Estamos a un año…

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“…las revoluciones proletarias,  como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas; se interrumpen continuamente en su propia marcha; vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo; se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos; parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse  más gigantesco frente a ellas; retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: ¡Aquí está Rodas, salta aquí !*

Carlos Marx

 La del 2018 no será una elección presidencial más. Está en juego la Cuarta Revolución que AMLO señala, la que Lombardo Toledano refirió como “el cuarto tiempo de un mismo proceso revolucionario, el cuarto movimiento de una misma sinfonía”.

Martha Elvia García García /A los 4 Vientos

Estamos a un año de la elección presidencial que definitivamente no es una más, sino la oportunidad histórica que tenemos como pueblo y nación para  sacudirnos, por fin, la infame dictadura neoliberal y,  entonces, pueblo y gobierno antineoliberal construir las condiciones para la transformación del país avanzando en su cuarta revolución. La cuarta etapa de un mismo proceso revolucionario, “el cuarto movimiento de una misma sinfonía”, de acuerdo a la tesis histórica del maestro Lombardo Toledano.

Una revolución o etapa del proceso revolucionario que logre alcanzar los objetivos rezagados de las anteriores, que resuelva los nuevos problemas y que ponga el impulso hacia una sociedad cada vez más justa y humana; además, que puede intentarse por la vía pacífica.

 Un año es muy poco tiempo a la vista de un paso trascendental con esa gran perspectiva; sin embargo, materialmente no es un año,  puesto que ya llevamos décadas en esta batalla.

Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Carlos Salinas de Gortari, ex presidentes del neoliberalismo que inició en 1982 con el sexenio de Miguel de La Madrid y se profundiza en el actual gobierno de Enrique Peña Nieto

Es una lucha de larga data. Comenzó  -aunque sólo por unos cuantos, por los mexicanos más conscientes y militantes revolucionarios- desde el momento mismo en que la mafia neoliberal llegó al poder con Miguel de Lamadrid y luego lo asaltó por la vía del fraude electoral con el espurio y nefasto Carlos Salinas de Gortari. A partir de esos sexenios,  pasando por Zedillo, Fox, Calderón y el actual de Peña Nieto, la lucha antineoliberal no ha dejado de crecer en cantidad y calidad, como valiente e incansable combate a la brutalidad destructiva de la dictadura neoliberal contra la obra social alcanzada por la Revolución Mexicana.

¿Cuál es, entonces, la lucha prioritaria del momento actual? ¿Cuál es la lucha política fundamental, de la que dependen todas las demás luchas, grandes y pequeñas, antiguas y nuevas, nacionales, regionales, gremiales, sectoriales, etc.,  y a cuya organización y preparación deben estar dedicados de manera franca todos los mexicanos y todas las fuerzas políticas que se consideran conscientes de la realidad nacional?

En México, a estas alturas, ya sólo hay dos partidos o dos proyectos políticos en pugna intransigente: la profundización del camino neoliberal, o sea, más capitalismo salvaje, colonialismo, fascismo; en suma, más pobreza, represión y muerte. O bien, el camino no neoliberal, es decir, destruir la corrupta maquinaria gubernamental de los mercaderes del país; revertir las reformas privatizadoras,  para beneficio  del pueblo y de  la independencia y soberanía de la nación; en suma, construir  una sociedad más justa en lo económico y en todos los órdenes,  por  un pueblo que recupere la paz y la solidaridad y por  una nación que reivindique su dignidad ante el mundo.

El camino revolucionario, el camino de la izquierda es, obviamente,  el no neoliberal, y la única opción expresa, viable y con muy altas probabilidades de triunfo dado el creciente respaldo popular la encabeza, tras muchos años de lucha tenaz y patriótica, el Lic. Andrés Manuel López Obrador, con su partido Morena.

López Obrador (Foto: Milenio).

No es explicable, no es aceptable, pues, que a estas alturas de la devastación material  del país y de la crisis humanitaria causada por el modelo neoliberal a lo largo de 34 años,  así como del duro camino recorrido por quienes lo han combatido, inclusive a costa de sangre y de vidas,  aún no tuviésemos  claridad respecto de cuál es la lucha prioritaria de este momento; que no tuviésemos como pueblo un criterio unificado respecto de quiénes son actualmente los enemigos fundamentales del pueblo y de la nación; porque es a partir de esta definición,  de esta premisa,  que se resuelve la estrategia de lucha.

El enemigo fundamental de México es hoy, más que nunca,  el imperialismo, principalmente el imperialismo yanqui, con el agravante de que el imperialismo tiene copado por entero al gobierno de nuestro país, las cúpulas de los partidos políticos en el poder y del propio gobierno las constituyen sujetos que no son solamente serviles o lacayos de Washington, sino que además ya son socios de corporativos trasnacionales, aunque muy menores y en calidad de súbditos, y este salto lo dieron gracias a la monumental corrupción que han ejercido dentro del poder público y que los encierra y somete a un círculo vicioso.

Nos gobierna directa y materialmente la oligarquía y el capital  financiero internacional.  Eso es lo que sucede mediante el PRI, el PAN, el PRD y asociados.  Es un cambio cualitativo importante en la conformación del poder político,  puesto que es lo que en su momento hizo posible el asalto de los neoliberales y ha hecho posible su larga dictadura. El Poder Ejecutivo, principalmente,  es actualmente y durante todo el periodo neoliberal, un poder homogéneo, sin contradicciones internas respecto de la dependencia absoluta de nuestro país, es decir,  respecto del neocolonialismo de México. En otras palabras, tras las caretas de esos partidos estamos realmente enfrentando al poder imperial, nada menos. Entonces, ¿Cuál es la estrategia que puede llevarnos a la victoria?

 Dado el enorme poder, económico, cultural, político y militar de este enemigo, ninguna fuerza política de México por sólida que sea,  es lo suficientemente poderosa para enfrentar con éxito, por sí sola esta batalla. Ninguna. Ni Morena ni los socialistas ni los anarquistas, ninguna.

La  estrategia victoriosa  la señala nuestra propia historia nacional; es la misma estrategia de  una guerra  -aunque pacífica-,  la misma con que el pueblo de México ha podido avanzar en cada una de las tres etapas de su proceso revolucionario: la unidad de todos los mexicanos, de diversas clases y sectores sociales, que podamos coincidir contra ese enemigo por considerarlo el enemigo común. La estrategia es restarle o neutralizarle aliados al enemigo, y a la vez agrandar, cohesionar y profundizar las fuerzas propias.

En este momento histórico nos encontramos, y como en el pasado más glorioso de México, es un  momento  para la más amplia e inteligente unidad, por encima de rencores y diferencias personales o de grupo. Un momento en que no pueden caber los oportunistas ni los mezquinos; no tienen lugar los que busquen resplandores e intereses personales o de grupo, ni los egoístas y falsos puristas “impolutos”, ni los sectarios aventureros que alejados del análisis científico de la realidad sostienen dogmas a los que tranquilamente mandan sacrificar a terceros; y en general se quedan fuera por su gusto sólo esos pocos  egoístas que siguen pensando que a ellos “jamás les tocará” ,  los que no se conduelen de que el pueblo continúe  no sólo padeciendo la pobreza y todas sus miserias, sino que encima siga expuesto, por luchar o no, a todo tipo de sufrimientos desgarradores ejecutados por la delincuencia gubernamental y  también por su socia la delincuencia común.

En este contexto es que deben darse todas las luchas por demandas concretas, nacionales, estatales, municipales o gremiales. No hacerlo así, dar luchas desligadas de esta realidad, sin conexión con el gran objetivo nacional de echar abajo el mal gobierno y su modelo neoliberal  es, en el mejor de los casos, una lucha sin brújula, sin inteligencia, una lucha estéril.

*Palabras de una fábula de Esopo, que trata de un fanfarrón que, invocando testigos, afirmaba que en Rodas había dado un salto prodigioso. Quienes le escuchaban, contestaron “¿Para qué necesitamos testigos? ¡Aquí está Rodas, salta aquí !”  (Ref. pag. 14, libro “18 Brumario…” , Carlos Marx.)

Martha Elvia García. Profesora de educación básica, jubilada y abogada. Militante por el socialismo.


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