El presidente llega al puerto: crónica de una intervención colectiva.

 

El regidor independiente es arrastrado por la multitud, llegan las cámaras que se desviven por fotografiar al presidente, parece navegar la camioneta entre una multitud de manos que se extienden, de brazos que ansían detener al líder para hablar con él, uno por uno expresarle su demanda. AMLO no es recibido entre nubes de afecto. Reclamos de odio hacia Bonilla y Ayala son lanzados al aire. Si bien nadie maldice al presidente, la gente enfurecida despotrica contra la gestión de Morena en Baja California.

Jazmín Félix* / A los 4 Vientos

Ensenada, esquina del Centro del Gobierno, Calle Reforma.

Sábado 28 de noviembre del 2020, 2:20 pm

El viento fresco equilibra los rayos del sol y templa el ambiente; es el escenario ideal para exigir justicia. La flauta y el saxofón abren el mitin de carácter artístico-político, su melodía parece guiar a la docena de pasos que coordinados toma sus puestos. El semáforo en rojo detiene el tráfico y frente a éste se instalan los manifestantes, extendiendo una manta de metros de largo: “AMLO escucha, fue un fraude la consulta. Ensenada dijo NO, fuera Sempra”, anuncian en letras rojas y negras. El sonido de los cláxones desesperados se desata colérico, pero los chicos estiran la tela para que se alcance a leer su exigencia. Al minuto se retiran y la calle se desahoga. No tarda en llegar la policía de tránsito para controlar la situación.

Sabemos que el presidente está ahorita en la ciudad, y tenemos la intención de transmitirle el mensaje de que fue un fraude la consulta que realizó el gobierno de Ensenada, para eso nos hemos reunido esta tarde aquí en la esquina del Centro de Gobierno”, así lo comenta un joven con sombrero de paja y celular en mano al explicar el motivo del mitin a los espectadores que siguen el en vivo a través de Facebook.

Son cerca de cincuenta personas las que toman la Calle Reforma con letreros, mantas y cartulinas de colores que acusan a la empresa estadounidense de gas natural, Sempra Energy, de querer contaminar a la ciudad a través la expansión de sus instalaciones. También culpan al gobierno municipal de haber organizado la consulta vecinal “Tú decides” —realizada el pasado 18 de octubre—, a favor de la transnacional, y en la que los resultados oficiales le dieron un SÍ a la expansión.

 

La organización civil Ensenada Resiste realizó la convocatoria a través de sus redes sociales con el fin de detener el convoy del presidente de forma pacífica y entregarle documentación sobre su petición de plebiscito, así como evidencia de que durante la ejecución de la consulta hubo acarreo de votantes e irregularidades en el manejo y conteo de boletas, resultando en “un robo a la democracia y a la ciudadanía”; así lo han reiterado miembros del grupo durante los casi dos meses transcurridos desde la consulta.

 

Durante ese tiempo Ensenada Resiste —junto a ciudadanos comunes— han expresado su inconformidad participando en las manifestaciones del 24 de octubre y 8 de noviembre. Amparados por la Ley Estatal de Participación Ciudadana, realizaron una petición de plebiscito el 21 de noviembre con el fin de anular la consulta; y el 24 de noviembre convocaron a la ciudadanía para hacer pintas colectivas en la explanada del Centro Estatal de las Artes (CEART), pintas que ahora exponen aquí, de pie en la calle, con la esperanza de detener al Ejecutivo y hacerle saber sus demandas.

 

La visita del presidente en la ciudad forma parte de la gira que prometió en el mes de marzo del presente año al Gobernador del Estado, Jaime Bonilla Valdez, comenzando con su llegada a Mexicali el 27 de noviembre, siguiendo por Tecate, y el 28 en el municipio de San Quintín, con planes de llegar al puerto para asistir a la celebración organizada por el Presidente Municipal Armando Ayala Robles, por motivo de la terminación del Libramiento de Ensenada y el apoyo recibido por la presidencia en el Programa de Mejoramiento Urbano. Es durante su arribo en horas próximas que los miembros de Ensenada Resiste esperan poder entregar su petición al presidente.

 

***

Una mujer de edad madura lleva en sus manos la razón del ajetreo y la música, de la pintura en las telas y los gritos que piden ser escuchados: es el sobre amarillo con destino al Ejecutivo. Lo mueve de una mano a la otra, debajo del brazo derecho lo aprieta. Adentro vienen pedazos de evidencia esperando a ser leída, creída, atendida por AMLO, tal vez la última esperanza para la ciudadanía ensenadense de exponer su caso, pues no ven sentido en acudir a las autoridades locales o estatales, a quienes perciben como cómplices de la trasnacional.

 

El semáforo está en rojo, de nuevo la muralla de letras y demandas secuestra la escena, vuelcan la normalidad en manos de manifestantes que protegen su identidad con lentes de sol oscuros, sombreros y gorras, cubre bocas contra el virus que sigue existiendo, aunque ya no sea el tema de moda.

Un chico y una chica caminan, corren entre los autos, alzan los letreros que invitan a los ensenadenses con la frase “Ensenada escucha, esta es tu lucha”, consigna que también se grita en el ambiente. La calle ha sido tomada por jóvenes que desafían la pasividad, que prefieren ignorar los reclamos a sus costados, e ilusionados esperan provocar la reflexión de quienes los ven.

Varias personas reparten volantes a los conductores, en ellos explican las consecuencias ambientales que surgirán con la expansión de Energía Costa Azul —filial de Sempra Energy en México—. Un par de vidrios son bajados de inmediato para recibir la información, otros permanecen cerrados, algunos rechazan a los manifestantes con miradas de negación o palmas extendidas que los mandan al diablo. De la ventana de un micro rojo emerge una mano, recibe un montoncito de volantes que seguramente repartirá a sus compañeros de trayecto.

No hay medios de comunicación a la vista, sólo ciudadanos que documentan la concentración. Miguel Orea —regidor independiente con licencia—, aparece en el cuadro. Camina por la banqueta, lleva en las manos brochas y latas de pintura. Atraviesa el mitin y a unos metros, pinta una manta sobre el pasto, “Esperanza” se alcanza a leer en la fotografía que postea en su página oficial. Orea ha mostrado una postura en contra de Sempra, comparte lucha con Ensenada Resiste, pero el movimiento manifiesta que no forma parte de sus filas, “que ellos son un movimiento totalmente apartidista”, y desconfían de actores como Orea que, a su parecer, sólo actúan bajo un oportunismo político. Horas después el colectivo en resistencia refrendará esta postura, al ver como algunos periódicos (Zeta) le adjudican al regidor la convocatoria de esta tarde, mientras que éste alardea en sus redes sociales haber realizado acciones que nunca ocurrieron, entre ellas, el haber conversado con el presidente.

—¿Cómo está la dinámica? También queremos apoyar —preguntan a una de las manifestantes dos mujeres que vienen del otro extremo de la calle.

—Estamos esperando a que llegue la caravana del presidente para detenerlo y darle los documentos —responde la joven. Las mujeres consiguen cartulinas y se unen a la lucha.

Muy cerca del Centro de Gobierno está un campo militar, y el presidente de México sí, viene en camino, pero, ¿por qué pasan frente al mitin una, dos, tres y cuatro unidades de la Guardia Nacional, de forma constante? La sirena característica de judiciales en su camioneta blanca también desfila en la calle; le siguen las patrullas de la policía municipal, aunque no se ven conflictos cerca y aún falten horas para que llegue Obrador.

Las manos de los músicos golpean el tambor, el tiempo, envuelven el ambiente, hacen que los cláxones se escuchen menos, que pierdan relevancia.

“Este es un intento por hacer que la realidad que nos rodea cambie, esta es mi forma de gritar, erradicar la injusticia y de luchar contra los asesinos del mundo ¡uuuuh, uuuuh!” recita una joven poeta, los tambores encienden sus palabras.

 

Algunos autos pitan en solidaridad, se oyen pausados, pacientes. Otros son reacios, exasperados, exasperantes, tendrán sus razones para ir tan aprisa y no detenerse, para no escuchar.

Desde su auto, una anciana observa a las mujeres que se unieron a la manifestación.

—¿Qué van a ganar haciendo eso? ¡No van a lograr nada! Van a hacer que alguien se muera —les reclama, está enfurecida.

—¿Usted de dónde viene? —pregunta una de las mujeres, no sabe qué más responder.

—De aquí, de Ensenada, y por eso les digo. ¡Vengo muy mala, vamos al doctor! ¿Para qué hacen esto? ¡Chingadamadre, lárguense! —grita, asomándose por la ventana abierta de su vehículo. Los manifestantes no demoran mucho en abrir el paso y el auto en el que va la mujer sigue su camino.

“¡Fuerza manifestantes, fuerza!” anima alguien.

 “Yo estoy aquí porque miré el evento en Facebook y no quiero que esa empresa contamine nuestras costas” declara un hombre, sentado sobre el pasto pelado. Su nombre es Marcos y parece algo mayor, lleva puesta una boina de cuadros. Pregunta sobre el recorrido del Presidente, qué si irá a colonias marginadas. Luego asegura que se quedará, que tiene tiempo por ser su día libre en el trabajo. Parece que no está bien informado, pero tiene voluntad.

Son las 3:15, la música sigue, el plan es el mismo: detener de forma pacífica el convoy del Presidente y que una persona designada se acerque a su camioneta y le entregue el sobre amarillo.

“No se desanimen, nos acaban de informar que el presidente está comiendo en el Estero Beach”, avisa una de las integrantes de Ensenada Resiste a través del megáfono.

“Está en el Estero Beach, ya no tarda en llegar”, se corre la voz.

“Nuestra motivación principal es denunciar que la consulta fue elaborada de forma fraudulenta, ya que no se siguieron las características para que fuera legal. No se nos está tomando en cuenta realmente y, además, el establecimiento de la empresa ni siquiera debería de ser negociable, es un genocidio y va a ser devastador para Ensenada” expresa una chica joven, su mirada la cubren lentes oscuros Ray Ban.

“Exigimos a nuestro Ayuntamiento que anulen la consulta vecinal que se hizo el 18 de octubre, mañosamente, a favor de la empresa Sempra Energy, que quiere venir a contaminar nuestras tierras. No los dejaremos, estaremos luchando con alegre rebeldía”, se escucha la voz de la poeta, armoniza con su voz la melodía de los tambores.

Los tambores resuenan, se roban las miradas de los conductores, revisten con sus reclamos a los cláxones que reclaman que se detengan… pero no se detienen.

Son las 3:30, hay problemas con la música. Sólo se oye el aire golpeando los vidrios de los pocos autos que pasan veloces. Minutos después comienzan a preguntarse si el tráfico está siendo desviado, pues la cantidad de vehículos disminuyó en gran manera. Los manifestantes se preocupan, si no pasa por ahí el presidente no habrá entrega de documentos, el plan fallará, todo fallará.  La gente se acerca a la chica que representa al colectivo organizador para ver cuál va a ser el siguiente movimiento.

Alguien viene caminando desde el otro lado del complejo, asegura que allá hay más manifestantes, que todos los medios de comunicación están al lado de la Plaza Mare, por la calle Chapultepec.

—Hay que dividirnos —sugiere un hombre.

—No, dividirnos no —responde la chica con el megáfono.

Al final, un par de miembros de Ensenada Resiste decide que será mejor moverse.

“Se solicita por favor compañeros que se muevan de forma ordenada, que los que tengan las manos vacías agarren lonas, que recojan las mantas que están en el piso”, pide la chica.

Todos se movilizan, los músicos recogen los instrumentos para el siguiente número, la mujer responsable del sobre amarillo carga sillas. Vuelan las mantas en el aire entre las manos de los manifestantes, que caminan por la banqueta de la calle, una cuadra hacia abajo.

***

—Pero, ¿están seguros de que va a pasar por aquí? —cuestiona Marcos a un par de chicos que sostienen una manta, cuando todo el grupo toma posición al costado de la plaza. Se le ve preocupado, ¿él también quiere decirle algo a AMLO?

—Sí, por aquí va a pasar —le responden.

Los manifestantes se colocan en la entrada de las calles Chapultepec y Ébano, rápidamente se organizan. Retoman la estrategia de apropiarse de la calle cuando esté el semáforo en rojo, se retiran en verde. Ensenada Resiste abandera el cuadro, más allá, al fondo, hay cerca de 300 personas.

“Cada grupo de manifestantes le trae su petición al Presidente”, dice un hombre que graba video en vivo.

Y así es. Cada ciudadano y grupo de personas que llegaron al Centro de Gobierno desde temprano tiene su lucha, han pasado horas aguardando ansiosamente la llegada del Ejecutivo.

“¡Invasión Lomas del Aguajito presente!”, grita una mujer al megáfono. “Queremos soluciones, no corrupciones, queremos una tierra digna para vivir”.

Mariana Ramila es la representante del grupo. Son en su mayoría mujeres con sus hijos e hijas las que lo conforman. El motivo de su presencia es para entregarle al Presidente su petición para legalizar la tierra en la que hace dos años se asentaron. Expresa que el gobernador Bonilla está al pendiente de su situación, pero que en las últimas semanas el dueño de los terrenos, junto a sus representantes, los han estado agrediendo con maquinaria. “Ya le pedimos ayuda al gobierno municipal, nos oyen, pero no nos escuchan. Nosotros queremos que nos pongan oído y que nos ayuden” exige la mujer.

También esperan al presidente integrantes de la Familia Pesquera para Baja California, llevan un oficio en el que le piden al líder de la nación la agilización de los permisos para poder pescar atún con anzuelo, ya que el trámite está detenido en el Instituto Nacional de Pesca, a los que acusan de trabajar “con políticas conservadoras neoliberales, que favorecen a las grandes flotas atuneras”.

 

Melchor Moreno y Canal 23

“Sólo queremos trabajar, no ser una carga para su gobierno, no necesitamos pensiones o apoyos… no nos falle, somos parte del pueblo de México, hágalo por nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos”. El señor Melchor lee la carta que será entregada al presidente.

Más al fondo está otro grupo manifestándose, desean entregar su petición al mandatario, hablar con él, de ser posible. Son miembros de la Organización Civil, Colonos Unidos de Maneadero, los que representan a la Colonia Oaxaca, ubicada en la delegación Rodolfo Sánchez Taboada (Maneadero). Ellos le piden a Andrés Manuel ser reconocidos como comunidad indígena para poder bajar recursos que contribuyan al crecimiento y calidad de vida de su comunidad.

“Ya hablamos con Bonilla, él nos apoya, el problema es con las Instituciones, pues uno de los pasos para el proceso es que la delegada de la CDI (Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas) acuda a la comunidad, pero ella nunca nos ha visitado”, asegura el apoderado legal de la colonia, Humberto Aguilar.

En el mes de octubre del presente año Jaime Bonilla se reunió con los representantes de ésta colonia y les prometió la regulación de la tenencia de la tierra de forma gratuita. “Los habitantes de nuestra colonia son un 80% de origen mixteco, ¿cómo no nos va a reconocer CDI? La 4T dijo hacer la diferencia, pues eso debe de verse reflejado en las comunidades indígenas”, añade el hombre.

De vuelta al frente de la calle, los manifestantes contra Sempra resisten de pie. Son casi las cuatro de la tarde y en el aire se escucha que Andrés Manuel ya casi sale del Estero Beach. Hay armonía en el mitin; las lonas, cartulinas y mantas bailan al ritmo Fémina Fatal.

“Mi vida no está en venta… el rico del pobre siempre se alimenta”, rapea la chica. “Todo mi odio para la policía, todo mi amor para la rebeldía… fuera a los megaproyectos de muerte en todo México”.

Un hombre de pelo largo y camisa a cuadros baña en incienso a una manifestante. El humo envuelve a la joven, que se mueve, danza, goza.

Treinta minutos después dos camionetas Suburban atraviesan el mitin, algunos corren para seguirla, esperando a que sea el Presidente de la Republica el que viene adentro; pero resulta ser una falsa alarma.

“Les pedimos a todos los manifestantes que nos traslademos al fondo de la calle, por ahí vendrá el presidente”, informa la chica del megáfono.

 

Todos avanzan, el lío de pasos y voces se extiende por toda la calle, caminan más allá de la entrada, que está limitada por una larga valla de seguridad que impide el paso de las personas.

“Va pasando el contingente que viene tratando el tema de Sempra, esta consulta amañada, esta consulta que se hace de muy mala manera. En esta consulta el Presidente Municipal enseña el cobre y realiza una consulta en la que gana la desinformación, el acarreo” reseña un hombre al micrófono, es el comentarista que narra los pormenores de los grupos que se manifiestan.

Las denuncias que se escuchan en el ambiente son variopintas, pero todas se entretejen, comparten la intención de acercarse al líder del país para ser escuchados.

No pasan ni cinco minutos cuando se alcanzan a ver las camionetas blancas aproximándose. La noticia llega a los oídos de todos; la gente corre, esperando encontrar el rostro del Presidente tras alguno de esos vidrios. Miguel Orea es el primero en alcanzar el vehículo. El vidrio que protege al presidente se mantiene arriba.

 

“¡Presidente! No queremos a Sempra Presidente, ojalá nos permita que salga un plebiscito aquí en la ciudad organizado por el Instituto Estatal Electoral. ¡La consulta fue un engaño! No nos preguntaron, toda la gente que viene aquí está diciendo lo mismo, ¡que no lo engañen!”, demanda Orea. Andrés Manuel lo observa con atención, con la mano en la barbilla, cubriendo parcialmente su boca, ese gesto común del mandatario parece una demostración de interés.

Después el regidor independiente es arrastrado por la multitud, llegan las cámaras que se desviven por fotografiar al presidente, parece navegar la camioneta entre una multitud de manos que se extienden, de brazos que ansían detener al líder para hablar con él, uno por uno expresarle su demanda.

AMLO no es recibido entre nubes de afecto. Reclamos de odio hacia Bonilla y Ayala son lanzados al aire. Si bien nadie maldice al presidente, la gente enfurecida despotrica contra la gestión de Morena en Baja California.

“¡Ayala vendido, fuera Sempra!”

“¡Señor presidente, escuche a Lomas de Aguajito!”

“¡La consulta fue amañada, la consulta fue un fraude!”

“¡Fuera Sempra, fuera Sempra, fuera Seeeeempraaa!

Sólo unos pocos “te quiero” se alcanzan a distinguir en medio de los reclamos:

“Te queremos cabecita de algodón, ¡escucha a Lomas del Aguajito!”

“¡Te queremos Andrés!”

La ventana trasera se abre, un colaborador del Ejecutivo recibe los documentos, las cartas, los cientos de peticiones que los manifestantes quisieron hacer llegar de forma directa a la Presidencia. Uno de los miembros de Ensenada Resiste alcanza a entregar el sobre amarillo que durante casi tres horas aquella mujer estuvo reservando para ese momento. Una señora lucha en medio del gentío, intenta escribir su deseo, su petición, en una hoja que recarga sobre su mano izquierda. Ella también quiere pedirle ayuda a AMLO.

 

En el asiento trasero, atrás del conductor, está sentado Jaime Bonilla.

“¡Vende patrias Bonilla!”

“¡Ayala es un traidor!”

“¡Bonilla es un traidor!”

—¡Se robaron la consulta señor presidente, se robaron la consulta!  —denuncia una mujer que viste una camiseta blanca, golpea la ventana. El Presidente la mira, arruga la cara. Se le ve agotado, ¿o desinteresado? Niega con la cabeza, cierra los ojos.

 

—¿Quién? —la cuestiona, detrás de cristal.

—¡Ayala señor! ¡Ayala rata! —responde la mujer.

La camioneta entra al estacionamiento principal del Centro del Gobierno, logra librarse de la tempestad de gente. Varios forcejean con los guardias tras el cerco de seguridad, se aglomeran, se saltan la valla. Miguel Orea es uno de ellos, un par de miembros de Ensenada Resiste también, al igual que representantes de Invasión Lomas del Aguajito. Marcos, el hombre que no tenía muy clara la razón de estar ahí, también logra entrar.

La seguridad es reforzada, algunos aguardan, seguramente desean tener el valor de hacer lo mismo. La gente está ardiendo.

Una señora llora, les ruega a los hombres de seguridad que la dejen entrar. La presión colectiva hace que los guardias le permitan cruzar la valla.

“¡Hay que tumbar la cerca!”, grita una voz masculina al fondo.

“El pueblo somos todos, no solamente los que están ahí adentro… ¡vamos a entrar!”, amenazan. Pero nadie más se cruza, el orden se restablece.

A la izquierda está Melchor reunido con integrantes de su grupo.

—¿Qué onda, lo entregaste? —pregunta Melchor a uno de sus acompañantes, haciendo referencia a la carta de petición para el otorgamiento de permisos de pesca con anzuelo. El hombre se acerca, tiene cara de decepción.

—No, no se puede hacer nada.

—¿Cómo qué no? ¿no le entregaste el papel?

—Bueno sí, pero aquí se acabó todo. Ya no hay 4T, aquí se acabó Morena.

—¡Pero si hace rato andabas hablando bien de él!

—Sí, pero, ¿no te fijaste lo que pasó? ¿dónde quedó el presidente del pueblo?

Llegan trabajadores del gobierno, traen un buzón de peticiones. Aseguran se las harán llegar a la Presidencia. Insisten, se acercan a los grupos de personas para que entreguen sus demandas.

A unos metros de ahí, al lado de la plaza, se escucha el “Corrido de la resistencia” contra Sempra, compuesto por Ensenada Resiste. Es la chica del megáfono que le pide el micrófono al comentarista y canta letras vueltas reclamo, canción que es narración de la historia presente, música que sale de sus labios, que se escucha alto y claro por la bocina improvisada, amarrada a una motocicleta.

 

“Voy a cantar un corrido sobre Sempra, sobre ECA, en el puerto, ya llevan sus quince años, tierra y agua… ensuciando… traigo la sangre caliente, no me la puedo apagar, este pueblo es de valientes, te lo voy a demostrar…”, su voz alienta a los manifestantes.

 

Son las 5:00 de la tarde, hace frío y ya oscureció. Una chica rapea una canción contra Sempra, después Fémina Fatal toma el micrófono de nuevo y se apropia del ambiente, la gente baila con ella.

“Señor Presidente, sabemos que usted va a hacer algo por nuestra situación, nos urge señor presidente, nos urge la 4T”, se oye la voz del comentarista en la bocina.

La gente sigue aguardando, quizá cuando salga AMLO los salude, los escuche. Van a la cafetería cercana, beben un cafecito o chocolate para entibiarse el cuerpo porque el invierno ya llega hasta los huesos.

Dos jóvenes reporteros sentados sobre el camellón comparten celular para escuchar las palabras que dice AMLO al interior del Centro de Gobierno. Habla de grandes cambios, del éxito del Programa Bienestar, da cifras sobre becas. Promete seguir apoyando a Baja California, promete el aumento al doble del salario mínimo en toda la frontera. Menciona que respeta la decisión de los ciudadanos de Mexicali, asegura que la planta cervecera Constellation Brands no va a ser construida.

Temas de agenda son los que toca. No menciona nada de Sempra Energy. ¿No conocerá el presidente la polémica que se desarrolla en la ciudad, en el Estado, en todo México, desde el mes de octubre?

En el video se alcanza a escuchar sutilmente los gritos y cantos de los manifestantes, las paredes son gruesas, los tímpanos profundos.

Son las 5:40 cuando miembros de la colonia Oaxaca se acomodan para despedir al presidente. Los demás están recargados sobre la valla de seguridad, otros allá, en el camellón, sentados y de pie.

“Escuché que va a bajarse a saludarnos”, dice alguien esperanzado.

Pero a los minutos salen las dos Suburban, la gente se aglomera, corren tras la camioneta en la que está sentado el presidente. Algunos lo corretean hasta la esquina de la calle Reforma, pero es demasiado tarde, todo es precipitado. El presidente no se detiene, no saca la mano para despedirse, sólo se va.


 

 

*Jazmín Félix. Estudiante de Ciencias de la Comunicación. Escritora y lectora empedernida. Ha colaborado con medios como: Revista Cultural Replicante, Revista Molcajete, Revista Cultural Gramanimia y Somos el medio. Ha ganado un par de concursos literarios en su Estado y ciudad. Autora en el blog: «Percepciones en Prosa».

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