Black Panther y el capitalismo negro

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Black Panther es la película basada en un cómic de Marvel que ha suscitado mayor impacto sociopolítico a nivel mundial. No es la primera que presenta un superhéroe negro y está basada en movimientos antirracistas, pero ha causado mayor impacto por la coyuntura socio-política americana, marcada por las tensiones raciales que han suscitado el surgimiento del movimiento Black Lives Matters, y por tratarse de una superproducción comercial vinculada al megaproyecto del universo cinematográfico de Marvel con millones de seguidores en todo el mundo.

Daniel Montañez Pico*

Considerando que ha sido producida en condiciones hollywoodienses ultra comerciales, tiene bastantes guiños a los movimientos de lucha social antirracista y antiimperialista de la población negra, incluyendo a los propios Panteras Negras de Oakland, pero también a la historia del esclavismo africano atlántico o incluso a los diferentes posicionamientos políticos dentro de los movimientos negros.

La historia del cómic (que precedió en el tiempo a los Panteras Negras) y los debates sobre si estos guiños políticos son insuficientes o adecuados, han sido ampliamente reseñados y reflexionados, pero aun quedan un par de elementos que consideramos que no han sido muy tomados en cuenta, al menos en los medios de lengua hispana.

En primer lugar hay que señalar cuáles son los movimientos y las ideas que influencian el surgimiento de este cómic de 1966. La idea de Wakanda, un reino negro libre y desarrollado en África, fue un sueño muy recurrente de los movimientos panafricanistas desde finales del siglo XIX. Marcus Garvey, activista jamaiquino por los derechos laborales de la población negra, popularizó esta idea en el Caribe y EEUU y propuso la construcción concreta de este reino, para lo que creó hasta una compañía naviera en 1919, la Black Star Line, con la que intentó cumplir el sueño del regreso de los descendientes de los esclavos a África para construir un futuro mejor alejado de la sociedad racista occidental.

Después de comprobar que el regreso de tantos millones de personas a África era complicado, surgió en los años 30 el “Movimiento nacional para el establecimiento del Estado nº 49”, que proponían la conformación de un Estado negro dentro de EEUU donde poder cumplir la utopía del desarrollo de una vida alejada del racismo. Ambos movimientos no confiaban en la posibilidad de que la sociedad blanca dejara de ser racista, por lo que proponían estas ideas que fueron tildadas de “separatistas”. El mito de un reino negro libre siguió presente, pudiendo afirmar que los mismos Panteras Negras confiaban en poder construir algo similar en los años 60, aunque en una escala más pequeña y barrial, en la ciudad de Oakland. Este mito se usa en el cómic y en la película para escenificar las dos grandes tendencias dentro de los movimientos negros en EEUU: el “separatismo” y el “asimilacionismo”.

El separatismo negro en Estados Unidos (Foto: Metrord.org)

La primera, muchas veces malentendida como “racismo inverso”, planteaba estrategias políticas autonomistas que no confiaban en la posibilidad de negociar y convivir con la población blanca. No es que fueran racistas de blancos, pero pensaban que la sociedad liderada por ellos nunca les iba a tratar de forma digna, por lo que proponían cosas como irse a África o construir autonomías internas. Desde esta tendencia se acuñó el término de “colonialismo interno”, en el cual proponían que la población negra en EEUU era tratada como una colonia interna del país, de forma que se alineaban con los movimientos de descolonización africana y caribeña que acontecían en aquellos años. Este término luego se popularizó en México a través de Pablo González Casanova y Rodolfo Stavenhagen, quienes lo usaron para analizar los problemas de la población indígena, aunque eso es otra historia.

Por otro lado, el asimilacionismo, que contó con grandes líderes como Martin Luther King, proponía una movilización social y un esfuerzo colectivo e individual para demostrar la capacidad de la población negra en los propios términos de la sociedad blanca. Desde esta perspectiva se luchó por el derecho al voto, a la educación superior, a la inmersión en el mundo empresarial, etc. Pensaban que si los negros conseguían equipararse a los blancos en sus propios términos el racismo desaparecería.

Estas dos grandes tendencias no se organizan en los términos clásicos de la política en Occidente –izquierda y derecha-. Existían posiciones de izquierda y de derecha en cada una de ellas, lo que demuestra que ese binomio no sirve para comprender de forma compleja el problema del racismo ni del colonialismo. Tanto en el cómic como en la película podemos ver escenificado este dilema. El rey T’Challa sería el representante del “separatismo”, tratando de desarrollar Wakanda de forma autónoma e incluso secreta, y Killmonger el representante del “asimilacionismo”, tratando de compartir las armas de Wakanda con el resto de población negra subyugada en el mundo para enfrentar a la sociedad blanca en una guerra abierta.

Al final no vence ninguna de las dos propuestas, sino que se unen haciendo algo así como un asimilacionismo pacífico impulsado desde la fuerza productiva de Wakanda. Esto es un claro llamado a la burguesía negra –representada por los wakandeses- para que apoyen al desarrollo de la población negra que aun sigue subyugada, así como un llamado a la sociedad blanca para que terminen de entorpecer dicho desarrollo con el racismo y las políticas colonialistas.

En segundo lugar hay que señalar el gran vacío del cómic y de la película: el ocultamiento del problema de clase. Pese a que la burguesía negra fue y es fundamental para la lucha contra el racismo, las vertientes de izquierda de ambas tendencias siempre supieron que no era suficiente la lucha contra el prejuicio racial si no iba aparejada de una lucha de clases. Estos “marxismos negros” se enfrentaban tanto al marxismo blanco que decía que el racismo no importaba como a la burguesía negra que decía que el problema no era de clase.

Ilustración: Mundo Negro

Para el marxismo negro la raza y la clase son elementos inseparables. El marxismo blanco postula que el prejuicio racial se terminará en la sociedad comunista y capitalismo negro cree que se terminará con la inclusión en igualdad de condiciones de la población negra. Para el marxismo negro ambos fallan. El marxismo blanco falla cuando vemos cómo el prejuicio racial continúa en las organizaciones obreras y los socialismos reales, que no atajan firmemente el problema del colonialismo, y el capitalismo negro falla cuando vemos cómo pese a haber presidentes negros como Obama y grandes empresarios negros a su alrededor, en las calles siguen asesinando un número similar de personas negras con total impunidad.

Existieron y existen marxistas negros de posiciones “asimilacionistas”, como C.L.R. James, George Padmore, Oliver Cox o Frantz Fanon, así como de posiciones más tendientes al “separatismo”, como Malcolm X, Stokely Carmichael, Angela Davis, Huey P. Newton o Walter Rodney. En cualquier caso, todos y todas estuvieron de acuerdo en el análisis principal: la raza y la clase son elementos inseparables.

Black Panther, el cómic y la película, es una apología del capitalismo negro en todas sus tendencias. Incluso la referencia que la película hace a Oakland -y a los Panteras Negras de forma indirecta- es muy atemperada. Los Panteras Negras no sólo hicieron programas sociales para mejorar las condiciones de la población negra en barrios degradados. Eran marxistas negros y negras, creían en un cambio revolucionario y en la abolición del racismo y el capitalismo de forma inseparable. Por eso fueron a visitar y a dejarse influenciar por la experiencia revolucionaria de China y Cuba, donde aun quedan algunas de sus principales figuras exiliadas, como es el caso de Assata Shakur, quien hasta el día de hoy es considerada por el FBI como una terrorista de alto nivel mundial.

No dudamos que el capitalismo negro ha jugado un importante papel en la lucha contra el racismo y el colonialismo y que Black Panther seguramente tendrá un impacto positivo en las generaciones más jóvenes, demostrando que la población negra no sólo no es subdesarrollada, sino que por el contrario sin la existencia del colonialismo y el racismo podría ser tan avanzada como cualquier otra, o incluso más.

Estas posturas apoyarán en hacer más interculturales nuestras sociedades, lo cual es muy importante, pero no acabarán en ningún caso con la explotación de la mayor parte de la población negra del mundo. Porque el racismo no es sólo un problema cultural.

*Licenciado en Antropología Social y Cultural por la Universidad de Granada. En la actualidad investiga temas relacionados con el pluralismo jurídico y la teoría jurídica decolonial como estudiante de maestría en Estudios Latinoamericanos en la UNAM. 


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