una salinización permanente por el uso intensivo de los fertilizantes”.

 

Ahora, inicia el tiempo de la agricultura orgánica en Baja California (Sefoa-BC).

 

AGRICULTURA ORGÁNICA, ¿AL RESCATE?

Y aquí es donde la agricultura orgánica puede venir a salvar la situación –expuso-, porque la tierra no solo se ha salinizado por sodio, sino también por sales que consideramos nutrientes y que en realidad también colaboran de manera importante en la pérdida de materia orgánica.

Explicó que la materia orgánica es el poder reductor que le da vida y energía a los suelos y él ha podido rastrear diversos tipos de análisis –“de folia, de estratos saturados y de frutas”-, para dar seguimiento nutricional a la tierra y de esa forma  ver qué es lo que está pasando y cómo se puede solucionar el problema.

 

“La agricultura orgánica tiene que empezar este proceso de recuperación de los suelos; pero aún queda pendiente el problema del sodio en el agua, por lo que afirmo que se trata de un asunto que en este momento no se puede resolver, sino solamente manejar.”

Aun así se mostró positivo a la pregunta de si la humanidad, y la agricultura de Baja California en lo particular, aún está a tiempo de atajar el proceso de salinización, pero acotó:

“A veces, el productor busca alternativas en lo más económico, en lo más barato para fertilizar sus suelos, pero esos productos son sales nitrogenadas y entonces se crea un círculo de nunca acabar.”

En ese caso, afirmó, está el cultivo del cebollín -hierba perteneciente a la familia de las aliáceas- que en Baja California está muy mal pagado y por eso el agricultor que lo siembra solo “le mete nitrógeno”.

 

No olvidemos que atrás de un productor siempre hay un mercado que es el que manda los precios de lo que se vende. Entonces, tenemos mercados en donde sí podemos trabajar con los mejores productos, con los mejores insumos que reduzcan de manera natural las sales y el sodio presentes en el suelo, como son hoy en día las berrys –fresas, moras, zarzamoras y frambuesas-, pero ese no es el caso del cebollín”.

 

Concluyó con un pronóstico: regiones de México como la península de Baja California, Sonora y Chihuahua, en donde los productores tiene mil, dos mil y hasta tres mil hectáreas bajo producción, además de capital suficiente para invertir en tecnología de punta y nutrientes orgánicos de última generación que les permiten competir ventajosamente en el mercado internacional, son la vanguardia en la lucha para reducir y controlar la salinidad de los suelos agrícolas en el país por lo que hay que cuidar su desarrollo y evolución.

 


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