DESDE LA IZQUIERDA: Efrén y su abuela, una historia que duele

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Un día 3 de febrero en el sexenio de Enrique Peña Nieto, la Doctora Martha Beltrán Zermeño, Temístocles Villanueva y Jesús Sosa Castro estuvimos en el mercado de la colonia industrial con la tarea de afiliar a las personas que de manera voluntaria, y por convicción propia, decidieran ingresar al Partido Morena. La escasez de recursos no jugó a nuestro favor.

 

Andrés Manuel López Obrador en un módulo de afiliación de su partido, Morena, en enero del 2013 (Foto: Animal Político).

 

Jesús Sosa Castro* / A los 4 Vientos / Foto destacada: Imagen ilustrativa (nation.com.mx)

El puente fue la otra causa por la que se malogró el resultado que esperábamos. Aun con estas limitaciones de por medio, instalamos el módulo y nos dispusimos a iniciar nuestro trabajo. El primero que se acercó fue un niño que desde Chalma, Estado de México, acompañaba a su abuela a vender enseres domésticos. ¿Qué es Morena?, preguntó.

Seguramente fue la curiosidad lo que llevó a este niño a hacernos esa pregunta. Con toda paciencia se lo explicamos a él y después quisimos explicárselo a ella. Pero la señora, con un semblante hosco y con visible molestia, la tomó contra su nieto. “No está bien -le dijo- que andes acercándote a personas desconocidas”.

Quiero decir que el niño me inspiró mucha confianza. Me ganó su diligente comportamiento, su disposición a ayudar, su deseo de conocer algo más allá de lo que seguramente aprende de sus padres y de su abuela.

Como hijo de campesino recordé que nosotros los que fuimos niños nacidos en el campo, desde temprana edad nos incorporamos al trabajo y aprendimos, con relativa facilidad, las prácticas y los conocimientos que son harto importantes para ganarnos la vida

Sin embargo, el niño Efrén fue reprimido sin haber una razón. La autoridad de la abuela lo alejó de nosotros. La causa de esta reprimenda fue andar hablando con personas que no se sabe qué madre las parió. El coraje de la señora contra el niño y contra nosotros era desproporcionado. Tenía un rostro endurecido y cada vez que podía se alejaba del grupo que compartía con ella la esquina de la calle.

 

Imagen ilustrativa (Isabel Briseño / Pie de Página).

 

El tiempo pasó rápidamente. La falta de éxito de ellos y de nosotros tal vez era la razón de su mohína. Fue hasta cerca de las cinco de la tarde que al darnos cuenta de que no habían sacado ni para comer, me acerqué para decirle que le iba a comprar algunas cosas de baño y unos palos de escoba porque en mi casa todos están quebrados o podridos.

Fue hasta este momento que pudimos explicarle el motivo de nuestro trabajo, el por qué le pedíamos a la gente que se afiliara a Morena, y aprovechando el viaje le solicitamos que también ella lo hiciera. “¡No sé leer ni tengo credencial de elector! -nos dijo- El que sabe es mi nieto”.

Le dimos el periódico Regeneración a Efrén y le pedimos que se lo leyera a su abuela. Poco a poco le fue cambiando el semblante y modificando su actitud hacia nosotros

Los simpatizantes de Morena empezaron a llegar, los afiliamos. Hablamos con ellos, comentamos los problemas más importantes y escuchamos sus opiniones. La verdad, hay mucha irritación en la gente. La mayoría dijo estar harta de la falta de empleo, de la violencia, de lo que hizo la SCJN con los trabajadores del SME, de la corrupción en los tribunales de justicia, de lo que pasó en la torre de Pemex, de la frivolidad y de la displicencia con que Peña Nieto está conduciendo los destinos del país.

Es sorprendente cómo estaba ya en ese momento decreciendo la confianza en los funcionarios públicos y aumentando la cólera por el mal desempeño presidencial. “Este chamaco baboso va a hundir al país, hay que obligarlo a que renuncie”, eran las voces más recurrentes en las personas que llegaban afiliarse a MORENA.

Ya para irnos, la abuela se dio cuenta que no éramos personas al servicio de Nora Arias, la jefa delegacional de la GAM. No estábamos para cobrarle el derecho de piso, como al principio supuso la señora. No éramos los trúhanes que ella suponía.

 

Imagen ilustrativa (Foto en elpulsolaboral.com.mx).

 

“Los que vendemos en la calle ya estamos hartos de estos funcionarios ladrones. Ya me traen de encargo. Cuando no les pago porque no vendí nada, me amenazan y nos sacan fotografías a mi nieto y a mí”; fueron las quejas más señaladas de la señora.

Casi a las cinco de la tarde del aquel 3 de febrero, la abuela de Efrén nos dijo con tranquilidad: “dispensen mi desconfianza, pero pensé que podían ser roba chicos, o secuestradores, y que por eso le sacaban fotos a mi nieto. En Chalma ya no vivimos en paz, se roban a los niños, piden dinero por su libertad y cuando no pagan el rescate, los matan. Vivimos un grave problema, señores”.

Terminamos acongojados por esta terrible situación que está ocurriendo en el estado de México y en el país.

Es verdad que los secuestros estaban creciendo y creciendo. Por eso se palpaba el creciente encabronamiento de los ciudadanos contra el gobierno federal priista. Eso explicaba que se estuvieran afiliando a Morena. Veían en este nuevo partido la esperanza de México.

A las cinco de la tarde, la Doña, su nieto y nosotros levantamos nuestros enseres y nos fuimos con rumbos distintos.

Los tres concluimos que la vida de la abuela y de Efrén, era una historia que dolía.

 

Es activista social en Ciudad de México. Comunista, analista político y articulista. Forma parte de la línea congruente y crítica del Partido Morena.

Ensenada, B.C., México, domingo 7 de febrero del 2022.

 


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