LOS PERROS GUARDIANES:  La Biblioteca de Manguel.

Comparte en redes sociales

Un bello tratado de melancolía sobre la lectura y los libros

          Si resulta una exquisitez el pensamiento desembalado de Walter Benjamin al reacomodar sus biblioteca, habrá que leer con atención las digresiones de Alberto Manguel mientras aposenta en cajas sus miles de libros…

Rael Salvador/ A los 4 vientos

        Mientras embalo mi biblioteca. Una elegía y diez digresiones (Almadía, 2017) resulta ser un bello tratado de melancolía sobre la lectura y los libros, premisa de uno de los intelectuales más queridos y respetados en el mundo de las palabras y las ediciones. 

         En estas páginas, concentración íntima de reflexiones ensayadas en el grueso de su obra, la generosidad de lo libresco se fortalece porque el autor de “Una historia de la lectura” comparte esos pequeños detalles que, al sustraer títulos de sus vastos anaqueles –tocar para creer, decía Tomás el Apóstol–, éstos detonan destellos de justicia entre los hombres y nos obsequian una especie de felicidad que consolida la complicidad de quienes conocen lo que es vivir con una biblioteca, esa especie de maravilla autobiográfica cifrada en tiempo, tinta y papel.

Alberto Manguel, el autor argentino-canadiense, ganador del Premio Internacional Alfonso Reyes 2017, se define como “un lector que escribe”. Foto: internet

         Lejos ya de la contingencia –más bien, “absurdo desenlace de un capítulo largo y feliz”, no carente de un periodo de ira y duelo– de embalar, migrar y resguardar una biblioteca de más de 35 mil volúmenes –Manguel, después de 15 años, tuvo que abandonar el valle de Loira, Francia, lugar donde había encontrado la paz del trabajo con los libros y la conformidad idílica de la arquitectura y el paisaje, “ese granero, cuyas piedras llevaban la firma de sus constructores del siglo XV”– y, tras recibir la invitación de dirigir la Biblioteca Nacional de Argentina, ésta –experimentada en la geografía de los traslados: Buenos Aires, Tahití, Londres, Milán…– permanece en un almacén de Canadá.  

         Cabe decir que, atendiendo el aprendizaje vivencial que narra de los muchos libros, en su biblioteca se sentía rodeado de una “mayoría silenciosa”, tal como Homero llamaba a los muertos. Un extenso rebaño de paginas que guardaban las claves de mi pasado e instrucciones para mi presente, así como amuletos útiles para mis rituales cotidianos”, ofreciéndole al animal lector la investidura de lo humano.

         Los libros siempre han conversado conmigo –confiesa Manguel en la pedagogía lúcida de la lectura– y me han enseñado muchas cosas tiempo antes de que esas cosas entraran materialmente a mi vida, y los volúmenes fijos han sido para mí algo muy similar a criaturas vivientes que comparten mi cama y mi mesa”.

         Si los nombres son consecuencia de las cosas, el diamante escondido de Mientras embalo mi biblioteca” es, de manera indiscutible, la mención de Robert Lepage, escenógrafo, dramaturgo, actor y director de cine, entre muchas otras de sus cualidades, uno de los creadores de espectáculos multimedia más grandes del mundo. A raíz de la invitación que le hace Nicole Vallières, directora de la programación cultural de la Bibliothèque et Archives nationales et Quebec, que desea celebrar su décimo aniversario exhibiendo el manuscrito y el ejemplar de “La biblioteca de noche, Manguel le sugiere ponerse en contacto con su amigo Lepage…

 Lo que vamos a descubrir, dándole seguimiento en internet –atendiendo el nombre del espectáculo: “La bibliothèque, la nuit”– es algo milagroso: la recreación física de la propia biblioteca de Manguel, seguido del renacimiento, recreación y coronación virtual de las diez bibliotecas más renombradas de la existencia, desde Alejandría a nuestra Biblioteca Vasconcelos, pasando por la Biblioteca del Congreso de Washington, la Real Biblioteca de Dinamarca y la biblioteca del templo de Hase-dera de Japón.   

         Así, “Mientras embalo mi biblioteca. Una elegía y diez digresiones” se convierte en un digno memorial a la gracia y afabilidad del libro, el lector y el escritor, quienes en la persona de Alberto Manguel reflejan el gozoso caos que, en sus ecos de Borges y Babel, encuaderna nuestra concepción más intrínseca y fraternal del Universo.

Imagen de portada:  Alberto Manguel y su biblioteca de 35 mil libros. Foto: internet        

 

 

 


Comparte en redes sociales