El silencio es fundamental para la comunicación humana: Marcia Ramos

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Es un libro pequeño. En él han cabido poco menos de 50 minificciones. Pero la densidad y el peso de lo que Marcia Ramos, su autora, ha escrito en cada página, convierten a Brevedades infinitas —que es como se intitula este libro— en una obra que golpea al lector como un mazo y, no obstante, a veces hasta lo hace reír con amarga ironía.

Juan José Flores Nava* / A los 4 vientos

Escribe por ejemplo: “Dumbo le pide perdón a su madre todos los días. Sus orejas eran demasiado grandes como para no escuchar las voces que le ordenaban matarla”. Y escribe también: “Pintó sus labios color carmín, se subió la cremallera del vestido y revisó las zapatillas para verificar que le calzaban bien. Afuera estaba más oscuro que de costumbre, escuchó unos pasos detrás de él. Dos homofóbicos lo tomaron por el cuello y lo estrellaron contra la pared. Cenicienta no llegará a la fiesta, se quedará conectada en un hospital.”

En Brevedades infinitas (La Tinta del Silencio), la tijuanense Marcia Ramos (1989) expone las obsesiones humanas, los celos, la incertidumbre, la ansiedad, la violencia, la discriminación, el odio, la muerte. Primero lo hace dándole vuelta a los personajes de la infancia estandarizada por Walt Disney: la Sirenita, Cenicienta, Esmeralda, Aladín, Dorothy, Peter Pan, Dumbo, Simba, Anastasia, Pocahontas, Rapunzel, etcétera: “Rapunzel se sentía libre cuando contrajo nupcias con su príncipe, pero pronto la encerró, golpeó y engañó. Ella no tuvo más remedio que ahorcarse con su trenza. No era ningún pájaro para esta jaula ni para un castillo”.

Marcia Ramos, autora de brevedades infinitas (La Tinta del Silencio)

Luego, Marcia echa a andar minúsculas historias que no ocultan la realidad de la que nacen. En “Posesión” escribe: “Carol le abrió el pecho con un desarmador a Guillermo. En el intento quiso comprobar que con el sonido de su voz produjera los latidos del corazón, pero con amargura comprobó que le pertenecía a otra. Murió a causa de un paro respiratorio”.

Por último, en “Dos mil trece Vol. 1” —la parte final de Brevedades infinitas—, Marcia Ramos prueba con el género de ciencia ficción, pero, como dice María Antonieta Mendívil en el prólogo, con una característica peculiar: “Una especie de retrofuturo, un avance en las tecnologías, pero con un dejo de decadencia”.

—¿Estamos viviendo ya ese retrofuturo que menciona María Antonieta Mendívil en el prólogo?  —le preguntamos a Marcia Ramos.

—Hay cierta deshumanización en nuestras acciones cotidianas, en lo que sentimos, en lo que pensamos y en la forma en que nos expresamos porque vivimos a través de la tecnología. Es difícil ahora ver niños afuera, en la calle, corriendo o correteando y no jugando con una tablet o un celular. Eso me causa cierta nostalgia, cierta melancolía. También es cada vez más común ver en lugares públicos a parejas que no conviven: cada uno está en su celular revisando su Facebook. Todo parece ser una improvisación, un ensayo de que realmente están conviviendo. Es algo curioso.

—Parece que usted, en sus minificciones, emplea a los personajes de Disney, tan presentes en la memoria colectiva, como aquellas luciérnagas que le permiten mostrar la oscuridad, pues dice en el epígrafe con que abre el volumen: “El presente libro fue hecho para hablar del silencio, está dedicado a todas las luciérnagas que eligieron mostrar oscuridad”.

—En este libro quise hablar de todas aquellas personas que son discriminadas, que sufren alguna desigualdad, que padecen homofobia o que son sexoservidoras. Parte de mis minificciones hablan de una realidad que está ahí a diario, de nuestra cotidianidad, de nuestra monotonía y que, por lo tanto, ya no nos causa extrañamiento.

—La muerte es un tema que aparece en varios momentos del libro…

—Porque la muerte es un tema esencial en lo que escribo. Me parece algo elemental. No desde el punto de vista trágico, sino como una aceptación de la vida, como una transición: el ser humano muere conforme cambia; muere constantemente. Muere una parte de él, sí, pero otra se mantiene viva conforme va creciendo.

La escritora tijuanense Marcia Ramos (1989)

—Marcia, ¿se identifica con algún personaje de los que aparecen en sus relatos?

—No. Creo que no. Pero en la segunda parte, que es “Brevedades infinitas”, retrato un poco lo que fue, hasta cierto punto, mi infancia, y lo que observé en mi comunidad.

En “Cuando tenía 13”, Marcia escribe: “Tomo mi patín. Lista para volar me calzo unas chanclas que se salen, me deslizo con el viento y tengo más velocidad. Me encuentro con una bestia de vidrio que me acecha paso a paso, hasta que caigo y me ataca. Se escurre la sangre de mis pies. Al mismo tiempo la vecina implora por su vida, un ogro le lanza una bala con su mirada. En ese instante descubro que las bestias se han despertado, ahora sólo necesito esconder al viento quien me ha deformado la cara. Todo ocurre en la ciudad”.

—A los 13 años andaba en patineta y tuve un accidente —dice Marcia Ramos—. Iba en una bajada, traía chanclas y mis pies aterrizaron sobre el vidrio de una veladora que estaba toda quebrada en la banqueta. Eso lo cuento junto con lo que le pasó a una vecina: su marido la balaceó en plena calle enfrente de todos. A ese vecino lo convertí en un ogro.

En “Los peces”, Marcia escribe: “Julia y Esteban se besan con pasión, acarician las manos, se sujetan del cabello, él aprieta las nalgas desnudas contra su cadera, ella muerde el cuello, rasguña la espalda, abre las piernas. Cuando despiertan del sueño: madre e hijo contemplan sus coletas de escamas dentro de la piscina. Sus miembros se acercaron para olvidar toda unión de sangre y crear la de la carne con el mundo. La mansión sigue en pie en algún lugar de Sonora”. ¿Esta historia también es real?

—No —dice Marcia Ramos—. Sucede que tuve la bendición y la fortuna de que mi familia me contara leyendas y testimonio orales. Y fue mi abuelita quien me contó la historia de que en una mansión de Sonora, rodeada de unos muros tan altos que no se podía mirar hacia adentro, la mamá y el hijo se convirtieron en sirenas y permanecían en una piscina gigante por haber cometido incesto.

—¿Por qué escribe que este libro fue hecho para hablar del silencio?

—Porque el silencio es fundamental, básico para la comunicación humana. Sin embargo, yo lo retomo para advertir que hay muchas personas que son acalladas, sometidas, explotadas, que eligen o se mantienen en una especie de oscuridad, de secreto, y que no se pueden liberar.

Brevedades infinitas, de Marcia Ramos, será presentado esta noche, a las 19 horas, en la Biblioteca Pública Regional Benito Juárez (Calle Guadalupe, entre Segunda y Cuarta, Col. Obrera). Estarán presentes, además de la autora, Cristian Vázquez, Ruth Vargas Leyva y Lauro Acevedo. Esta actividad es promovida por el Seminario de las Artes de Baja California.

 

*Como escritor, es periodista y aficionado a la psicología social;es forofo del Atlas y practicante (siempre que se puede) del dolce far niente. No es especialista en nada. Correo electrónico: juanjose.floresnava@gmail.com


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