Los odiantes de López

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Los comicios en puerta dictaminan lo que hemos comenzado a ver en redes sociales y que será cada vez más la norma conforme avancen las semanas: la lluvia de memes, carteles y mensajes que aspiran a ser viralizados, tunden con toda clase de adjetivos al puntero Andrés Manuel López Obrador. Es el tabasqueño la encarnación de todos los males del país; según estas publicaciones, es un estafador, mitómano, inculto, rencoroso y hasta aspirante a dictador comunista, y quienes deciden reproducir los mensajes –comúnmente diseñados por fuentes anónimas o de reciente creación–, son de diversa taxonomía: profesionistas, empresarios, amas de casa, estudiantes de negocios, empleados de corporativos, jubilados. Son los odiantes de López.

Alfredo García Galindo / A los 4 Vientos

Curiosamente, en vez de enfocarse en plantear una crítica a los muchos defectos concretos que, en efecto, López Obrador tiene –y que a otros nos hacen tomar distancia de él– estos “críticos” exhiben un odio obsesivo que termina por hablar más de ellos que del tabasqueño en sí. Así lo expresan al agregar algún comentario a la imagen publicada: es un naco, un manipulador de ignorantes, un indio, un mareador de idiotas. Otros lo hacen conscientes de que la corrección política se les puede revertir y prefieren optar por lo supuestamente incuestionable: es un populista, un admirador de Castro, un aprendiz de Chávez, un socialista (pese a que difícilmente comprenden la complejidad semántica de tal categoría).

El Pirruris

La justa vacilación que podemos experimentar porque no sabemos qué hará López con el poder, estas personas la convierten en una tragedia que no puede dejar de ocurrir; apelan para ello a ese imaginario que se sostiene meramente en el pavor al pueblo llano tan característico de las mentes conservadoras, reaccionarias y discriminadoras. Su inclinación a considerar que el país “va bien” cuando a ellos les va a bien se impone como verdad amenazada, como si México no se encontrara hundido en la crisis social más profunda de los últimos cien años. Ocupan las cifras alegres de “la estabilidad macroeconómica” cuando queda claro que en este país los enormes beneficios les siguen llegando a manos llenas a los mismos privilegiados.

Relacionado con esto último, los odiantes de López a veces recurren a una posición que parecería enmarcada en el teatro del absurdo: un día y otro también se arman de los lugares comunes de siempre para cargar contra López Obrador para de inmediato expresar su defensa de los que nos heredaron este México de trágicas noticias diarias, las cuales a ellos les parecen males inevitables o hasta asumibles en el camino hacia la modernidad neoliberal.

Es así que Salinas y Zedillo fueron modernizadores, Fox un prócer de la economía sana, Calderón un valiente que se enfrentó al crimen organizado, Peña Nieto un continuador de la estabilidad a pesar de sus constantes pifias y, claro, López Obrador el demonio que destruirá todo eso de un plumazo.   

Los odiantes de López se manifiestan así en una cofradía del temor hacia esa mitad del México que ellos ven reflejado en el de Macuspana. Los que se contentan con los datos estadísticos de la fría economía clásica y que reiteran que México va bien se suman así a los enfermos de esta aporofobia (miedo a los pobres, según Adela Cortina); esos mismos que a menudo van a misa, se afirman angustiados por la degradación ambiental o maldicen el maltrato infantil; que usan el extraño rasero de afirmarse convencidos por la moral de que todos somos iguales o hijos de Dios, pero que en su postura irracional hacia un individuo exponen cuánto pesa más en ellos la creencia en una especie de derecho por alcurnia (aun cuando éste no corresponda con la circunstancia real de sus carteras).

Aporofobia, miedo a la gente pobre.

Se trata de una claudicación moral equivalente a la que suspende el juicio de los fanáticos del deporte o de los puristas religiosos. Para los odiantes de López, el otro contrario amenaza mortalmente sus valores y certezas; con ello exponen la permanencia de algo parecido a la bipolaridad inconciliable del discurso de la Guerra Fría: López Obrador acabará con la libertad (así, en abstracto). Sus “pejelovers” son izquierdosos enfermos y vulgares; iletrados incapaces de ver la tragedia que enluta a Venezuela (como si no fuera real que la desdicha socioeconómica es la norma para la mitad de los habitantes del planeta).

Situados así en las antípodas sentimentales de esos seguidores radicalizados del tabasqueño (esos que casi afirman la inminente llegada del paraíso con el triunfo de su prócer), los odiantes de López, ante la sola vista de la imagen del tabasqueño o la simple escucha de su discurso lento, estallan su menosprecio por la plebe y su terror al “socialismo” sin darse el tiempo de pensar en que a estas alturas, la coherencia ideológica ya es un mero accesorio perdido en algún rincón olvidado de los estatutos partidistas.

Los tres candidatos presidenciables más fuertes en la contienda 2018. Foto: Animal Político

En otras palabras, los odiantes de López se encuentran tan atados a sus prejuicios estamentales que son incapaces de notar (o de aceptar) que todos los candidatos están exponiendo proyectos que a lo mucho sólo podrían apenas diferenciarse por su viabilidad mas no porque sean la expresión concreta de certezas incompatibles de economía política.

En fin que los seguiremos viendo. Los odiantes de López no claudicarán en su cometido de asegurar que nos espera un infierno en la tierra si el tabasqueño se alza con la victoria en los comicios, porque para ellos, brindarle el beneficio de la duda no es opción; prefieren ver que otro (el que sea) se ponga la banda presidencial aun cuando a ese otro se le comprobara que es responsable de graves tropelías; son incluso capaces, en suma, de desear que el país se hunda aun más en manos de López Obrador con tal de ver cumplido su pronóstico del terror.

Imagen de portada: Quinto Poder/internet

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 ALFREDO GARCIA GALINDO 2 Alfredo García Galindo es economista, historiador y doctor en Estudios Humanísticos. Es catedrático y autor de diversos libros y artículos; ha impartido charlas, ponencias y conferencias, enfocándose en el análisis crítico de la modernidad y del capitalismo a través de una perspectiva transversal entre la filosofía, la economía, la historia y la sociología. Colabora con A los 4 Vientos desde junio del 2016


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