La Experiencia Universitaria y la Ciudadanía

¿Cumple alguna función la educación superior en cuanto a la formación de ciudadanía?  ¿Debe cumplir tal función?  ¿Cuál debiera ser dicha función?

Jesús Francisco Galaz Fontes* / Observatorio Académico Universitario

Si aceptamos que el ser humano participa permanentemente de un proceso educativo en el que se desarrolla y transforma, independientemente del lugar en el que está, de las actividades que realiza y de las personas con las que interactúa, nos parece a nosotros que es inevitable responder que la educación superior, de manera directa e indirecta, cumple una función en la formación, entre sus estudiantes, de ciudadanía.

La ciudadanía en las democracias modernas requieren diversos conocimientos, habilidades y actitudes (competencias, dirían algunos) por parte de los(as) ciudadanos(as), y a ellas contribuye, explícita e implícitamente, la educación superior: conocimientos de la comunidad y del país donde se vive, de la estructura del gobierno local y nacional; habilidades para analizar y comprender textos, para comunicarse con otras personas y organizarse; actitudes de solidaridad, de inclusión, para ejercer la crítica, cumplir con sus obligaciones y reclamar sus derechos.

Sobre los hechos, independientemente de que tan adecuadamente o conscientemente lo haga, la educación superior cumple una función en la formación de ciudadanos.  ¿Debe cumplir tal función?

Aunque en sus leyes orgánicas muchas universidades no mencionan de manera explícita la formación de ciudadanos como uno de sus propósitos, las misiones de muchas universidades públicas incorporan, más o menos explícitamente, la formación de ciudadanos como un componente central de las mismas.

CIUDADANIA

La Universidad Autónoma de Baja California (UABC), por ejemplo, afirma que parte de su misión es “la formación integral, capacitación y actualización de profesionistas autónomos, críticos y propositivos, con un alto sentido ético y de responsabilidad social y ecológica, que les permita convertirse en ciudadanos plenamente realizados, capaces de insertarse exitosamente en la dinámica de un mundo globalizado, y de enfrentar y resolver de manera creativa los retos que presenta su entorno actual y futuro” (Misión de la UABC).

Así pues, no es irracional sostener que la educación superior mexicana, y más todavía aquellas instituciones que hacen una declaratoria explícita al respecto como es el caso de la UABC, tiene el deber de coadyuvar en la formación ciudadana de sus estudiantes.

Si la educación superior de hecho participa de la formación (o deformación) ciudadana de sus estudiantes; si, además, se reconoce que es su obligación hacerlo, ¿cómo debe realizar dicha función?  ¿Qué objetivos más específicos se deben perseguir?  ¿Mediante qué estrategias generales se debe organizar una institución de educación superior para mejor buscar cumplir con la misión de coadyuvar en la formación de ciudadanos(as)?  Vayamos por partes.

Como en muchos otros aspectos, si una institución de educación superior, la UABC por ejemplo, aspira a contribuir significativa y positivamente al desarrollo de sus estudiantes como ciudadanos, es necesario contar con una perspectiva sobre la ciudadanía que tome en cuenta, mínimamente, los siguientes aspectos:

¿A qué se refiere, actualmente y en nuestro contexto, el concepto de ciudadanía.

¿Qué sabemos respecto a cómo se desarrollan los conocimientos, las habilidades y las actitudes que el concepto de ciudadanía implica?

¿Cómo podemos conocer los niveles de ciudadanía con los cuales se comportan los estudiantes y, en general, la comunidad universitaria?

REVOLUCION FRANCESA

¿En qué medida la normatividad institucional vigente, desde la Ley Orgánica hasta los reglamentos más específicos, incorpora y es congruente con la misión institucional de formar “profesionistas autónomos, críticos y propositivos, con un alto sentido ético y de responsabilidad social y ecológica, que les permita convertirse en ciudadanos plenamente realizados”?

¿En qué medida los programas institucionales (planes de estudio y programas de apoyo) incorporan y son congruentes con el propósito declarado de coadyuvar en la formación de sus estudiantes como ciudadanos(as)?

¿En qué medida las prácticas asociadas a la normatividad, a los programas institucionales y a todas las decisiones relevantes para la comunidad universitaria, incorporan y son congruentes con el propósito declarado de coadyuvar en la formación de sus estudiantes como ciudadanos(as)?

¿En qué medida los incentivos, explícitos e implícitos, oficiales y no-oficiales, que la institución y la comunidad universitaria dispensan, se encuentran alineados con la formación de ciudadanos, sean éstos estudiantes, académicos o personal administrativo?

Aunque las respuestas a las anteriores preguntas pudieran parecer sencillas, directas y positivas, lo cierto es que el panorama respecto a ellas no es el que pintan las autoridades universitarias en turno.

Reconocer abiertamente esta situación sería un enorme primer paso para que la UABC asumiera más responsablemente la importante tarea de ayudar a sus integrantes, particularmente estudiantes, a desarrollarse como ciudadanos(as).

*Maestro de la Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Autónoma de Baja California (UABC), Mexicali.
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