Invasión a la privacidad; Panoptismo cibernético

Comparte en redes sociales

Se puede ahondar en un sin fin de recursos legales, éticos y del derecho a la privacidad, también de la enorme responsabilidad que conlleva espiar a otra u otras personas, estar presos sin muros físicos y secuestrados por un raptor virtual.

José Luis Treviño Flores / A los 4 Vientos

De pronto te sabes invadido, invadida, que tus muy privadas y particulares maneras de sobrellevar la cotidianidad, ya no es tuya solamente, hay ojos y oídos que te acompañan desde que te levantas hasta que te acuestas, lo que comes, cómo haces el amor, tus mas íntimas acciones y relaciones interpersonales. Cuando vas al baño con tu teléfono móvil y esos otros ojos y oídos desde las más altas esferas gubernamentales que comisionan a, ve tu a saber qué técnico, hacker, militar o empleado con también vida propia, con sus vicios y visión de vida, puesto frente a la red y con el programa Pegasus, instalado específicamente y direccionado a invadir tu privacidad con el pretexto de que el estado mexicano tiene la autoridad y autonomía de ‘proteger’ lo que desde su muy obtusa justificación considera la soberanía y protección del sistema y sus instituciones.

Ni siquiera se te ocurra pensar que estás libre de ser espiado por ser un simple ciudadano y no te dedicas al periodismo, no eres activista social y no participas en la defensa de los derechos humanos. 

Así es, cual vulgar delincuente cibernético el gobierno de Peña Nieto actúa en contra de quienes juramentó constitucionalmente proteger.

Ahora bien, intentar controlar a personas mediante una vigilancia exhaustiva, invasiva y punitiva, es completamente enfermizo y voyerista, máxime cuando de por medio, no existe un riesgo terrorista externo, una amenaza real al país y sus ciudadanos, lo que sucede es que para el estado mexicano, la amenaza son los ciudadanos mismos y esto es doblemente patológico.

Es como si se estuviese condenado a una crujía virtual, ser observado o sentirse observado aún cuando no sea así, el hecho de haber caído en la trampa cibernética, pensar en el poder ejercido sobre nuestras mentes y cuerpos, violados a distancia a través del dispositivo móvil es una perfecta emulación del panoptismo. La torre erguida y vigilante del rey sobre sus reos considerados peligrosos, habrá que doblegar sus cuerpos y mentes mediante esa vigilancia a distancia pero permanente.

El filósofo e historiador Michel Foucault (Foto: progressivegeographies.com)

Michel Foucault filosofo francés menciona en su estudio Vigilar y Castigar acerca del panoptismo:

“Es un tipo de implantación de los cuerpos en el espacio, de distribución de los individuos unos en relación con los otros, de organización jerárquica, de disposición de los centros y de los canales de poder, de definición de sus instrumentos y de sus modos de intervención, que se puede utilizar en los hospitales, los talleres, las escuelas, las prisiones. Siempre que se trate de una multiplicidad de individuos a los que haya que imponer una tarea o una conducta, podrá ser utilizado el esquema panóptico”.

Es aplicable —bajo reserva de las modificaciones necesarias— “a todos los establecimientos donde, en los límites de un espacio que no es demasiado amplio, haya que mantener bajo vigilancia a cierto número de personas” 

Entonces ya no es necesaria la infraestructura física para hacernos sentir prisioneros, vigilados, observados. Las modificaciones del modelo arquitectónico de Bentham fue ya por mucho superado virtualmente, el fantasma del ‘rey’ y su poder ejercido en las mentes y cuerpos siempre ha tenido por objetivo la disciplina y ajuste a sus mandatos que deben llegar hasta el último de sus súbditos, sentir su presencia coercitiva y vigilante.

(…) “El esquema panóptico es un intensificador para cualquier aparato de poder: garantiza su economía (en material, en tiempo); garantiza su eficacia por su carácter preventivo, su funcionamiento continuo y sus mecanismos automáticos”.

Es una manera de obtener poder “en una cantidad hasta entonces sin ejemplo, un grande y nuevo instrumento de gobierno… ; su excelencia consiste en la gran fuerza que es capaz de imprimir a toda institución a que se lo aplica.”

Panptismo, grabado de Michael Ulrich

También menciona desde una perspectiva visionaria y muy adelantado a su época:

“El panoptismo es capaz de reformar la moral, preservar la salud, revigorizar la industria, difundir la instrucción, aliviar las cargas públicas, establecer la economía como sobre una roca, desatar, en lugar de cortar, el nudo gordiano de las leyes sobre los pobres, todo esto por una simple idea arquitectónica.”

Entonces, por mucho que ahondemos en la justificación, nada justifica una intromisión a las garantías individuales e inalienables, la paranoia gubernamental ante la posibilidad de perder su capacidad de ejercer poder, lo lleva a prácticas aberrantes y condenables en cualquier esfera jurídica.

La enorme responsabilidad legal que debiera esperar a la presidencia de la república, implicaría a funcionarios desde primero hasta tercer nivel, con la prohibición de ejercer poderes públicos para el resto de su vida, además de prisión, y no con el esquema panóptico virtual, sino real.

Cuánto miedo debe tener el poder ejecutivo, que en lugar de premiar a quienes buscan justicia social e información liberadora que pudiese impulsar la mejora del país, les impone vigilancia mediante recursos millonarios que pudieran usarse contra amenazas reales, comenzando por la delincuencia organizada y los asesinos de periodistas y activistas.

Muy bien dicho por Carmen Aristegui que pone voz a ciudadanos indignados ante tales actos: “De qué más es capaz, presidente siniestro”.

* José Luis Treviño Flores, Coordinador Académico en el subsistema de secundarias.


Comparte en redes sociales