Estacionómetros en Ensenada: Una falacia que esconde un corrupto resultado

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Previo a abordar el tema la falacia que esconde un corrupto resultado en el tema de los estacionómetros (parquímetros) en la ciudad de Ensenada, me permito desarrollar o explicar un “POR QUÉ SÍ” y un “POR QUÉ NO” en la implementación de estos aparatos.

Osvaldo Medina Olvera* / 4 Vientos / Foto principal: Veraz Informa

POR QUÉ Sí:

Porque resulta ser una medida que devela a una ciudad progresista, avanzada en aspectos de modernidad y que evidencia una alta o aceptable calidad de vida.

La implementación de los estacionómetros en una ciudad tiene efectos positivos en la economía y en la salud de la población.

Tal implementación tiene un impacto difuso en la economía del ciudadano porque reduce el uso de su vehículo de motor y opta por utilizar aquellos medios que se encuentran a su alcance, como puede serlo el uso de bicicleta o el transporte público (por ser accesible y económico).

De igual manera, promueve que el ciudadano opte por recorrer distancias considerables, caminando. Esto último por cierto, con positivo impacto directo en la salud.

En las ciudades que he visitado (ejemplos: Milán, Ginebra, Luxemburgo) pude observar que el uso de automóvil particular es reducido. En La Haya, Holanda, es más fácil ser golpeado por un ciclista al transitar por las aceras, que ser atropellado por un automóvil.

Común en Holanda (Youtube)

Tanto en ésa ciudad como en Milán, Italia, hay que acostumbrarse a poner atención al timbre de las bicicletas y deambular compartiendo espacios donde se transita conscientemente por necesidad de recorrer distancias relativamente largas, en lugar de usar el transporte público.

Y es que el transporte público se encuentra diseñado, además, para subir la bicicleta en interior o exterior del propio transporte (autobuses, tranvías), lo que permite alternar el uso del transporte en un solo trayecto.

Teniendo un servicio público de esa calidad, desde luego que es muy conveniente poner estacionómetros en una ciudad ya que de esa manera se proporciona seguridad vial al peatón, se impulsa el uso de transporte público aceptable, accesible y económico, y se desalienta a la vez el uso del vehículo de motor particular.

También se mejora la calidad del aire y se mejora la salud de los habitantes al propiciar que caminen al menos la distancia que media entre una parada de autobús o tranvía, y la siguiente, separadas éstas por cuatro o cinco cuadras por lo menos, ya que no hay paradas de tranvías o autobús en cada esquina, sino espacios bien delimitados y distantes unos de otros.

Esas ciudades impulsan la conciencia de sus habitantes para caminar, instalando bebederos públicos con agua de calidad, para satisfacer la sed de los caminantes citadinos.

En esas ciudades sí que es conveniente -y hasta resulta imperativo- la implementación de estacionómetros.

Común en ciudades de Europa (Foto: Diario de Cádiz)

POR QUÉ NO (en Ensenada):

Sencillamente porque si la ciudad no cuenta con las características descritas anteriormente, el efecto resulta ser completamente contrario; negativo.

Implementar estacionómetros en ciudades que no cuentan con un transporte público aceptable, accesible y barato, y mucho menos debidamente ordenado; en una ciudad en la que no se implementa razonablemente una cultura de salud mediante la instalación de una red de bebederos de agua para atraer al caminante y hacerle consciente de que caminar le ayuda a mejorar su salud; en una ciudad cuyas autoridades no se ha ocupado por implementar no solamente una ciclovía, sino una red de calles habilitadas para uso exclusivo de bicicletas como medida de movilidad; tiene efectos negativos ya que el abundante flujo vehicular (no regulado fiscalmente, incluso) provocará el aumento del desorden.

La medida tomada por el ayuntamiento de Ensenada para la implementación de estacionómetros en la zona central de su ciudad, me recuerda la avaricia descrita en la historia del autor inglés William Shakespeare, El mercader de Venecia.

Por cierto que no atino a identificar quién tendría el rol del avaricioso Shylock, el usurero: ¿si acaso es el Ayuntamiento de Ensenada en contra de los ciudadanos? ¿O es el propio concesionario en contra del Ayuntamiento? ¿Acaso lo son ambos?

Lo cierto es que en esa maniobra hay una parte que, perdiendo, sale ganando a costa de la irremediable pérdida que significa para el Ayuntamiento la propuesta desde la misma gestación del proyecto.

Las arcas del ayuntamiento fueran deliberadamente expuestas ya que de prosperar la medida, las ganancias económicas son pocas. Es así porque la vigilancia de los estacionómetros implica la contratación de personal de guardia y, desde luego, los estacionómetros deben generar ingresos suficientes para soportar la nómina de vigilancia, administración y recuperación de la inversión.

Común en Baja California: baches hasta en las “ciclovías” (Foto: El Vigía).

Por cierto que un enorme contrasentido sería la implementación de una red electrónica de estacionómetros -como la que existen en ciudades como Los Ángeles , California- en los que el pago se hace mediante tarjeta de crédito o débito y no mediante las obsoletas monedas.

Estaríamos viendo un sistema avanzado en una ciudad cuyas calles y banquetas se encuentran en eterno deterioro.

Por otra parte, al fracasar la implementación de ésta medida, las cláusulas penales del contrato contemplan una “indemnización” para el contratista o permisionario por no haber prosperado el proyecto, y ello significa una ganancia garantizada sin demasiada inversión.

Un contrato así tiene el calificativo jurídico legal de ser leonino, pues implica ganancias abusivas a una parte y sanciones o pérdidas económicas injustas para la otra.

La medida tiene un resultado de corrupción ya que se exponen las arcas del ayuntamiento (nunca rebosantes) y se vulneran estas mediante un proyecto que se aborta y resulta elevadamente costoso. Un proyecto que por cierto no requería mayor estudio sino únicamente un lapso suficiente para una debida reflexión y dar paso a un razonamiento lógico y simplista, si se quiere.

Común en Ensenada: pésimos gobernantes (Foto: Revista Campestre).

No es perdonable el yerro de tal naturaleza a quien se sabe que en su vida privada ha sido exitoso en negocios propios. Pero una acción de tal naturaleza, gestada y diseñada con irresponsabilidad financiera, ejecutada temerariamente, tiene una autoría y por ende responsabilidad cuyas consecuencias son las de responder ante instancias de control interno, hasta con el patrimonio propio.

No es posible pensar que ha sido un actuar culposo. La debida reflexión es una obligación de quien se encuentra en la responsabilidad de dirigir una administración pública. La irreflexión en temas que afectan las finanzas públicas es una conducta que acusa dolo. Una nefasta intención.

El principio de inocencia únicamente aplica en materia penal. En materia administrativa pública, el actuar responsable es una obligación por lo que una conducta que afecta finanzas públicas se imputa a los funcionarios responsables bajo la premisa de la debida diligencia, de manera que un quebranto económico a la hacienda pública, acusa culpabilidad.

*Es además Master en Seguridad Humana y Derechos Humanos por la Universidad Milano Bicocca, de Milán, Italia.


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