Los críticos y los difamadores de Morena

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Algunos miembros de Morena andan muy desencantados y resentidos. Trabajaron con algunos candidatos a diputados y jefes delegacionales y al final de cuentas los excluyeron. Los puestos fueron para los amigos, para los leales. Sus quejas y sus dolencias políticas suben y bajan en las redes sociales. De pronto se volvieron adversarios duros contra AMLO. Su resentimiento y enojo se les desborda por todas partes. Basta leer sus comentarios para darse cuenta que su participación en el partido, nunca obedeció a poner en juego las convicciones para construir, colectivamente, un proyecto democrático. ¡Lo que buscaban era una rebanada de pastel!

Jesús Sosa Castro / A los 4 Vientos

Los adversarios políticos también están muy inquietos. Si gana Andrés Manuel, muchos de sus privilegios y de sus latrocinios se van acabar. Por lo menos eso es lo que espera la mayoría de los ciudadanos. No le perdonarían a AMLO que se hiciera de la vista gorda y pasara por alto los agravios que esos representantes de la clase burguesa, corrupta y criminal, sigan del brazo y por la calle con el nuevo gobierno de “Regeneración Nacional”.

El pueblo va a exigir que se le haga justicia en todos los aspectos. Sólo así tendría sentido y razón de ser un esfuerzo popular que se vino construyendo con la idea de acabar con los privilegios, con la impunidad, con la corrupción y con los corruptores

Es verdad que lo que pasa en las filas de Morena es muy preocupante.

Protesta en mitin de Morena en Veracruz el 24 de mayo de 2017. Protestan en mitin de Obrador, los manda Yunes dice líder de Morena. Foto: internet e-consulta

La construcción de un partido distinto a todos los que existen, creó en amplios sectores del pueblo una especie de orgullosa pertenencia. Se podía presumir que uno hacía un trabajo dando tiempo y esfuerzo, porque en el corazón de este proceder iba la convicción de que podíamos gritar que éramos diferentes. Que estábamos construyendo un partido democrático, con profundas raíces populares y sobre todo, ajeno a las mañas y a la cultura clientelar. A los tres años y medio de que nació este partido, la gente percibe que las cosas no son como se las cantaron

Todo esto fue señalado por varios de nosotros, los críticos, los excluidos. Hechos y actitudes los vimos venir. Marcaban un sello distinto al que quisimos desde que nació el partido. Hoy mismo, hay un desdibujamiento de nuestra organización porque en aras de un triunfo electoral en el 2018, se está permitiendo la llegada de personas y grupos que no suman prestigio ni trabajo a la Organización. Son entes que llegan en vuelos rasantes, con mochila al hombro, para meter en ella las ventajas del reparto que viene

Hay sin embargo otra cara. La que no se percibe con claridad pero que conviene ir comentando para no caer en ligerezas. Aun cuando es explicable la irritación de algunos compañeros que dieron todo su tiempo, sus recursos y su trabajo en la construcción del partido, el enfoque actual de su crítica no es el adecuado. Otros, los que sí somos distintos, no renunciamos a nuestros principios y a nuestra independencia política. Desde el inicio, ejercimos nuestro derecho a la crítica en tanto percibíamos errores y conductas de dirigentes grandes y chiquitos. No asumimos jamás una conducta oportunista que pusiera por delante el interés de ocupar puestos dentro o fuera de los círculos del partido. Cultivamos una autoridad que hasta hoy nadie puede cuestionar porque no anduvimos ni andamos limosneando partes del poder.

Estamos en Morena porque a pesar de todas las críticas y las desviaciones, no es lo mismo un gobierno encabezado por este partido que uno por el PRI o por el PAN.

Muchos tenemos claro que Morena no será el partido que cambie todo cuanto se ha podrido en el país. Quien piense eso se va a frustrar otra vez. Morena, cuando mucho, le lavará el rostro al sistema de corrupción imperante. Enderezará un poco la política económica, combatirá la impunidad, luchará contra la corrupción y seguramente abrirá un poco la participación popular para recomponer el régimen político. Forjar un movimiento popular con sustento programático revolucionario, tener una idea clara acerca del objetivo final de la lucha, una noción precisa del camino o de la vía que conduzca al objetivo final y contar con un manejo de la situación que se vive en el momento histórico en que se lucha, sólo lo puede tener un partido con una dirección revolucionaria. ¡Nada de esto se percibe en Morena!

En un debate que se dio en la GAM el sábado 11 de febrero por la noche, me quedé patidifuso con la posición que en nombre de este partido hizo su “enlace”. El partido, sostuvo, está formando un Frente Nacional en el que la existencia pluri clasista de su militancia, le abrirá la puerta a todos los que estén dispuestos a luchar contra Trump. Se insistió en que ahora, es un error exigir la renuncia de Peña Nieto y todo su mal gobierno. Se dijo que lo que hoy conviene es buscar aliados para ganar la presidencia en el 2018. ¿Es esta la respuesta de Morena, cuando crece en el país y en el mundo el grito de ¡Fuera Peña Nieto!?

Este planteamiento es muy lamentable. Deja de lado las exigencias nacionales de que Peña se vaya, se pasa por alto el que sea el responsable directo de todas las políticas públicas que han hundido al país. Se renuncia a la lucha contra el adversario político que ha agraviado al pueblo en todos los aspectos, el que ha entregado los recursos naturales y bienes de la nación a las empresas transnacionales. Por eso lo que hoy hay que hacer es poner en el centro del debate los argumentos que le den sentido y seriedad a la crítica, a las posiciones de Morena. ¡No se vale reaccionar con el hígado! Lo que procede es darle un cauce distinto al desencanto, desarrollando una propuesta revolucionaria que cambie las políticas de quienes hoy se andan culipandeando.

Imagen de portada: Marcha del 16 de septiembre de 2016 en la CDMX, miles exigen la renuncia del presidente Peña Nieto. Foto: Internet/ S. Gutiérrez-Semanario Acción


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