LOS PERROS GUARDIANES: Universal Graffitis

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“La ignorancia crea a los resignados. Baste

decir que el arte debe de crear a los rebeldes”.

Elogios a la virtud del Aerosol:

Pelloutier.

Rael Salvador* / A los 4 vientos

I

PABLO PICASSO

Picasso tiene la mirada ágil, como la destreza de sus pintas. Cuando se refiere a la extensión de su oficio –que abarca casi toda la ciudad–, dice sonriente: «Me gusta agarrar parejo: banquetas, letreros, paredes, murallas, delegaciones, iglesias, cines, camiones, vidrios… Eso es emocionante, y no que me digan: “Píntame aquí un Guernica”».

II

SALVADOR DALÍ

«Yo estaba preparando la brocha de aire para realizar un graffiti en lo alto del museo y un señor, ya mayor, sacó una lámpara… Y yo nomás miraba la luz de la lámpara, sin saber dónde estaba. Entonces que me bajo rápido, y la escalera del letrero está así… muy alta… Más o menos al nivel onírico de mis pretensiones. Y me solté y caí de espalda… Y, luego luego, cuando me paré, el señor me dijo: “¡Aaah, chamaco!”, y me empezó a pegar: “Toma, toma y toma”. Y ya después, iba todo chueco por la carretera y no dejaba el cabrón de tirarme piedras. Cuando llegué a la casa, Gala me recriminó: “Lo peor de todo fue que no rayaste…”».

III

DIEGO RIVERA

El Sapo nunca está quieto y, por lo mismo, no hay altura ni muro que se le resista. Sus compañeros del Sindicato de la Brocha Roja lo respetan, porque aprecian su agilidad. “A mí no me interesan los jodidos permisos, las paredes son la prensa del pueblo”, dice a la altura de su dignidad y, no muy por detrás del anonimato de sus ojos encubiertos por una golondrina negra, Frida Kahlo aprueba sonriendo la fuerza y la ternura que poseen sus pintas urbanas.

IV

JACKSON POLLOCK

«Sin dejar de mirar tu obra, dices: ¡Uuuuufff! No manches, esto sí engalana la ciudad. Graffitiar causa satisfacción, en primer lugar, porque tiras tu “placa” y, terminándola, te sientes salvado, trascendido. Ya, al otro día, vas todo contento a “guachar” cómo quedó… Y, entonces, sin dejar de admirar tus pintadas, un poco escurridas, de nuevo dices: ¡Uuuuufff! La cosa no es sólo que te agarren al momento, sino que también está el problema de que los de Seguridad Pública y sus programas ñoños te den seguimiento. Para un graffitero de mi calaña, andar pintando monitos “adisneylados”, eso sí que sería vivir sin sentido».

V

FERNANDO BOTERO

«El policía gordo me apuntó… Y si no corro, yo pienso que sí… ¡No, no me han golpeado, para eso primero nos tienen que alcanzar! Nunca nos quedamos ahí parados, siempre que vienen los de la comandancia nos echamos a correr. Algunos tienen la suerte de librarse y otros no… Y, pues ni modo. La semana pasada a mí un policía gordo de Seguridad Pública, que no me pudo alcanzar, me sacó una escopeta; mentándome la madre, cargó y todo… Si no me escabullo, yo pienso que sí me hubiera disparado, porque como pudo, todo bofeado, sin fuerza, el gordo me apuntó…».

VI

MARTHA CHAPA

«Si a mí me dicen: “Te damos una pared y píntanos una manzana”. Bueno, está bien, sí lo hago, porque me gusta eso. Pero déjame decirte que para todos nosotros el graffiti no es una moda; va ha ser por siempre, es algo que surge del corazón de los crayones en la primera infancia. Al graffiti lo vimos en otra parte y nos gustó, y decidimos adaptarlo. Pues sí, también yo les digo a los muchachos, muy alegre: ¡Vamos a pedir permiso para hacer un mural bonito! Pero también hay días que se me antoja colgarme de un letrero y… ¡de las mentadas manzanitas ni me acuerdo!».

VII

FRANCISCO TOLEDO

«Nosotros no somos violentos, no hacemos nada en contra del gobierno que nos atrapa. A nosotros nada más nos agarran y decimos: “¡Ah, bueno… pues ya ni modo!”. Y soltamos una granada llena de pintura. Si llegamos al institucional programa de “Chabelo con Sentido” y pintamos monos o algo así, no estamos buscando pleito. Somos tranquilos, no somos de violencia, para eso existe el interior de la familia mexicana. Por eso, yo digo que se den cuenta que se puede decir que un graffitero es más pulcro y más respetuoso que otras personas. Vean a los políticos gandayas, oportunistas y rateros… Y eso lo permiten, y eso sí que es más grave que pintar. El graffitero no es un delincuente; compárenlo con la basura de anuncios que cuelga el comercio y la mierda mediatizada del cartel político, uno con sus orgullosas faltas de ortografía y los otros con las actitudes criminales maquilladas por el Photoshop».

VIII

JOSÉ LUIS CUEVAS

«A mí que no me digan nada, yo pintarrajeo por adrenalina. Que si nos les gusta, pues ni modo. A mí tampoco me gustan sus ordenadas cadenas de instituciones gubernamentales de color azul Parkinson, ni sus cervecerías todas igualitas. Para ser graffitero se necesita calidad, no manejar la lata de espray como árabe borracho; de eso ya tenemos mucho. Mira las recetas de los doctores, la burda caligrafía de los profes, las tipografías dizque de “caché” de las boutiques locales que venden al triple las baratijas de saldos que adquieren en Chula Vista».

*Escritor, profesor y periodista, autor de los libros Obituarios intempestivos, Ensenada, instrucciones para hacer fuego con el mar y Claridad & Cortesía. En su momento, editor del suplemento cultural Palabra. Correo electrónico: raelart@hotmail.com


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