Faltan gobiernos con visión ambiental: Raquel Esther Manríquez, Ciudadana Distinguida en Ecología, 2018

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Raquel Esther Manríquez Peña, educadora jubilada, comprometida con el ambiente y defensora de especies animales en peligro de extinción, es conocida en Ensenada por su decidido apoyo a movimientos sociales que contribuyen, a través de la creatividad artística y la organización de los ciudadanos, a fomentar la conciencia ecológica en las personas y a embellecer la ciudad con enormes murales que resaltan la belleza de la fauna y la flora de la región peninsular.

Jessi Saunders / A los 4 Vientos
Con redacción de Olga Aragón y Javier Cruz

Su historia es inspiradora. Con una virtud para la educación, “Teté” Manríquez, como le dicen sus amigos, ha dedicado gran parte de su vida a promover actividades dinámicas e interesantes, animando a niños y jóvenes a cultivar no sólo los conocimientos que se adquieren en la escuela, sino a despertar la conciencia sobre la necesidad de cuidar el ambiente y ser mejores personas.

La profesora Raquel Esther invierte mucho tiempo y recursos propios para convencer a decenas, a cientos, quizá a miles de personas a las que pueden llegar sus mensajes, sobre la importancia de fomentar una cultura de respeto a la vida, en todas sus formas, y particularmente del derecho humano a un medio ambiente sano, descubriendo todo lo que podemos hacer por nosotros mismos y como sociedad para mejorar la situación actual. ¡El tiempo es ahora!, suele decir ella.

Estudió en la Escuela Normal Estatal de Ensenada. Sus primeros años como docente trabajó en Guanajuato y en Tijuana. Destaca en su trayectoria profesional una especialidad en orientación para impartir clases en secundaria, así como un cúmulo de cursos y diplomados que le permitieron adquirir mayor conocimiento pedagógico y un apasionado ejercicio de su profesión.

Con orgullo y satisfacción, dice que siempre le ha gustado su trabajo, sobre todo brindar aportes que ayuden a los niños y jóvenes a que se interesen por aprender. Las clases escolares no deben ser aburridas, al contrario, se necesita imaginación para atraer y conservar la atención de los alumnos. Y comenta que la mejor manera de lograrlo es usar los juegos didácticos, la música, la educación física e incluso a otros idiomas, como el inglés.

Recuerda que esta diversidad pedagógica la empezó a practicar cuando impartió clases en la escuela Cullingford, en Ensenada.

“Yo siento que crecí mucho trabajando en esa escuela porque los directores nos dieron la oportunidad de realizar cosas que en esos tiempos no se hacían. Y no dejábamos de cumplir con el programa; al contrario, lo enriquecíamos mucho”, mencionó la profesora hoy jubilada refiriéndose a ella y sus compañeras de trabajo. 

 

Simultáneamente a su trabajó en la escuela Cullingford, estudió en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y realizó varios diplomados. En ese tiempo ya tenía dos hijas. Sus padres le ayudaron a cuidarlas.

Siempre ha dado más de lo que se pide de ella.

“Hacía muchos juegos dinámicos, de ciencias naturales, de historia. Todo eso lo planeaba de noche, cuando se dormían mis hijas; yo me acostaba junto con las niñas, pero me levantaba en la madrugada para elaborar durante dos o tres horas los juegos didácticos. Me volvía a acostar un ratito y me levantaba al amanecer, a las cinco de la mañana, para irme a trabajar. Era difícil, pero sí lo podía hacer porque generalmente duermo sólo cuatro o cinco horas, nunca he podido dormir más, así que aprovechaba bien el tiempo. Y yo sabía que estaba haciendo un buen trabajo, me daba cuenta de que a mis alumnos les gustaban mucho mis clases”.

En 2002, cuando sus hijas entraron a la secundaria y ya eran más independientes, la profesora Manríquez obtuvo doble plaza.

Después de toda una vida laboral entregada a la docencia, llegó el tiempo de jubilarse, pero ella y sus colegas se dieron cuenta que no podrían hacerlo.

“Era una injusticia. Empezamos a luchar por una jubilación porque se escapó el dinero, se desvió y no había recursos para jubilarnos a pesar de que nosotros toda la vida aportamos la parte que nos correspondía. Y surgió la necesidad de exigirle a la autoridad que cumpliera su obligación. Eso fue en los años 2014 y 2015. Y cuando finalmente ya nos liberaron, comenzamos a hacer otras cosas, a adoptar jardines, con fines de protección al medio ambiente, a inculcar valores cívicos, y bueno, ahí dio inicio nuestro activismo”.

El primer jardín que adoptó está en el Boulevard Ramírez Méndez, donde instalaron una estatua de unos niños leyendo. Ahora, tienen cinco jardines bajo su patrocinio artístico en el municipio. Una vez jubilada, Esther Manríquez se dedicó a impulsar proyectos enfocados al cuidado del ambiente.

Hace un par de años -en 2016-, la profesora Teté asistió a una conferencia sobre ecología en la que se habló del borrego cimarrón. Ahí también se presentaron esculturas con formas de varios animales, creadas con llantas de automóviles y material reciclado. Fue tan impactante y agradable para ella esa experiencia, que a partir de ahí se le ocurrió que ese tipo de esculturas elaboradas con neumáticos se podían instalar en lugares estratégicos de la ciudad, donde fuesen vistas y apreciadas por el mayor número posible de personas y crear conciencia en la gente sobre tantos animales hermosos que están en peligro de extinción, muchos de ellos endémicos de Baja California y de la Península.

De inmediato la maestra se dedicó a buscar quién pudiera hacer las esculturas y descubrió al joven artista Jorge Soto.

“Supimos de su trabajo gracias al Congreso del Medio Ambiente del 2016 en CEART y con ello se logró hacer realidad la idea”, contó.

Actualmente, algunas de las esculturas se encuentran en el boulevard Lázaro Cárdenas, junto a otras de la vaquita marina. “Es para que la gente se acuerde de ellas, de esos animales que los vean constantemente”, dice con una sonrisa espléndida de satisfacción.

Las ideas crecieron en su imaginación y muy pronto pensó en que sería hermoso utilizar grandes paredes de edificios y bardas -que regularmente lucen sucios y rayoneados o se ven abandonados y sin gracia alguna-, para pintar murales enormes que muestren ejemplares magníficos de la flora y la fauna del municipio de Ensenada, especialmente aquellos animales que se encuentran en grave riesgo de extinción.

Karen Raquel Villegas Manríquez, una de las hijas de Esther que estudió Ciencias Ambientales en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) e hizo su maestría en el Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada (CICESE) -gracias a una beca que obtuvo hace dos años del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT)-, es quien le ayuda e instruye en algunos temas. Es así como la maestra se informa y actualiza sobre las amenazas más graves que enfrenta el medio ambiente. Además, profundiza en sus conocimientos consultando páginas de organizaciones civiles ecologistas a las que está suscrita como Greenpeace, Pro Esteros y Pro Natura.

Recientemente asistió al Primer Maratón de Observación de Aves realizado dentro del Festival de las Aves que se llevó acabo el 10 de marzo en Playa Hermosa, acto que organizó por segundo año consecutivo la asociación civil Terra Peninsular.

Comenta la maestra Manríquez que en ese evento aprendió mucho sobre aves y fue a partir de esa experiencia que tuvo la idea de buscar algún artista plástico que pintara murales y plasmara el amor por la naturaleza, a fin de motivar a la gente a cuidar la diversidad de estas especies que radican en Ensenada.

“No me puedo quedar con los brazos cruzados. Algo tengo que hacer como ser humano, como ciudadana, como ensenadense”, explica Teté. “Muchas de esas aves las ve uno aquí en la ciudad, en la playa, pero no los conocemos. Son muchas especias distintas; nos rodean, ponen sus huevos, se van y nosotros las dañamos sin saberlo porque nos falta educación ambiental, nos falta ser más activistas”.

Pronto, sus afanes dieron un nuevo fruto. Encontró al muralista Juan Pablo Melchum, quien firma su obra como “Noche”. Con él, emprendieron el proyecto de pintar murales en la ciudad sobre esos temas.

“Juan Pablo me comprende perfectamente cuando explico cómo quiero el mural. Yo doy la idea general y él me hace una propuesta, agrega su creatividad y lo hace increíblemente maravilloso”.

Este proyecto muralista se denomina “Concientizando y embelleciendo la ciudad sobre el medio ambiente”. Ya cuenta con más de diez murales en diversas zonas de la ciudad. El último -con el tema del Valle de los Cirios-, describe la flora y fauna endémica, está en la Escuela Secundaria No. 9. Esta obra, reitera la maestra Teté, “es un llamado de alerta para que la gente conozca la valiosa riqueza que tenemos en especies únicas de esta región peninsular, que reflexione sobre la importancia de cuidarla.”

Otros murales se encuentran en las escuelas Migoni, México, Centro de Atención Múltiple -Valle Dorado- y Cullingford, entre muchos otros espacios educativos. En todos los lugares donde “Noche” pintó murales, existe cierto sentimiento de pertenencia por parte de la profesora Manríquez: fueron escogidos por el significado profundo que tuvieron en su vida como docente.

Actualmente está trabajando en un proyecto con Ernesto Salmerón acerca de las aves que habitan y transitan por el estado. Salmerón cuida aves rapaces junto con el equipo de la organización Contacto Salvaje. Manríquez y Salmerón se unieron con Pro-Natura para que les proporcione información sobre las aves y exponer en escuelas.

Respecto a la forma en como saca adelante sus proyectos, la maestra comentó que el primer paso lo da ella al pedir permiso al director o directora de cada escuela, para lo cual realiza todo el proceso requerido para lograr su aprobación; luego sigue organizar avistamientos de aves con los alumnos en el humedal La Lagunita para complementar la información. Y como cierre del proyecto el artista plástico hace el mural en la escuela.

El trabajo que desarrolla Manríquez tiene un objetivo esencial: motivar a las personas a reflexionar.

“Cuando las personas ven los murales o las esculturas, les llama la atención y se preguntan por qué está ahí; y si observan el letrero de que son especies en peligro de extinción, se dan cuenta de ello, o buscan información sobre el animal que vieron y así van aprendiendo y se van concientizando. La gente se entera y queda en su mente la idea de que es necesario cuidar a los animales, al ambiente y a la ciudad”.

Todas las ideas que realiza Esther Manríquez son financiados por ella, con su fondo de retiro. Cada mes difunde los murales hechos y otros trabajos que están en proceso de creación. Sabe muy bien que nadie puede amar y defender lo que no conoce.

La profesora también fue invitada a participar en la restauración de la ciclovía de Ensenada, obra apenas iniciada a lo largo de un segmento del boulevard costero en Playa Hermosa, área en la que se han suscitado varios accidentes debido a los automovilistas que invaden la zona exclusiva de los ciclistas.

A esta iniciativa ciudadana emprendida por el grupo Ciclo-Va, al que pertenecen Beatriz Watanabe y su esposo Eduardo Durazo, se sumó la maestra Teté con el propósito de pintar adecuadamente el trazo de la ciclovía, ya que por el momento solo es una línea blanca que divide esa franja del resto del tráfico.

Tanto Beatriz Watanabe como la profesora Manríquez han enfatizado que la ciclovía se debe realizar con apego a un protocolo vial que establece la necesidad de instalar topes, pintar los carriles de amarillo o rojo e incluir la figura de una bicicleta pintada en el pavimento cada cinco metros. El que no existan estas señales causa que los choferes no se percaten de la vía y la invadan, con peligrosas consecuencias para los ciclistas que circulan por ella.

“Ofrecí recursos y pregunté en qué los podía ayudar. Solo se necesita pintar, pero el gobierno desvió el dinero que se había presupuestado para esa obra”, comentó la profesora. Ella propuso que también se pinten en los carriles dibujos de animales en peligro de extinción, independientemente de la imagen obligatoria de la bicicleta.

“Hice la propuesta formal al presidente municipal Marco Antonio Novelo y me contesto que sí”. Sin embargo, como dice la canción, le dijo que sí, pero no le dijo cuándo.

Manríquez compró los materiales necesarios, tiene la autorización, pero el gobierno no les ha proporcionado a los trabajadores para que cuiden el área, instalen los topes y pinten la ciclovía, por lo que seguramente serán los propios ciudadanos organizados en grupos de ciclistas, como al que pertenecen Beatriz Watanabe y Eduardo Durazo, quienes con el apoyo de ensenandeses solidarios como la maestra Teté, terminen realizando la obra.

Los regidores tampoco los han apoyado. “Cristian Vázquez fue el único que se interesó, ofreció su ayuda haciendo una campaña de topes para la ciclovía, nosotros conseguimos que la gente done topes y él duplica la donación. Yo quiero pensar que, de los 20 grupos de ciclistas, alguien nos puede ayudar; es solo para esa área peligrosa de la playa que es el boulevard (costero). Se puede hacer poco a poco”, insiste la activista con un entusiasmo a toda prueba.

“De alguna manera los que más tienen deberían de aportar a los que menos tienen, y la ciclovía es un mecanismo para mejorar la salud, evitar la contaminación y reducir el tráfico. Todos debemos de caber en el mundo, ¿o no?  No todo tiene que ser para los carros”. 

Esther tiene la esperanza de que los jóvenes adquieran mayor conciencia que las generaciones anteriores en cuestiones ambientales.

“Ellos son el futuro del mundo. Si ellos exigen lo que merecen: el derecho humano a un medio ambiente sano, la situación puede ser diferente. Y nosotros como ciudadanos debemos escoger gente que de verdad merezca estar en el puesto, que no vaya por un sueldo ni por conseguir algo personal, sino que trabaje por el bienestar de la sociedad. Necesitamos gente en el gobierno con una visión ambiental, y no lo veo, no veo que los líderes tengan esa visión”.

Concluye de manera rotunda: “Los gobiernos no se activan o se hacen de la vista gorda. Nosotros los ciudadanos tenemos que movernos, hacer algo porque el cambio climático es una amenaza real. Por eso queremos poner nuestro granito de arena”.


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