Desde afuera sabe mejor pero… ¿Quién mira la ventana?

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Es natural que un menor admire a sus mayores. Lo hace, además de por agradecimiento por el calor brindado, con un poco de desconocimiento del cómo o por qué están ahí; simplemente se les observa grandes y dignos de respeto. Se valoran los actos de cariño y se presumen sus gracias, justo como lo hacen los mismos padres. “Papá es muy fuerte”, “mi mamá es la mejor”. Unas excelentes reseñas sin conocer el currículo.

Cristian Vázquez González*

Hay ciudadanos que se visten con la camiseta de papás al momento de levantar su brazo derecho y tomar protesta, en el instante en que son “elevados” a “funcionarios públicos”. Asumen una responsabilidad que los distingue y ante la cual recibirán no sólo un pago económico, sino también el respaldo de los sectores a los que servirá, siempre y cuando los apoye el “Sr. Secretario”, “el Lic. Delegado” o el “Sr. Dir.”

Cada tres o seis años hay sorpresas en todos los niveles, en todas las dependencias y estados, “hasta en las mejores familias”. Personas que van de una oficina completamente diferente a otra, que asumen labores de sectores específicos, de los cuales les toman, cuando menos, dos años conocer un poco. Y su periodo dura tres o seis.

En este sentido, la inexperiencia de la que hablamos anteriormente, es un hilo delgado que se rompe sobre el terreno de los recursos públicos, esos que son financiados con las alzas a impuestos y la disciplina del informe anual de adultos y jóvenes afiliados.

En muchos sentidos, la política no es un negocio seguro (para todos). Pero no deja de ser un negocio que reditúa a unos cuantos; casi siempre, a aquellos a los que no fue del todo insegura dicha inversión de tiempo desde un principio. Que tenían más que ganar que perder.

La del político es una carrera difícil y admirable, en algunos casos, pero cuya tarea no es conocer de las funciones en las que se desempeñará, sino ser capaces de estar listos para llegar a ellas.

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Hace poco un conocido me habló de las notorias habilidades de un Secretario del gabinete presidencial. “Es uno  de los mejores operadores de la historia del partido”, y ni cómo alegarle. Me quedé con muchas ganas de discutir un poco más sobre qué siguió después de haber logrado “operar” las  necesidades de aquella “reforma”.  Qué tanto sabía de lo que “operaba”. El principal contraargumento es que en aquellas esferas se requiere de las habilidades suficientes para las gestiones; al final, están los asesores suficientes.

Para un joven que quiere trascender en la política desde abajo, es un reto muy complicado ser capaz de prepararse de la mejor manera y, al mismo tiempo, abrirse camino entre miles de personas de su edad con aspiraciones similares. Ejemplos de estudiantes negociando sus calificaciones después de una campaña, abundan semestre tras semestre. Dinero invertido y reuniones. Se requieren de muchas capacidades, influencias, cafés y tiempo para poder ir escalando. Si es que no caes o te jalan antes.

La experiencia en el sector privado es muy diferente a la del sector público. En alguna ocasión me platicó mi padre que, a sus treinta años y motivado por un par de trienios en posiciones importantes de la administración pública y algún contacto en la empresa, solicitó trabajo en el departamento jurídico de la que en aquellos años era la aerolínea más grande del país. La respuesta la recuerda y menciona cada que tiene oportunidad: Aunque buscaban un perfil joven como él y, por más años de labor jurídica y administrativa que tuviera, el jefe de personal de la aerolínea fue muy claro: “Aquí los requerimientos y dificultades pueden ser mayores”. “Necesitamos gente con experiencia en la vida real”.

Es cierto, no podemos comparar la administración pública con el quehacer privado, aunque tampoco colocar a uno sobre otro. Cada trabajo tiene sus propios requerimientos, que en el caso de una aerolínea eran muy particulares.

Líderes sociales, emprendedores, profesionistas, promotores culturales, defensores de causas justas, gestores de recursos, personas que han dedicado su tiempo a ir adquiriendo las experiencias suficientes que sin duda pueden aportar mucho a la gestiones de un gobierno, incluso para beneficio particular de un partido, pero sobre todo para beneficio de la comunidad, suelen terminar lejanos de la posibilidad de ser los gestores del camino de nuestro país.

El debate suele ser si un ciudadano sin experiencia en un partido político, sin una Licenciatura en Administración Pública o sin cargos anteriores de oficinas gubernamentales, puede cumplir determinadas funciones. La experiencia nos dice que sí, y la lógica misma.

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La postura opuesta es clara. Las recompensas al esfuerzo en campaña y al tan mentado concepto de “fidelidad” o “lealtad”, suelen priorizarse ante la necesidad de perfiles adecuados en puestos oportunos. Cuando una campaña está basada en  el impacto mediático y  la posición de una imagen (derroche de recursos antes que de ideas), las personas idóneas para generar votos no lo son para asumir un cargo. Pero las adaptamos, ni modo.

Algo que no hay que descartar es que todo gobernante necesita empleados de confianza en su primera línea. Gente que lo haya seguido y que vaya a responder al momento de tomar una decisión, que le permita asumir, en esta “democracia del elegido”, determinaciones importantes en su cargo.

El punto es lo que ocurre dentro de un contexto de impacto social. Mirar desde arriba es importante; un líder sin visión no va a ningún lado, pero un líder sin un equipo que conozca el camino, puede perder la visión fácilmente. Y de gobiernos ciegos estamos llenos.

Temas como éste  surgen en debates y charlas una y otra vez a lo largo de los años y en casi todas las democracias, así de que quizá esté de más llevarlo  la mesa. Pero al final, siendo esta serie de textos una invitación a reflexionar sobre la situación de los jóvenes, no podemos dejar de destacar ni olvidar que, teniendo dependencias que incluyen entre sus objetivos la atención y resolución de sus necesidades, seguimos hundidos en una desatención a la realidad sistemática de una juventud relegada. Se han dedicado a construir castillos en el aire, como simulaciones de trabajo. Salen bastante caros los perfiles que asumen estos cargos.

Un aspecto factible (aunque con varias implicaciones) sería la apertura de ciertos puestos a través de convocatorias, donde los jurados sean los miembros de partidos y, de preferencia, la sociedad en general (aunque ya sería demasiada belleza). Y claro, puede ocurrir que se otorguen también criterios de evaluación a la experiencia (o al menos al conocimiento) de temas afines al quehacer político, pero que se privilegie, sobre todo, el trabajo de campo. Convocatorias similares ocurren en ciertas dependencias específicas, como las de deporte; aunque suelen ser las menos.

Es cierto, formar parte de una estructura gubernamental no es fácil: Es encasillarse en funciones específicas, perder la libertad, remar a favor o en contra de un sistema. Las decisiones pueden venir de dicho sistema, pero los cambios se generan en función de los pasos que da la sociedad civil. Construir siempre se hace de afuera hacia adentro. Aunque cuando el recurso sale desde adentro, también hace falta gente que sepa mirar por la ventana.

cristian-vazquez* Texto inédito del virtual regidor independiente y que se publicará en un libro que el joven escritor, político, promotor cultural y activista presentará en el evento “Libro Fest de Ensenada”, el viernes 5 de noviembre a las 16.00 horas.


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