HABLEMOS HOY DE LA DEMOCRACIA

 

La derecha ultramundana, un sector de la izquierda ciega, y no pocos descerebrados, se quejan sin razón de que en el país no hay libertad de expresión, que vivimos el autoritarismo de AMLO y, sobre todo, afirman que no hay democracia. Estos sectores y personas que afirman esto evidentemente se equivocan.

 

“Políticamente intrascendente, la protesta pública de FRENA muestra valores, prejuicios y conductas de (un sector de) las clases medias y altas compartidos por mucho más ciudadanos que los participantes en las caravanas, además de documentar la debilidad congénita que ha lastrado a la ultraderecha mexicana, prácticamente imposibilitada de tener interlocución con las clases populares y conformar un movimiento de masas”: Javier Rodríguez, columnista (Cuartoscuro).

 

Jesús Sosa Castro / 4 Vientos / Foto destacada: Integrantes del ultraconservador grupo Frena instalan un campamento en el Zócalo capitalino (Radio Onda Popular)

En el gobierno, en el país, existen todas las libertades, absolutamente todas, hasta aquellas que los trogloditas del PRIANRD que insultan y ofenden diariamente al presidente de la Republica. Ningún presidente hasta antes de López Obrador había impulsado tanto la democracia participativa de la gente, jamás se había puesto en juego la recuperación del poder popular de manera real contenido en el artículo 39 constitucional donde el pueblo pone y el pueblo quita

El ejercicio de estos derechos corresponde a la gente. El espacio y la disposición del gobierno están abiertos para dar contenido a la participación plural de todo el pueblo para que haga uso de esa libertad.

Es importante, sin embargo, tratar de explicarnos ¿por qué si hay todo tipo de libertades, los trabajadores, los campesinos, el pueblo en general, no hacen uso y las convierten en el instrumento, en la trinchera, para que su acción se ponga en juego en la lucha por la transformación del país y de si mimo? Seguramente tiene que ver con un problema de cultura política.

Por décadas estuvimos sometidos a las formas y a las políticas de un sector que representaba intereses que no eran los de la gente. El pueblo no había despertado para hacer una revolución de su conciencia y activar la defensa y el ejercicio de sus derechos

Tan no se ha entendido lo que está construyéndose desde el gobierno de López Obrador que su partido, el que lo llevó a la presidencia de la República, es víctima de la antidemocracia, las imposiciones y la falta de respeto a la democracia participativa, que hoy por hoy, Morena no puede presumir.

 

No hay partido político de izquierda o más o menos progresista, que no hable de la necesidad de democratizar la vida de sus respectivas sociedades, aunque en su actuar cotidiano, esos partidos se hayan asumido como parte de las derechas autoritarias, o de las izquierdas ciegas, antidemocráticas y siempre, detentadoras del poder.

 

Crece la inconformidad de la militancia, pero no encuentra los espacios, las formas de expresar sus sentimientos y llevar a la práctica de manera organizada, con una idea clara qué quiere y cómo contribuye al fortalecimiento de un proyecto político con el que está de acuerdo pero que nadie le da contenido y profundidad a algo que tiene una importancia histórica como es la 4ª transformación social del país

En su discurso ante la Convención Nacional del 7 de febrero de 1794, Maximilien Robespierre dijo que “la democracia es un Estado en el que el pueblo soberano, guiado por leyes que son obra suya, puede obrar por sí mismo, si esto no fuera posible, deberá hacerlo al través de sus delegados, … porque la democracia, es el movimiento dirigido a arrebatar el poder a quienes lo acaparan, para repartirlo entre el pueblo que es el llamado a ejercerlo por sí mismo o por sus delegados” (1)

Doscientos veinticinco años después, la lucha por la democracia en las sociedades modernas sigue siendo una demanda inaplazable. No hay partido político de izquierda o más o menos progresista, que no hable de la necesidad de democratizar la vida de sus respectivas sociedades, aunque en su actuar cotidiano, esos partidos se hayan asumido como parte de las derechas autoritarias, o de las izquierdas ciegas, antidemocráticas y siempre, detentadoras del poder. Esto, entiéndase o no, conduce a que en la mayor parte de las revoluciones actuales esté planteándose la necesidad de socializar el poder, sin lo cual, no puede hablarse de democracia

Este es un problema complejo y hay que trabajarlo sistemáticamente y a fondo. No solo porque la democracia tiene que ver con el poder y el poder que hasta hace poco nos tenía sometidos, ha dejado en la gente una cultura y una forma de ser, que en mucho aún contribuye a la antidemocracia. Los que acaparan este binomio, al lado de sus intelectuales y sus burocracias políticas, argumentan e insisten en que la democracia es, cuando mucho, un proceso de selección entre élites para ejercer el control de la administración

El Doctor Armando Martínez Verdugo aventura la tesis de que en los filósofos alemanes del siglo XIX se encuentran las claves para entender lo que este concepto significa y que consiste en el ejercicio de un dominio, control y mando por quien está en el poder (2) trastocando el atributo esencial de los seres humanos que, en nuestro caso, está expresado en el artículo 39 constitucional. Por lo tanto, La democracia participativa dentro y fuera del partido es un derecho que hay que rescatar.

 

(1).- Disputar la democracia, Política para tiempos de crisis. Pablo Iglesias Editorial Akal.

(2).- El poder, Una aproximación teórica a su fundamento constituyente, Armando Martínez Verdugo, Editorial Instituto Electoral del Estado de México, IEEM.

 

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