El desplazamiento de los marginados y deprimidos por la “modernización” urbana de Baja California

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El proceso de gentrificación en la zona fronteriza binacional California- Baja California, el cual consiste en la rehabilitación urbanística y social de un área urbana deprimida o deteriorada, lo que a su vez provoca un desplazamiento paulatino de los vecinos empobrecidos del barrio por otros de un nivel social y económico más alto, está en pleno desarrollo.

 

Barrio marginado en Tijuana (Foto: Cadena Noticias).

 

Javier Cruz Aguirre / 4 Vientos

Foto destacada: Los proyectos visionarios para la zona Río Tijuana, gracias a la aplicación del concepto de la “gentrificación”, o desplazamiento urbano de las clases sociales marginadas, deprimidas u olvidadas por los gobiernos. En la imagen del portal Yo Amo Tijuana, el concepto arquitectónico ‘Península’, el primer “Fashion Mall” que promete ser “el Centro Comercial más moderno de Tijuana”.

 

Ensenada, B.C., México, viernes 12 de agosto 2022.- Un estudio hecho por Marco Antonio Samaniego-López, Doctor en Historia por El Colegio de México e investigador-profesor de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), concluyó que ese largo proceso que en Tijuana se identifica como “modernización”, permitió la negociación del gobierno y las empresas con los sectores sociales que fueron agraviados en su propiedad.

Además, de acuerdo con el historiador, este concepto y acción de “modernización” se dio como parte de una idea de relación de Tijuana “con el exterior”, lo que implicó “atraer inversiones” de diversa índole.

 

“La condición internacional del Río Tijuana y la manera en que se habitó el cauce del río en México, es parte fundamental de la explicación de este fenómeno”, manifestó el especialista en las conclusiones de su investigación.

 

En ellas, igualmente afirmó que mientras en la zona de San Diego el tema se agrupó en aspectos de contaminación ambiental, en el lado mexicano se priorizó en asuntos de carácter urbano a partir del uso del cauce de un río como espacio habitacional y comercial.

El resultado fue el desplazamiento de 48 mil antiguos y empobrecidos residentes de la zona conocida entonces como “cartolandia”, en clara alusión al material con el que estaban construidas sus “casas”.

En su investigación, el Doctor Samaniego destacó que la construcción de la canalización del río en Tijuana a partir de la década de 1970, y la urbanización provocada, gestó una “apropiación” del terreno para zonas comerciales, sitios de esparcimiento y recreación.

“La gentrificación basada en la inversión pública llevó la intención de modificar el espacio en condición de frontera. Es decir, mejorara la imagen del turista al llegar a nuestro país. En ese sentido, fue un cambio que se justificó en relación directa a la imagen de México ante el visitante”.

 

El río Tijuana en las primeras décadas del siglo XX (Foto: Pinterest).

 

Por otra parte, las condiciones de vida de los sectores asentados en ese espacio urbano eran muy distantes de tener la seguridad requerida; es decir, “estaban en el cauce de un río”, por lo que trasladarlos de sus asentamientos fue relativamente fácil y significó una inversión pública de bajo costo.

 

Recordó el historiador: “En numerosas descripciones sobre la ciudad (de Tijuana) destaca la Zona Río (en sus tres etapas de gentrificación) como el centro financiero, educativo y comercial de Tijuana”.

Incluso, subrayó el investigador, para varios sectores la Zona Río representó el avance de la sociedad  en su conjunto con la idea de “dejar atrás” y “olvidar” el pasado de la ciudad vinculado a la prostitución, la trata de personas y el uso de drogas enervantes, problemas sociales que aún hoy  ensombrecen la imagen de “modernización” de la ciudad fronteriza y de otras metrópolis del norte del estado en proceso de “rehabilitación” urbanística.

Pero esta condición contrastante en la restitución de los espacios urbanos empobrecidos no es única para el lado mexicano de la frontera compartida con California.

Una investigación de la Universidad del Sur de California (USC) del 2019 demostró que los barrios objeto de gentrificación en Estados Unidos, concebido como un fenómeno de “elitización” de barrios y sectores antes deprimidos, “se vuelven (étnicamente) más blancos”, alterando comunidades minoritarias.

El estudio abarca 20 años de crecimiento urbano en grandes ciudades de la Unión Americana y se basa en datos del censo nacional. Muestra que “el ascenso vecinal” –otra definición amplia y eufemística de gentrificación- está asociado con el cambio racial o étnico.

 

“Cuando los vecindarios blancos experimentan ascenso socioeconómico, retienen a los blancos. Y cuando los vecindarios minoritarios lo experimentan, se vuelven más blancos (…)”, lo que demuestra que “el ascenso socioeconómico en realidad está perpetuando la desigualdad racial existente dentro y entre los vecindarios”, señaló Ann Owens, autora principal del estudio y socióloga del Colegio de Letras, Artes y Ciencias de Dornsife, que depende de la USC.

 

La gentrificación en Los Ángeles, California (Foto: la.curbed.com).

 

La experta resalta que los tomadores de decisión -gobernantes locales, los legisladores y las comunidades- se enfrentan a preguntas difíciles y a compensaciones cuando se trata de la gentrificación.

“¿Cómo revitalizas a los vecindarios sin cambiar el carácter del área ni desplazar a las personas?” se pregunta. “¿Cómo invertir en un lugar y caminar por la cuerda floja entre la atracción de nuevos recursos mientras reconoce y preserva su comunidad existente?”

La respuesta es que algunas ciudades estadounidenses han recurrido a tácticas como el congelamiento de impuestos a la propiedad, o leyes que preservan la vivienda asequible para que los residentes no sean expulsados ​​del mercado de alquiler.

 

“El ascenso puede ser un proceso que refuerce, en lugar de alterar, la jerarquía racial /étnica existente entre los vecindarios”, escribió la socióloga.

 

Sobre esta última afirmación, Richard Florida, urbanista y experto estadounidense en geografía, crecimiento económico y políticas públicas, en su libro The New Urban Crisis, explica cómo la gentrificación es uno de los asuntos más delicados que enfrentan  ciudades globales como Nueva York, Boston, San Francisco o Londres, y que va de la mano con otros temas igual de complejos como la falta de acceso a la vivienda, la segregación y la desigualdad.

En su libro, Florida expone: “Un síntoma dramático de esto es que en casi todas las áreas metropolitanas, los barrios de clase media están desapareciendo”.

Para Florida, las ciudades y suburbios están siendo reemplazados por “una metrópolis de mosaicos, en la que pequeñas áreas de privilegio están rodeadas por grandes franjas de pobreza e inequidad.”

 

La exigencia de los pobres y marginados estadounidenses ante el desplazamiento urbano (Foto: Change.org).

 

En ese sentido, el estudio de la USC destaca que “la aparición de una especie de urbanismo ganador que se lleva todo para unos pocos y amplía la franja de perdedores, es signo de una profunda falla de la economía en los centros urbanos, que sin duda amenaza el bienestar.”

También es una oportuna llamada a la reflexión sobre un fenómeno cada vez es más común en América Latina, en donde la gentrificación genera diferencias en términos de condición o estrato social más que étnicas o de raza.

En el caso de México, el Licenciado en Sociología y Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Ramón César González Ortiz, elaboró un ensayo crítico muy detallado del fenómeno que sin duda requiere el análisis profundo del sector inmobiliario nacional.

 

Afirma: “Las grandes empresas inmobiliarias, coludidas con el gobierno, aprovechan el ´abandono´ y proyectan ´mejorar´ las condiciones del barrio comprando a precios bajísimos predios y propiedades, remodelando construcciones y atrayendo todo tipo de inversión, siempre y cuando se mantenga dentro del nivel adquisitivo y se dirija a la clase social que pueda costearlo.”

 

Esta forma de rehabilitación urbanística se transforma entonces en un “negocio redondo” que consiste en comprar a bajos precios, especular con la renta del suelo y vender o rentar a precios excesivos.

“Es decir, existe una sistemática expulsión de la clase trabajadora hacia las orillas de los grandes centros urbanos, de las zonas bonitas y modernas, y los trabajadores se ven obligados a vivir en los cinturones de miseria que rodean las metrópolis, puesto que son las únicas rentas que los bajos salarios permiten costear”, concluye.

Tito Alegría, doctor y especialista en Desarrollo y Planeación Urbana e investigador de El Colegio de la Frontera Norte (Colef) en Tijuana, matiza la visión del Maestro González Ortiz al decir que la megametrópolis fronteriza vive un proceso inicial de gentrificación debido principalmente a “una demanda potencial de vivienda y servicios básicos que no está resuelta”, la cual inicia en colonias que abarcan desde la 20 de Noviembre hasta la zona Centro.

 

Tijuana, ciudad de altos contrastes urbanísticos y en donde la gentrificación es ejemplo de “modernización” inmobiliaria para quien pueda pagarla (Foto en comercialinmobiliaria.mx).

 

Alegría, citado en el ensayo de Ramón César González, argumenta que, en tres años, comenzaron a edificarse una serie de plazas comerciales y condominios verticales de lujo en la colonia 20 de noviembre (Tijuana), un asentamiento urbano que nació como “invasión” y que hoy cambia su estatus para beneficiar a personas con solvencia económica y financiera para invertir.

4 Vientos concluye la polémica sobre el tema citando a Nico Calavita, Doctor en Urbanismo por la Universidad de Florencia y durante muchos años profesor adjunto en el Programa de Estudios Urbanos y Planificación de la Universidad estatal de California-San Diego (UCSD), en su participación en el Seminario Internacional “Gentrificación y Mercados de Suelo en América Latina” que organizaron la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto de Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad de Chile.

 

“El papel de los mercados y políticas de suelo como una agravante en la situación de las clases más vulnerables de las ciudades en proceso de gentrificación, sólo se equilibra mediante un concepto de vivienda incluyente que sea sinónimo de un programa social que recurre a normas reguladoras del uso del suelo más equitativas”.

 

Ello implica -concluye el experimentado urbanista- el reciclaje honesto y justo de construcciones y espacios urbanos para las clases sociales pobres y marginadas, en peligro de ser desplazadas por la rehabilitación de sus propiedades.

Pero el enfoque de la Cámara Nacional de la Industria de Desarrollo y Promoción de Vivienda (CANADEVI) es distinto. Para el sindicato empresarial, uno de los principales retos de una ciudad como Tijuana es la llegada de personas diariamente, lo que incrementa la demanda de vivienda, “de ahí que el enfoque hacia la verticalidad se posiciona como una opción que abona a la movilidad y la calidad de vida de los residentes” ante la falta de terrenos en donde construir nuevos desarrollos inmobiliarios.

 A su vez, Jaime Ponce, director comercial de Frasa Desarrollos, indicó en entrevista con la revista Campestre, que la tendencia hacia la densificación de las grandes ciudades ha alcanzado a Tijuana.

 

Es un fenómeno que entendemos como una necesidad de poder ofrecerle al mayor número de personas una vivienda dentro de la mancha urbana, porque la construcción de vivienda horizontal se estaba extendiendo a la periferia”.

 

O sea, la justificación perfecta para la aplicación más radical del proceso de gentrificación en Baja California, en donde hasta 2020, y de acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, existían 47 comunidades, poblados y colonias en la declaratoria de las zonas de atención social prioritarias del gobierno federal que determina los sectores de muy alta y alta marginación social y rural, en donde viven 1.3 millones de personas en abandono social y presupuestal del gobierno desde hace al menos 50 años.

 


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