GATILLO: desaparecidos, decapitados, balaceras, ¡sí, Ensenada está en México!

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Una mujer decapitada, dos jóvenes desaparecidos y una casa baleada, el saldo que nos deja esta semana.

Alberto Guerrero / A los 4 Vientos

133 asesinados en lo que va del año, ¡nuevo mérito para Ensenada! El cadáver más reciente, una anciana de 70 años decapitada en la colonia Ruiz Cortines. Sin embargo, las catástrofes mexicanas que viene padeciendo el puerto ya no se limitan a los asesinatos (que ya invadieron hasta la zona centro), los decapitados, los robos y los asaltos a plena luz del día. Ahora se abre una nueva herida, cuyo dolor emana de la ausencia.

Escribo lo anterior porque la semana pasada trascendió la noticia de dos desaparecidos, entre ellos Cristian Marroquí, joven barbero desligado del mundo del crimen organizado (según la información publicada), quien se ha convertido en el ícono de un fenómeno que el resto del país viene padeciendo desde que arrancó la guerra contra el narcotráfico.

https://www.4vientos.net/2017/09/18/marchan-por-joven-desaparecido-piden-apoyo-de-sociedad-civil-para-encontrarlo/

Si bien hasta el momento las autoridades no han brindado información que permita determinar la razón y el carácter de la desaparición del joven, las preguntas comienzan a brotar como cuerpos en las fosas clandestinas y los pozos de San Quintín:

¿Por qué desapareció Cristián? ¿Momento, lugar y compañía equivocada? ¿En qué estaba involucrado la persona con la que viajaba cuando ocurrió el siniestro?

 

 

Sin embargo, la pregunta más oscura es otra: ¿Fue una desaparición forzada? Es decir, ¿participaron autoridades en el hecho? Tenebroso pensarlo, pero necesario lanzar la pregunta considerando que miles de los desaparecidos en el resto del país han sido víctimas de un modus operandi que involucra a policías municipales, federales y estatales en desapariciones similares.

Familiares del Cristian marchando para solicitar la ayuda de la sociedad civil en la búsqueda del joven

Desde que arrancó el año Ensenada ha comenzado a recordar que, en efecto y a pesar de la fuerte aculturación del país vecino, pertenece a México. Y no porque este 15 de septiembre haya aflorado el orgullo nacional, sino porque la violencia y la descomposición social que experimentan los estados sureños nos ha ido alcanzando poco a poco.

Podremos vestirnos de vino, paellas, culturas y modas norteamericanas, pero al final no podemos escapar de la geopolítica: Baja California es mexicana, y con ello, arrastramos la gran deuda que implica pertenecer a este país de 30,000 desaparecidos, 200,000 muertos y miles feminicidios como el de la joven Mara; 19 años es lo que las condiciones de inseguridad le permiten vivir a una mujer en este país.

Y aunque nos duela reconocerlo por la profundidad con la que nuestra identidad está enrollada con los Estados Unidos, este país depredador y abusivo (que ha encontrado en la clase política mexicana a su mejor aliado), es gran responsable de tanta miseria, muerte, pobreza y dolor en las familias mexicanas. 

Esta columna no es lugar para revisar políticas económicas internacionales (dígase TLCAN, reformas estructurales peñistas o legislaciones sobre la penalización de la marihuana) y su relación con la tragedia nacional que representa vivir en este país, pero una rápida revisión a la nueva acta 323 que pretende aprobar el Estado Mexicano con el gobierno de Estados Unidos le permitirá constatar al lector (¿alguien lo pone en duda todavía?) la postura entreguista de quienes nos gobiernan: nos roban y asesinan los de arriba y los de adentro.

Mucho hay que dialogar al respecto, el debate profundo, racional y sin intereses privados de por medio le urge a la sociedad civil ensenadense. A lo largo y ancho del país inició desde hace meses un proceso de reflexión, acción y transformación, producto de la indignación y el hartazgo de tener que sobrellevar una vida miserable por culpa de quienes ostentan el poder. El cambio se aproxima, las decisiones se avecinan. Tenemos que ser prudentes: seguimos con lo mismo (léase el principio de esta nota), o tomamos el destino del país, la ciudad y la propia vida en nuestras manos. ¡Ni una más, ni uno menos!


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