CLANDESTINO: Aunque no hubiera infierno…

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“El camino al infierno está lleno  de buenas intenciones”,  invoca una frase muy antigua y de origen dudoso. Acaba de llegar a mis manos un libro que coordina Bernardo Barranco,  titulado: El infierno electoral; El fraude del Estado de México (2017) y las próximas elecciones de 2018. Este  proyecto editorial tiene un gran valor ya que los autores de diferentes capítulos son o han sido consejeros electorales, ya sea del Instituto Nacional Electoral o del Instituto Electoral del Estado de México y  que han actuado desde 2000 a la fecha. Actores que tienen información vivida o de primera mano que permite denunciar y analizar con autoridad, así como contar con conocimiento de causa directa de procesos electorales, en el ámbito federal o estatal. Y el autor Barranco, que sí sabe de infiernos,  ya que es reconocido como uno de los especialistas más reconocidos en temas de la Iglesia Católica, aparece en diferentes medios cada que hay alguna polémica religiosa.

Álvaro de Lachica y Bonilla/ A los 4 Vientos

“Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir.” Ese razonamiento —que le hizo Miguel de Unamuno al general José Millán-Astray en octubre de 1936, en la Universidad de Salamanca y en plena Guerra Civil española— bien se puede aplicar a muchas otras circunstancias, entre ellas a los resultados de las elecciones para gobernador del Estado de México realizadas el 4 de junio de 2017 pasado, que son precisamente el objeto de análisis de este libro. Así lo dice Lorenzo Meyer, en  el primer párrafo del prólogo que escribió el mismo.

Hace seis meses,  oficialmente Alfredo del Mazo se convirtió en gobernador del Estado de México, a pesar de la crisis de legitimidad con que llegó. Así que seguro no nos suena tan extraño un libro que habla sobre el fraude que fue esa elección, no tanto en lo legal como en los hechos. ¿Por qué teniendo las elecciones de 2018 enfrente,  es de utilidad saber lo que ocurrió en el pasado que ya no podemos modificar?

En este libro, se analiza lo que significa la encubierta mutación del aparato de gobierno en un poderoso aparato electoral; el uso indebido de los programas sociales que manipula y explota electoralmente la pobreza de millones de mexicanos; la coerción y guerra sucia contra candidatos opositores; la dispersión del voto mediante subterráneas alianzas. Así como empleo de métodos del crimen organizado para intimidar la oposición mediante acciones ilícitas del llamado terrorismo electoral.

También se aborda en El infierno electoral la indiferencia de las instituciones electorales, institutos y tribunales, tendientes a favorecer a los candidatos del poder. Toda esta galería de trapacerías, teñida de cinismo, representa el alto riesgo de una regresión autoritaria. Es el retorno a las viejas costumbres del abuso del poder. Ganar el poder no importa cómo, obtenerlo no importa con qué ni con quién. El uso de recursos económicos y logísticos ilimitados como el primer acto de corrupción electoral tolerado por las autoridades y los medios.

De la mano de expertos como Gabriel Corona, Eduardo Huchim o Santiago Nieto, el indispensable libro de Barranco no sólo especula sobre las posibles prácticas subterráneas que pudieron haber llevado al “partidazo” a conservar una entidad como el Estado de México,  sino que documenta y explica el método institucionalizado que el gobierno usa para llevar a su favorito al triunfo.

En la Introducción, escribe Barranco:

“Los comicios se han convertido en zonas de encono, guerra sucia, campañas de desprestigio y “agandalle”. El poder sin principios y los principios sin poder. Las elecciones, lejos de ser una fiesta ciudadana, han devenido una conflagración sin escrúpulos: son la antesala del averno”. Un infierno de tigres sueltos cuyos mensajes y símbolos transparentes hoy en día se yerguen por doquier.

Por esto, los que de alguna manera formamos parte de diferentes trincheras del ámbito electoral, tenemos la enorme responsabilidad para inhibir la aplicación del infierno electoral en nuestra frágil democracia. Porque, como diría el poeta Giroux: “el infierno es esperar…sin esperanza”.

 

 

 

 

 

 


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