LOS PERROS GUARDIANES: Autorretrato de Hartwig Lugo

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El lado irónico de la sombra crítica

       Dejándome llevar por la sensualidad y el carisma de los eventos sin resolver, me complazco en decir que Gabriel Orozco instaló su dispositivo de zapatos en la Bienal de Venecia (1993), porque lo único que pretendía era encajonar el espíritu mediocre de la época, cerrar la tapa y, no sin cierto gusto despectivo, depositarla en el lado irónico de la sombra crítica, es decir el mejor semblante de la Historia del Arte.

Rael Salvador* / A los 4 vientos

       Este tipo de exorcismo es fascinante: no se realiza solo, no es el resultado de la pretensión o el accidente –tampoco se alcanza por el brillo de una sonrisa distraída por parte de los dioses–, sino que el sacerdote en turno (sumo artista) se ampara en los acólitos del museo, en los relacionistas de las galerías en juego y, sobre todo, en los pactos de aquellos mecenas inversionistas quienes, en acuerdo mutuo, pagan la apología cínica de los medios de comunicación.

       ¿Pero puede acontecer esto en Ensenada? ¿Se ventila en esta ciudad algo más que la bufa recomendación como pago político y el gusto provinciano del funcionario público traficando como juez? ¿Se instala el proceso creativo de la comunidad artística como se colocan las secretarias en los escritorios? ¿Emerge el artista de su disciplina y talento o sólo es artista emergente?

       Ahora que soy testigo presencial del hallazgo de Hartwig Lugo –este artista que hace unos años puso de cabeza a la población porteña con su autobús volteado a las puertas del Ceart local–, reivindico mi postura sobre los aciertos que ofrece la embriaguez de la creación y, de nueva cuenta, permito dejar venir hacia mí esa destilada sensualidad, brillante en carisma, que narraba párrafos arriba.

        Así, de cara a la concepción de la realidad, cada verdad construye sus gestos.

       Si en el trance de Gabriel Orozco, la disparidad de criterios continúa en el cause bifurcado del dilema, en el caso de Hartwig Lugo (en la foto a la derecha) la apreciación es tajante: lo asiste el acierto y lo determina la gran escala, el fantasma de la pieza heredada de la Historia del Arte crece y ofrece nuevas posibilidades de reivindicar a su portador, quien la sustenta de la siguiente forma: “Al diversificarse las actividades humanas por el crecimiento poblacional, se intensificó la pesca y muchas especies del mar empezaron a trasladarse en CONTENEDORES como éste que hoy presento al mundo, re-significado, para recordar, meditar y presenciar que la vida del ser humano se une con estos objetos y lo que ellos transportaron”.

       La metáfora visual de su instalación biográfica, más allá de su desentrañamiento literal, resulta seductora, válida, genuina… Y, magistralmente colocada en la parte central de la sala, es más que hechizante.

       Y de nos ser así –de negarse a reflexionar y entenderlo dentro de ese parámetro–, podría sugerir el Happening –siempre del lado irónico de la sombra crítica– de que cada visitante a la exposición de “Al Interior: Colectiva de Autorretratos” (que esta noche celebra los 10 años del Ceart Ensenada), descuelgue o desensamble el cuadro, la fotografía, la escultura o el grabado que le resulte más anodino, vano, trivial o insustancial y Come on baby, light my firelo eche al CONTENEDOR, de ser posible junto con su creador.

       Enhorabuena.

*Escritor, profesor y periodista, autor de los libros Obituarios intempestivos, Ensenada, instrucciones para hacer fuego con el mar y Claridad & Cortesía. En su momento, editor del suplemento cultural Palabra. Correo electrónico: raelart@hotmail.com


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