Crónica de una santa: Ilegala, nuestra migrante canonizada

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Basado en un poema de Sor Juana Inés de la Cruz, Ilegala es un monólogo que proyecta a un personaje polifacético y fuerte, una mujer cuya esencia es romper fronteras, cruzar límites, alcanzar lo inalcanzable.

Iván Gutiérrez / A los 4 Vientos

Una panza tatuada con una pirámide y una flor, adentro el cargamento de droga que debe llevarse al otro lado. “Si necesita ayuda empuje el botón rojo. Elementos de rescate llegarán pronto. Quédese aquí”, es la respuesta que el destino desolado le ha deparado a la migrante que sintetiza las situaciones que miles de mujeres viven en la frontera y en Latinoamérica.

Con morral rosado, paliacate negro, alucinaciones de sobra y un costal embellecido con la figura de la Virgen de Juquila, la migrante que hoy se desplaza por el escenario de Libromar sabe todo menos cómo conseguir que los santos escuchen su solicitud de ayuda. Atrapada en el desierto, la “mula” busca en su tableta con Internet cualquier información que le ayude a salir de su abandono.

“A todo se acostumbra uno, menos a no comer…”, comenta la panzona. Con un diálogo veloz la Ilegala precisa la descripción exacta del Itacate y su origen para luego inundar la estancia con una interpretación de rap sobre la gastronomía mexicana, ¡conocedora profunda de la garnacha, el taco y la grasa!

Imágenes dramáticas y dolorosas saltan entremezcladas con humor en el monólogo de la migrante, inclinando la balanza del tiempo que se expande cuando se cruza la frontera: “A veces se me figura que cada pollero es como Moises, por eso de cruzar el desierto… Con dinero todo se puede, hasta cruzar el otro lado, ya sea empaquetado, debajo de la tierra como topo, nadando, aunque a pie es la forma más barata…”.

El papel que encarna Laura Castanedo es descrito por la autora de la obra como una epifanía de la mujer mexicana-por tradición y de la mujer universal-por antonomasia: “¿Dónde está el diablo en este purgatorio? Tanto tienes, tanto vales…”. Gritos encarnizados contra el rey de las tinieblas, sacando en el proceso las penas que desangran a quien busca alcanzar la tierra del primer mundo con la ayuda de los santos.

Ilegala, como la mula que es, lleva la carga más pesada en su barriga. Se ha tragado la droga, que ahora quiere salir a como dé lugar: el dolor, insoportable; la locura, ventana a figuras femeninas históricas. Entre sus pertenencias, una bolsa llena de santos que arrastra por el desierto y a los que les implora ayuda.

Condenada por ser mujer y migrante, los comentarios irónicos de Ilegala van cargados de una crítica contra un país que no perdona a su condición de mujer: “Al final y al cabo la miseria duele más, esa la trae una bien clavada… El alma se me arranca del cuerpo, ya quiere echar el vuelo. Total, una muerta más a quien le importa. Y si no que le preguntan a Juárez… ¿Para qué crecí? Tan feliz que era yo en el campo, escapándome en las noches por ahí…”.

La tragedia irreverente, un personaje atravesado por el dolor de una vida pesada, asfixiada, que entre tanta pena y culpa todavía tiene palabras para reírse de sí misma. Una reflexión moral invade las líneas de la Ilegala: “¿Quién se siente libre de culpa? ¿Quién se atreve a tirar la primera piedra? El placer, eso es de un rato, luego sólo queda el dolor, la culpa y el arrepentimiento. ¿Es de los arrepentido el mundo de los cielos?”, le pregunta la mujer desgraciada a Juan Soldado, Jesús Malverde, Juana de Arco y los demás compañeros celestiales que viajan en el costal.

En el delirio de la migrante surge la propuesta imposible: ¡la auto-canonización de Ilegala, el ícono divino de las mujeres miserables, abusadas, discriminadas, embarazadas por la necesidad de migrar aunque sea con droga en su panza!

“Ya licencia a la muerte doy, ya entrego el alma”, dice la mujer del desierto, quien poseída por el ánima de Sor Juana Inés de la Cruz recita “Este que ves, engaño colorido”. La décima musa es proyectada en el centro del escenario: “¡Santa patrona de monedero, Santa Sor Juana, Santa de los desesperados, endeudados, insolentes, arruinados, háblame!”, proclama Ilegala.

Un diálogo sin cordura bajo los rayos del sol con la mujer cuyo rostro acompaña los billetes de doscientos pesos, abundantes en la soledad y el calor que abruman a la migrante desamparada: “¡Inés, a ti te estoy hablando, por ti y sólo por ti estoy en este estado, dime si no fueron estos billetes los que me encandilaron! ¿Cómo iba a renunciar yo a esos ojitos? ¿Ésta es la inmortalidad? ¡Puros engaños, muy coloridos, muy verdes, pero engaños!”.

La Ilegala no pierda la esperanza, ante la nula respuesta de los santos decide retomar el vuelo, ahora bajo un aura celestial: “¡Yo soy mi propio santo, escúchenme todos, yo soy la Ilegala, la que está fuera de la ley, indocumentada, mi dominio es este campo minado que soy yo misma, aquí estoy yo, este es mi credo, santo y seña juntas, y me declara, santa!”.

 

DETRÁS DE LA SANTA MIGRANTE: ENTREVISTA CON LAURA CASTANEDO

4vientos conversó con Laura Castanedo, actriz con amplia trayectoria teatral en Baja California y que en la celebración por los 30 años del Maestro Fernando Rojero dio vida a “La Ilegala”. 

La entrevista ha sido editada y modificada por cuestiones de espacio y claridad, tratando de repestar el sentido original de las respuestas.

 

Cuéntanos sobre tu aproximación como actriz a Ilegala

He trabajado con Virigina y Fernando desde hace muchos años. Sin embargo a mediados de la década pasada dejé de actuar un tiempo, para enfocarme en otros proyectos de poesía y escenografía. En el 2010 hubo un festival en la Habana, de nombre “Óyeme con los ojos”, sobre Sor Juana Inés de la Cruz, al que Virginia manda Ilegala y se publica como parte de una antología

A mí me encantaba la obra, ya la había leído. Un día que estuvieron en Tecate para presentar “Poemas de Amor y una canción desesperada” me dijeron “oye, ya es tiempo de que vuelvas al teatro…”. Les dije entonces que haría una lectura en voz alta, y según se sintieran ellos y yo veíamos; desde el primer momento en que inicié la lectura me invadió el personaje.

Tardamos mucho tiempo para pulir el monólogo, casi nos aventamos todo el 2012, fue un proceso largo porque el personaje es muy complejo. Fernando siempre busca no caer en el costumbrismo, busca encontrar en el personaje el tono fáctico, pero sin caer en la tragicomedia. Es un personaje con muchos matices, porque dice cosas terribles pero a la vez te hace reír.

Me imagino que para Fernando fue sabroso trabajarlo porque representó un reencuentro después de muchos años. Además siempre está trabajando con jóvenes, y la mayoría de quienes tenemos más tiempo pues se han ido, están haciendo su propio trabajo.

 

¿Dónde se ha presentado el monólogo?

Estrenamos en el 2013, y desde entonces la hemos presentado en lugares como Toluca, Baja California y La Paz. También ha estado en Londres, Cuba, República Dominicana y Nueva York (donde estuvo nominada al premio de la crítica).

 

¿Qué opina de la escena teatral en Baja California?

Ahorita se están dando muchos grupos nuevos, hay bastante movimiento. Durante muchos años han estado acaparados los recursos, la parte de los apoyos oficiales y la promoción se destina a unos cuantos grupos (en especial de Mexicali). Entonces es bueno que estén surgiendo nuevos proyectos, ojalá se les dé el apoyo para que prosperen.

 

¿Qué le recomendarías a las nuevas generaciones teatrales del Maestro Rojero?

Que aprovechen. Es un privilegio trabajar con Rojero. Si por él fuera sus procesos de puesta en escena serían más largos, pero muchas veces se ve forzado por el tiempo, lo ideal sería tener más tiempo para trabajar, porque eso es lo que hace mucho más rico un espectáculo y le da más nivel. La dupla que forman Fernando y Virginia es impresionante, entonces sí les recomendaría aprovechar al máximo su experiencia.

 

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