Danzar hasta que llueva: UABC, la más silenciosa y privatizada de las universidades públicas.

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Todo el que conoce a la UABC sabe que aquí impera una “Omertá”, esa Ley del Silencio de las mafias italianas, según la novelas de Mario Puzo. Aquí nadie hace públicos sus pensamientos. Los habitantes de la máxima casa de estudios superiores de Baja California estamos habituados a vivir un silencio casi sepulcral. Por eso, salvo unas cuantas voces aisladas, nadie ha dado la cara en apoyo al digno reclamo público del rector Juan Manuel Ocegueda.

Daniel Solorio Ramírez* / A los 4 Vientos

Ese ominoso silencio tiene una explicación: no hemos desarrollado ni comunidad universitaria, ni sentido de la identidad, ni mucho menos sentido de la justicia básica. Por eso el reclamo público del rector (que exige al gobierno de Fracisco Vega de Lamadrid el pago de casi 480 millones de pesos que adeuda a la UABC) ha caído en el vacío.

Hay quienes dicen creer que el digno reclamo del rector Ocegueda no es real, sino una mascarada, una complicidad; que hay valores entendidos con el gobernador Kiko Vega; que detrás está la manita manipuladora de los mungarayistas, pero esa peregrina interpretación no tiene sentido. Ese modo abierto de plantear los asuntos de UABC, no es el modo de operar de Alejandro Mungaray. Por eso yo prefiero asumir que el rector Ocegueda ha decidido tomar la rienda por sí mismo, y que necesita el apoyo de los universitarios. Es lo mejor que podría pasarle a nuestra casa de estudios superiores.

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En la toma de protesta del rector Juan Manuel Ocegueda, el gobernador Francisco Vega Lamadrid prometió, como discursivamente lo ha dicho en múltiples ocasiones, que su gobierno apoyaría la educación superior en el estado. A la fecha su gobierno adeuda 480 millones de pesos a la UABC y no se han incrementado los subsidios a la Máxima Casa de Estudios desde que asumió el gobierno del estado.

Son muchos los millones de pesos impagados por el gobierno del Estado, y muchas las necesidades insatisfechas al interior de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), pero ninguno de los más de 50 directores de unidades académicas ha dicho esta boca es mía en apoyo al rector porque éste no se los ha ordenado. El presidente del Patronato sólo hizo una silenciosa presencia. La Junta de Gobierno ha permanecido lejana y también silenciosa. Todos los ex-rectores cobran puntualmente su pensión vitalicia, pero también guardan silencio. De los profesores y estudiantes ni hablar. Los pocos más o menos informados asumen que el asunto no les incumbe.

Por excepción las voces de profesores y estudiantes llegan a escucharse, pero siempre a través de representantes que ellos jamás eligieron. Todos firmarán grandes desplegados que publicarán todos los medios, pero sólo si el rector así lo ordena bajo su más estricta responsabilidad. Así es la UABC, luego de varias décadas de autoritarismo y antidemocracia. La energía de miles de universitarios dormita, sofocada por una larga tradición represora. Si el rector gobierna bien o mal, igual será aplaudido en los actos oficiales, pero nadie le apoyará en momentos difíciles. Nuestros rectores son solitarios en palacio.

El problema, de fondo político por supuesto, es que no hemos formado comunidad universitaria; ésta sólo existe en los discursos grandilocuentes de nuestra autoridades.

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Son 50 los directores de escuelas de la UABC que permanecen con “la boca cerrada” frente a la exigencia del rector Ocegueda de que el Gobierno del estado pague la multimillonaria y creciente deuda que tiene con la Universidad.

Salvo la nómina que esa sí nos une a todos, no tenemos más intereses comunes.

Los de Derecho nada sabemos de los de Contabilidad, Ingeniería, Arquitectura, Medicina o enfermería, y mucho menos de los investigadores de Ciencias Marinas o Educativas. Desconocemos totalmente lo que ocurre allende los mares, en Tijuana o Ensenada. Sabemos que hasta allá se extiende la UABC, pero nada más.

La Gaceta Universitaria, que podría intercomunicarnos, sólo publica notas y fotografías que salen de las esferas del poder universitario. Su enorme y costoso tiraje (30,000 ejemplares quincenales) se va muy pronto a la basura. Otra cosa sería si todo universitario pudiera publicar ahí su pensamiento libre. Radio Universidad y la Televisión Universitaria tampoco forman comunidad porque no gozan de libertad de expresión. No están al servicio de los universitarios sino del gobierno de UABC. Las tres, la Gaceta, la Radio y la Televisión Universitaria suelen ser muy aburridas. Así no formamos comunidad.

Casi a la mitad de su cuatrienio el rector Juan Manuel Ocegueda ya pudo advertir, sin duda, que nuestra desvencijada Junta de Gobierno le entregó una oficina grande y muchos privilegios, sí, pero no una comunidad universitaria con la cual gobernar la enseñanza, investigación y difusión de la cultura.

La gente con quien puede contar el rector Ocegueda es muy poca. Los rectores que le antecedieron, no supieron, ni quisieron, ni permitieron la formación de intereses comunes entre estudiantes, profesores, investigadores y administrativos, que así, viven aislados, carentes de toda huella de solidaridad.

Los rectores siempre supieron que intercomunicar es formar comunidad y por eso también aislaron a las dirigencias sindicales. También ellas publicarán planas de apoyo al rector, pero sólo si éste lo ordena. Nunca por cuenta propia.

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La nómina y la cabeza dura del borrego Cimarrón, nuestros mayores factores de unidad en la UABC: Daniel Solorio

Décadas de autoritarismo, multiplicado en años recientes, nos convirtieron en un conglomerado de personas atemorizadas, desconfiadas y carentes de intereses comunes. Nuestra mayor fuente de identidad es, además de la nómina, la dura cabeza del borrego cimarrón. Nada de ideas circulantes, ni de intereses comunes, ni de debates entre gente pensante. El aislamiento de los universitarios es un problema.

Hoy la UABC necesita que su rector reciba el apoyo de su comunidad, pero muy pocos, sólo algunos estudiantes limpios y uno que otro despistado profesor le apoyamos abiertamente, sin necesidad de que él lo ordene. Ese apoyo es real, honesto y limpio; no por Juan Manuel Ocegueda, sino por la UABC, que a pesar de los pesares es la mejor institución educativa de Baja California. Pero también será por el rector en cuanto haya convicción plena de que ha tomado la rienda por cuenta propia, en nombre de la autonomía universitaria.

A mi juicio si el rector hace un llamado a los universitarios podría dar un primer pasito para formar comunidad universitaria y descubrir cosas que hoy no puede imaginar. Hoy los universitarios estamos alejados de toda política institucional. Pero eso no es para siempre. Nada es para siempre.

DANIEL SOLORIO RAMIREZ


Daniel Solorio Ramírez. Maestro en Derecho Público. Ex Magistrado Presidente de la Segunda Sala del Tribunal de Justicia Electoral del Estado de Baja California. Profesor de la UABC.


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2 comentarios en "Danzar hasta que llueva: UABC, la más silenciosa y privatizada de las universidades públicas."

  1. Roman Ramos un dice:

    Valla hasta que alguien imbuido en el tema hablo las cosas cómo son y como están y no precisamente como deberían dde ser y estar

  2. Miguel Nuño dice:

    Cuando agoten todos los recursos de petición y no tengan otra salida más que salir a la calle a manifestarse hagan un llamado a la comunidad ahí estaremos….

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