EN EL CAMINO: El Sentido de la Resistencia

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El pasado viernes 12 de enero varios cientos de personas organizaron y llevaron a cabo un par de mítines; uno enfrente de las oficinas de la Casa Municipal y otro en la Plaza de los Tres Poderes. Además, este último mitin estuvo presidido por una marcha que inició en el Monumento a Vicente Guerrero (Plaza del Caballito). En estos eventos participaron varios colectivos (Comité Ciudadano en Defensa del Agua de Baja California, Comunidad Baja California Resiste, Mexicali Resiste, Resistencia Civil de Baja California, etc.), pero la mayor parte de los asistentes fueron ciudadanos simpatizantes de los movimientos de resistencia civil que tales colectivos representan.

Jesús Francisco Galaz Fontes* / A los 4 Vientos

El propósito de este evento fue doble. En primer lugar, recordar y celebrar los eventos que tuvieron lugar en enero de 2017: desde la toma de la Planta de Almacenamiento de Pemex La Rosita, hasta las multitudinarias marchas del 12, 15 y 22 de enero, pasando por la abrogación de la Ley del Agua aprobada atropelladamente por el Congreso del Estado el mes de diciembre anterior. En segundo lugar, hacer un planteamiento público y explícito de que estos grupos, y los ciudadanos que los acompañamos, seguirán insistiendo en la solución de un conjunto de reivindicaciones sociales, entre los cuales pueden mencionarse la no-instalación de la cervecera Constellation Brands, la abrogación de la Ley de Asociaciones Público-Privadas, la no-construcción de las desaladoras de San Quintín y Rosarito y la formulación de una Ley del Agua que respete el derecho humano a la misma.

Muchas personas, particularmente aquellas relacionadas con el gobierno, afirman que este movimiento social está en proceso de extinción, que se ha dividido, que no ha sido capaz de hacer propuestas viables y, en resumidas cuentas, que constituyen una molestia social. Aducen, como una prueba que ellos consideran irrefutable, la muy notoria reducción en cuanto al número de participantes en marchas y mítines como los realizados este pasado viernes 12.

Que estos movimientos de resistencia civil no han logrado retener la presencia física de la ciudadanía a un nivel significativo es algo evidente. No obstante, la dinámica en las redes sociales indica que estos mismos movimientos sí han logrado captar la atención de la ciudadanía y, además, la gran mayoría de los comentarios de los usuarios de esa redes muestra una actitud de simpatía y apoyo moral hacia esos movimientos y, al mismo tiempo, un fuerte hartazgo hacia el gobierno en general. Esta disonancia amerita ser analizada y es un ejemplo de que la opinión y el comportamiento público de la sociedad no corren, al menos hasta estos momentos, en la misma dirección. ¿Cómo se manifestará ese hartazgo en el proceso electoral y en las elecciones federales que tendremos este año?

Dicho lo anterior, ¿tienen algún sentido estos movimientos de resistencia civil? Más allá de todos los problemas que se les pueda endilgar, encuentro las siguientes razones para responder afirmativamente a esta pregunta. En primer lugar y contra todo pronóstico, siguen ahí: en los plantones, en las redes y en diversos actos de gobierno, mostrando a quien quiera ver más allá de las declaraciones triunfalistas de nuestros funcionarios, que la administración pública se ha convertido en un botín para un pequeño grupo de privilegiados que toman decisiones sobre los asuntos públicos poniendo por delante sus intereses privados.

En segundo lugar, con su insistente presencia y sus persistentes declaraciones están promoviendo, además, que la población atienda los asuntos públicos. Como sociedad tenemos que aprender a hablar y discutir de política, y estos movimientos están haciendo un enorme servicio para poner la discusión de los asuntos públicos en el centro de una agenda ciudadana que está intentando recuperar el control de un gobierno en el que la ciudadanía ha dejado de tener confianza. En un contexto yermo de un diálogo sobre asuntos públicos y en el que la autoridad no suele ser cuestionada sobre su comportamiento, este es una labor por demás loable.

En tercer lugar, estos movimientos, asociados a pequeños grupos de profesionales socialmente conscientes del derecho, están empleando herramientas legales de nuestro propio sistema para defenderse de las agresiones penales del gobierno y, al mismo tiempo, reclamar que se detengan decisiones relacionadas con la construcción de obras que, pretendiendo atender problemas como el suministro de agua, la generación de empleo y la inseguridad pública, generan generosos negocios privados para grupos de empresarios-gobernantes. La participación de profesionales y especialistas de diferentes disciplinas ha sido, hasta estos momentos, limitada, pero lo logrado hasta estos momentos, aún con todas sus limitaciones, muestra lo que se podría lograr si más profesionistas se asumen como ciudadanos y se suman (y puede haber muchas maneras de hacerlo) a estos movimientos ciudadanos que están trabajando por mejorar la calidad de vida de todos nosotros.

En cuarto lugar, y ello está relacionado con todos los puntos anteriores, me parece que estos movimientos sociales de resistencia, independientemente de logros particulares más o menos inmediatos, están contribuyendo a que la dinámica política de nuestras ciudades y estado adquiera una expresión más genuina en el sentido de que en ella participen más intensamente la ciudadanía y que deje de estar bajo el control de las élites empresariales y políticas asociadas a los partidos.

En este sentido creo que estos movimientos de resistencia están promoviendo, a pesar del trabajo que el gobierno hace en su contra, una mejor ciudadanía.

Por todo ello es importante reconocer la labor realizada por diferentes colectivos asociados a estos movimientos de resistencia, y también por todo ello me parece que todos los ciudadanos podríamos preguntarnos de qué manera podemos ayudar a fortalecerlos y a mejorarlos.

 

 

*Jesús Francisco Galaz Fontes es profesor retirado de la Facultad de Ciencias Humanas en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Es integrante del grupo civil Mexicali Consciente.


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