CLANDESTINO: Acoso sexual, asunto de poder

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En las últimas semanas se han de destapado cientos de acusaciones de acoso sexual contra productores y directores de cine, entrenadores, maestros, intelectuales, artistas y hasta funcionarios de la administración pública en varios países, cómo: Estados Unidos, Reino Unido, Francia y, claro, en México también.

Álvaro de Lachica y Bonilla* / A los 4 Vientos

El escándalo del productor gringo Harvey Weinstein, ha hecho destapar la cloaca del acoso sexual en esferas ajenas al glamour de Hollywood.

Este 25 de noviembre se celebró el día contra la violencia machista que nos hace recordar que las mujeres deben tener el respaldo de toda la sociedad para arrinconar a los acosadores sexuales y promover la educación de niños y niñas en equidad.

Esta ola de denuncias de acoso parece que va en aumento; ojalá perdure para acabar con los lastimosos silencios de miles de acosos. Decisiones valientes de mujeres que están elevando su voz, que debemos apoyar con energía, rechazando preguntas machistas como estas: ¿Por qué no lo hizo antes? -si ella es mayor-, o ¿querrá hacer carrera con la denuncia? -si es joven-.

Pareciera que el acoso sexual es una cuestión de dominación y ejercicio de poder. Los comentarios, gestos e imágenes de índole sexual, sexistas o humillantes, opiniones sobre su aspecto o forma de vestir que son consideradas inocentes por la opinión pública, son en realidad manifestaciones de violencia de género.

Imagen: Portal IMITAR

Existe la creencia equivocada de que el acoso sexual es una manifestación del deseo sexual. En realidad el acoso sexual es una manera de dominar y reforzar relaciones desiguales de poder, es más fácil asumir que un abrazo del jefe es algo inocente, pero no lo es porque la mujer que lo recibe no puede negarse si está poniendo en riesgo su trabajo, ese es el problema. Estas conductas no son inocentes. Las mujeres que son acosadas por sus jefes saben que por denunciar públicamente el acoso, son inmediatamente catalogadas como indisciplinadas y conflictivas.

El prejuicio hacia una mujer que denuncia es tan dañino que si no lo desterramos, acaba poniendo bajo sospecha a una víctima de acoso. Para esta lucha por visibilizar los abusos hasta ahora silentes, se necesita construir un nuevo futuro desde la educación y la implicación de nosotros los hombres a partir desde hoy mismo. No habrá ni equidad ni igualdad de oportunidades de género sin la participación de toda la sociedad.

¿Cuántas mujeres habrán padecido insinuaciones fastidiosas, chistes soeces en el ambiente laboral, o perder contratos por no atender a tener una cena con la persona a la que se le solicita un trabajo, con el tipo sentado frente a la mujer mostrando ostentosamente su entrepierna.

¡Si hasta Donald Trump se lo hizo a Hillary Clinton cuando en uno de los debates por la presidencia el güero le resolló tras su nuca, lo que a ella le provocó asco (sic) e inseguridad!

Las conductas machistas siempre van encaminadas a reforzar los estereotipos: al hombre como cazador, un líder; a la mujer como recolectora, sensible y paciente. Los recalcitrantes machistas se mirarán los genitales para explicarlo. ¿Estas situaciones, se denuncian o se aguantan? Hasta ahora las mujeres han aguantado, pero el estallido del “stop al silencio” ya es global.

Algunos vieron así el debate entre Trump y Clinton (Imagen: Internet).

Muchos casos que conocemos de acosadores sexuales de cuello blanco, son consentidos por nuestra propia sociedad. Se trata de buenos actores, mejores políticos, excelentes profesionistas, magníficos escritores, entrenadores de élite. A veces se trata hasta de colegas a los que les toleramos y callamos sus fechorías. Al fin y al cabo son insignificancias. Argumentos infantiles pero eficaces para acallar nuestra conciencia.

No importa que en las aulas distinguidos profesores acosen a las estudiantes, las manoseen a cambio de una buena calificación. Mejor voltear hacia otro lado. Incluso algunos les festejan sus infamias y no tienen problema en sentarse a una mesa con ellos, compartir café, participar en eventos académicos aun a sabiendas de estar en presencia de auténticos depredadores sexuales. Mejor no ponerlos en evidencia ni denunciarlos. Machos alfa, seductores natos, buenos amantes, ellos mismos se califican. No sienten rechazo; al contrario, se creen inmunes. No es posible mantener esta hipocresía, a menos que nosotros seamos igual de acosadores y violadores.

No hay día en que nos enteramos que salen a la luz decenas de acosadores sexuales en serie. Todos buenas personas, excelentes amigos, con una trayectoria profesional intachable y padres de familia responsables que son salpicados por acusaciones de acoso. ¿Cuántos más habrá? ¿Cuál habrá sido el detonante para ahora sí hacer las denuncias?

¿Sera que esto responde a un mayor nivel de conciencia social, a una actitud firme de las víctimas por denunciar los hechos, la ruptura de la cadena del miedo y la repulsa social hacia los violadores?

Lentamente las mujeres toman la decisión de no callar, a pesar del estigma que supone en una sociedad machista reconocer un acoso sexual. Parece que por fin ha llegado el momento de hacer justicia. ¡Tolerancia cero contra los abusos sexuales!

* Integrante de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, Asociación Civil.


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